Seda de barcelona

Iberclear es el nombre comercial de la sociedad (perteneciente al holding de Bolsas y Mercados Españoles) que se encarga de la liquidación y compensación de valores españoles. Entre estos valores se encuentran los valores admitidos a cotización en las bolsas españolas, los valores del mercado de renta fija (AIAF), los del mercado latinoamericano denominados en euros y los valores del mercado de deuda pública en anotaciones.

Iberclear nace en Abril de 2003 con la unificación de 2 plataformas. La plataforma de Central de Anotaciones de Deuda del Banco de España (renta fija) y la plataforma de Servicio de Compensación y Liquidación de Valores (renta variable). Además de encargarse de la compensación y liquidación, también registra (mediante anotaciones en cuenta) y deposita los valores de los distintos mercados españoles.

Al ser un sistema de anotaciones en cuenta supone un gran avance para los distintos mercados financieros españoles, ya que supone un gran avance. Además de un avance supone una simplificación en el sistema de liquidación entre otras cosas porque antiguamente difería entre las acciones nominativas y las acciones al portador.

Principales funciones de Iberclear

Iberclear tiene un gran número de funciones relacionadas con el mercado bursátil. Sus principales funciones son las siguientes:

  • Llevar el registro de los valores. Éste registro se lleva a cabo mediante anotaciones en cuenta. Ésta se registra mediante una codificación única (en función del tipo de operación) de 15 dígitos.
  • Se encarga de gestionar la liquidación y en su caso la compensación de valores y/o efectivo que se derive de las operaciones ordinarias. La liquidación de los valores se realizará en el plazo de tres días hábiles desde la fecha de contratación.
  • También lleva el registro contable de algunos valores que no han sido admitidos a negociación en mercados secundarios oficiales, mercados regulados o sistemas multilaterales de compensación.
  • Prestación de servicios técnicos y operativos directamente relacionados con los de registro y liquidación de valores.
  • Cualesquiera otras funciones y/o servicios que le sean encomendadas por el gobierno español, previo informe de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y en su caso del Banco de España.

AIAF e Iberclear

AIAF

AIAF es el mercado español para la renta fija pública y privada integrado en Bolsas y Mercados Españoles (BME). Es un Mercado regulado en contraposición con los mercados «over the counter», y está sometido al control y supervisión de las autoridades en cuanto a su funcionamiento y en materia de admisión a cotización de valores y difusión de la información.

Los valores del Tesoro están integrados en el mercado de renta fija de Deuda Corporativa AIAF, que es un Mercado Secundario Oficial organizado, cuya Sociedad Rectora es AIAF Mercado de Renta Fija S.A.

Los valores del Tesoro también negocian en el mercado de Renta Fija de las bolsas españolas integrado en Bolsas y Mercados Españoles (BME). Todos los activos de renta fija admitidos a cotización en la Bolsa se negocian a través de un mercado electrónico de contratación continua, con negociación y difusión en tiempo real. El acceso a esta plataforma se realiza a través del SIBE. Los miembros de las cuatro bolsas españolas y las entidades adheridas para los valores de Deuda Pública a través de los miembros bursátiles pueden negociar en este sistema. Los miembros del mercado tienen acceso a él a través de los terminales SIBE y mediante aplicaciones externas homologadas.

Asimismo el Sistema bursátil proporciona liquidez al Servicio de Cuentas Directas del Banco de España, posibilitando las operaciones de venta de Deuda Pública a los titulares de Cuentas Directas.

Iberclear

Iberclear es el nombre comercial que utiliza el depositario central de valores español. La denominación real es “Sociedad de Gestión de los Sistemas de Registro, Compensación y Liquidación de Valores S.A. Unipersonal” y tiene un papel relevante para el correcto funcionamiento del sistema de bolsas y otros mercados.

Se constituyó en Abril de 2003 como unificación del Servicio de Compensación y Liquidación de Valores (SCLV) y la Central de Anotaciones de Deuda (CADE) del Banco de España, recogiéndose en el artículo 44 bis de la Ley 24/1988 del 28 de Julio. Vamos a ver la posición que ocupa dentro del esquema de mercados con el siguiente cuadro:

Sus principales funciones afectan a la bolsa pero como vemos en el cuadro también a la deuda pública (supervisada por el Banco de España) y corporativa (CNMV). Fuera de su campo de acción queda el mercado de futuros y opciones, pues está en manos del Meff Clear pero sobre el resto tiene el siguiente cometido:

  • Llevar el registro contable de los valores representados por medio de anotaciones en cuenta, admitidos a negociación en las bolsas, el mercado de deuda pública y otros mercados secundarios cuando sus órganos rectores lo soliciten.
  • Gestionar la liquidación y, en su caso, la compensación de valores y efectivo derivada de las operaciones ordinarias.
  • Prestar servicios técnicos y operativos directamente relacionados con el registro, compensación y liquidación de valores.

Conocer este sistema no es realmente importante a la hora de invertir en bolsa pero conocer su existencia puede ayudarnos a comprender algunas referencias técnicas o manuales sobre la bolsa por lo que creo que con estas indicaciones conocemos suficientemente la organización y sus funciones. Por otro lado siempre es interesante conocer parte de la historia de la bolsa que en el año 2003 dio un paso más con la creación de este organismo.

Germán Udiz

Grudiz (Germán Udiz) es divulgador, analista y máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration. Actualmente Administrador de Visión Veterinaria. Autor de «La historia de nuestra EGOnomía», «Manual de Dirección Comercial y Marketing» y «Aprendiendo bolsa desde cero»

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) suspendió de cotización a la Seda de Barcelona, una compañía histórica del parqué español el año pasado, igual que hizo con las acciones de la inmobiliaria Fergo Aisa. Como ellas, en el parqué español hay otra docena de empresas cotizadas, cuyas acciones fueron suspendidas de negociación por el supervisor en algún momento y desde entonces llevan paradas de cotización. Martinsa Fadesa, la inmobiliaria que protagonizó la mayor suspensión de pagos hasta entonces tiene sus títulos congelados desde 2008, momento en el que entró en concurso de acreedores. Seis años en los que sus accionistas no han podido ni comprar ni vender en Bolsa los títulos de la compañía y una vez superado el concurso, trata ahora de evitar la liquidación. El próximo 26 de junio celebra junta de accionistas.

Lo mismo le ocurre a accionistas de compañías más pequeñas como Nyse Inbesós, Sniace o Vértice 360. “La mayoría de estas empresas se encuentra en situación concursal o saliendo de ellas”, explican fuentes de mercado. Pescanova es una de las últimas en sumarse a este grupo. Sin embargo, en el caso de la compañía de pescados congelados, las cosas han ido más rápidas. La compañía ha conseguido salir del concurso en apenas tres meses. Sin embargo, sus títulos siguen congelados.

Entonces, qué posibilidades deja a estos accionistas que tienen pillados sus ahorros.

Tener claras las razones de la suspensión. En todos los casos se trata de compañías que han cotizado en Bolsa. Se trata de empresas cuya cotización ha sido suspendida para evitar situaciones que alteren el mercado y que perjudiquen al pequeño inversor, situaciones concursales, etc. Hay supuestos en que la suspensión de la cotización es muy breve, y en otros hay sociedades que llevan años con la acción suspendida de cotización. También están los títulos que han sido excluídos definitivamente de cotización. En este caso son empresas que, por voluntad propia han dado el paso de salir de la Bolsa, lanzando una OPA de exclusión, y que haya accionistas que se hayan quedado sin acudir a la misma.

Buscar comprador. Cuando se dice que una acción está suspendida de cotización siginifica que no se puede comprar ni vender en Bolsa. Cuando se dice que una acción está suspendida de cotización significa que no podremos acudir a la Bolsa para ello. Hay una vía que implica poder vender esas acciones a un tercero. Para ello, hay que recurrir a un intermediario bursátil y el precio al que se pueden vender esas acciones tambien se pacta. Para llevarlo a cabo cada una de las partes se pondrá en contacto con su banco, agente o sociedad de valores, indicándoles el deseo de llevar a cabo dicha operación, y ellos se encargarán de todo, cobrando las correspondientes comisiones. Incluso es posible que les podamos encargar la búsqueda de ese comprador.

Es una salida que puede tener cierto uso en las suspensiones, especialmente las de no largo plazo, en las que queremos hacer líquida nuestra posición, si bien tiene limitaciones, especialmente el encontrar esa contraparte y el poder acordar un precio que sea satisfactorio para las dos partes.

Quedarse como está y esperar a que se levante. En muchos casos, los expertros creen que hay que esperar a que las acciones sean levantadas de cotización. El problema es que esta situación se puede alargar con el tiempo con los correspondientes gastos y sin recuperar la inversión.

Cómo evitar los gastos de custodia. Mientras que las acciones se tienen en poder y a pesar de que no coticen en Bolsa, el accionista tiene que hacer frente a los gastos de custodia. Es la comisión que cobran las entidades financieras por mantener acciones en cartera. La comisión por custodia se devenga por la posición de valores y por la entrada de títulos nuevos. Puede cobrarse mensual, trimestral, semestral o anualmente. Actualmente, hay muchas entidades que no la cobran como es el caso de Ahorro Corporación. En principio, mientras las acciones sigan representadas como anotaciones en cuenta, el depositario seguirá cobrando comisiones. Existe un supuesto en que la CNMV permite que no se cobren dichas comisiones, a solicitud del cliente. Y es cuando se trata de sociedades inactivas, es decir, aquellas que llevan más de cuatro años sin practicar ningún asiento en el Registro Mercantil. En este caso, si somos accionistas de una sociedad inactiva podemos renunciar a la titularidad de las mismas, solicitándoselo a nuestro depositario, acreditando con los certificados del Registro mercantil tal situación así como nuestra voluntad inequívoca al respecto, y con ello procederá a la baja de nuestra titularidad ante Iberclear.

El camino seguido por la inmobiliaria Cisa fue parecido, dejando de cotizar en febrero de 2012. Otras compañías estuvieron a punto de ser liquidadas pero que lograron salir a flote después de un tiempo sin cotizar. Este fue el caso de Banesto en los tiempos de la intervención por parte del Banco de España hace más de 20 años. Desde 2013, las acciones de la entidad financiera no cotizan en Bolsa pero por diferentes motivos. El grupo Santander decidió absorver Banesto y lanzar una opa para excluirlo del mercado. Este caso es diferente de los anteriores porque los pequeños inversores pudieron acudir a la opa y deshacerse de sus acciones aunque al precio ofertado por Santander.

08 de febrero de 2014 (19:24 CET)

Juan López (nombre ficticio) decidió hace casi nueve años invertir 10.000 euros en acciones de La Seda de Barcelona. La experiencia en la bolsa de este madrileño es limitada. Relata que apostó por la química catalana “de rebote”, por la recomendación de un amigo suyo que también compró títulos del grupo. Su cotización está suspendida desde el pasado 17 de junio, casi un mes antes de que entrara en concurso de acreedores.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) retiró de forma cautelar el valor del parqué cuando el papel se pagaba a 0,729 euros. Lejos de los 214 euros con los que cerró 2005, cuando López entró en la compañía, o los 391,5 con los que arrancaba el año 2000. “Ellos son los verdaderos perdedores en la historia de La Seda”, asegura un empresario que vivió de cerca los vaivenes de la compañía hace años. Tanto por la depreciación del valor como porque en el proceso concursal lo más probable es que no acaben cobrando, añade.

La Seda de Barcelona se ha quedado a las puertas de convertirse en una compañía centenaria. La apertura de la fase de liquidación de la holding hace una semana implica un punto y aparte en la historia del grupo. “Ya no será igual como la hemos conocido”, lamenta uno de sus empleados.
Negocio químico
El negocio químico es el que más ha sufrido. También es el que menos interesaba a la dirección de la compañía, encabezada hasta hace pocos días por Carlos Moreira (BA Vidro). Los empresarios portugueses nunca han escondido que su verdadero interés en La Seda está en la división de embalaje.
Casi medio año después de que decretaran el concurso voluntario de acreedores, de las siete plantas dedicadas a la fabricación de plástico PET o derivados que el grupo tenía en todo el mundo, sólo quedan tres en marcha. Las dos catalanas (la sede de El Part del Llobregat y la factoría de Tarragona) y el centro de Turquía. La fábrica de Balaguer (Lleida), ha estado parada hasta que la empresa catalana Marketing Mix tomó su control a finales de enero por orden del juez, aseguran los mismos interlocutores.
Embalaje
La división de embalaje, denominada Appe, es harina de otro costal. La actividad en todas las fábricas se mantiene de forma habitual y ni Moreira ni el administrador concursal, Forest Partners, han solicitado la apertura de la fase de liquidación.
“No hay ninguna prisa a que se concluya”, aseguran fuentes conocedoras del proceso judicial. La partida de ajedrez entre Moreira y BA Vidro por un lado y el fondo Anchorage junto a la banca acreedora por otro, continúa.
Pulso entre las partes
¿Llegarán a un acuerdo? Se ha dado por sentado el pacto entre las partes en dos ocasiones. En abril y hace aproximadamente un mes. Fuentes cercanas al grupo estadounidense afirman que se sienten decepcionados por no poder llegar, por segunda ocasión, a una solución de consenso con el accionista a pesar de las múltiples propuestas que ha hecho llegar al grupo portugués.

El sector químico catalán (3): la batalla mercantil en La Seda

31.03.2019 00:00 h. 12 min

La Seda de Barcelona, la empresa que fue símbolo de la industrialización en la comarca del Baix Llobregat y que llegó a tener 25.000 empleados, empezó a salir de su larga crisis el día de 1998 en que Juan Abelló, presidente de Ibersuizas, entró en su accionariado. Su compleja arqueología industrial mantenía intactas las capacidades productivas. El esqueleto arqueológico de sus activos industriales, hechos de enormes contenedores de polímeros, mantenía su estructura, la misma que se salvó de las bombas de la Legión Cóndor durante la Guerra Civil, pese a estar en una zona roja señalada por los Messerschmitt alemanes.

Al filo del año 2000, la compañía proyectó su segundo gran rescate de la mano de dos nuevos accionistas: José Manuel Lara Bosch, presidente de Planeta, y Enric Masó, el exalcalde de Barcelona que había gestionado sus negocios internacionales desde Mónaco. Lara diversificaba a partir del control absoluto de la cabecera de Planeta y del germen del actual grupo Atresmedia, mientras que Masó regresaba a casa dispuesto a tomar parte en una nueva aventura industrial. Unos años antes, la intervención de la Generalitat había dado paso a un nuevo comienzo, el desembarco de un nuevo equipo de gestión con Rafael Español de presidente y un consejo de administración en el que figuraban directivos afines a las administraciones central y autonómica, como Carles Vilarrubí, Jordi Vilajoana, el exministro de Industria Joan Majó y el mismo Artur Mas, el expresidente de la Generalitat, que atravesaba una momento de paréntesis político.

La Seda había dejado de ser una empresa de fibras para convertirse en un holding químico del que colgaban filiales como Hispano Química, Poliseda, Viscoseda y otras que con los años han ido cerrándose o vendiéndose. Cuando Juan Abelló tomó una participación del 30% en Catalana de Polímeros, la división dedicada al poliéster, la compañía iniciaba al fin un camino de éxito. En esta filial, llamada a convertirse en el motor de la reconversión química, el grupo nombró de consejero a Jordi Pujol Ferrusola.

Poco después, la operación Lara-Masó estaba llamada a ser la segunda salvación del grupo. Pero, mientras avanzaban los preparativos de la llegada que iba a fortalecer el capital de la compañía, falleció Enric Masó, tras cumplir los 85 años. El exalcalde de la Transición, un ingeniero industrial con una enorme vocación por las matemáticas, era un cazador bajista. Su trayectoria, marcada por el éxito en los negocios, estaba fundamentada en su capacidad de anticipación a la hora de adquirir piezas con futuro. Y justamente este era el caso de La Seda, que una vez estructuradas sus deudas con la Seguridad Social y Hacienda, pasaba a convertirse en una pieza codiciada. Así despertó el interés de Masó, el entonces presidente da la cadena hotelera Trusthouse Forte, propietaria del Palace de Madrid, el hotel que lleva escrita en sus salones y habitaciones la historia reciente de España.

Masó hizo de Pigmalión de los altos mandos militares el día que Tejero entró en las Cortes de la Carrera de San Jerónimo frente al establecimiento turístico. También tuvo que dirimir sus diferencias con su principal competidor y antiguo socio, José María Bosch Aymerich, el arquitecto de las bases militares norteamericanas y gestor de Planning Research Corporation, responsable de levantar las ciudades petrolíferas del Golfo Pérsico. Todavía entonces, la larga sombra de Masó se alargaba y desparramaba en varios sectores. Era el brazo industrial e inmobiliario de la penetración en España de George Soros y se comprometió a encontrar nichos de mercado para el plástico de La Seda. Pero su desaparición frenó el impulso estratégico que necesitaba la compañía.

Mucho antes, al comienzo de la última década del siglo pasado, La Seda de Barcelona producía fibras artificiales de poliéster, rayón y poliamida, bajo el mando de su socio mayoritario, la holandesa Akzo. El capital de la compañía contabilizaba todavía las participaciones bancarias del pasado, que habían estado en manos de los Hispano, Urquijo, Central y Banesto. Estos últimos dejaron de ser socios para convertirse en acreedores, en el momento en que se conocieron las altas pérdidas del ejercicio correspondiente al año 1990 y la enorme deuda financiera de la sociedad. El balance y las cuentas de resultados de la emblemática empresa de El Prat de Llobregat, con una plantilla superior a los 3.000 empleados, pero muy memada por los cierres parciales, ofrecía pistas inequívocas de un final de etapa o de una liquidación definitiva. En los primeros meses de 1991, la caída del dólar deterioró las exportaciones de La Seda, que suponían casi el 90% de su facturación de entonces; y, paralelamente, el derrumbe del sector textil se convirtió en su enemigo interior, al interrumpir las compras nacionales de hilo de poliéster.

La suerte estaba echada. A las puertas del proceso concursal, el 11 de julio de 1991, la multinacional Akzo ofreció su participación (el 57,5%) a los bancos acreedores por el precio simbólico de una peseta por acción. Las entidades rechazaron la oferta, siguiendo la línea de abandonar el barco, emprendida meses antes por el abogado y ex presidente del Gobierno, Leopoldo Colvo Sotelo, representante del Banco Urquijo, en el consejo de administración de La Seda. Akzo decidió abandonar de la noche a la mañana y olvidar sus compromisos con la deuda financiera contraída por la empresa y con la comunidad en la que estaba implantada. Antes de su definitiva huida, la multinacional holandesa recibió una oferta de un grupo de empresarios y abogados catalanes que proponían hacerse cargo de casi la mitad de la deuda bancaria. Entre los integrantes de la oferta de salvación destacaban industriales como Juan Echevarría, entonces presidente de Nissan, y los textiles José María Villalonga y Enric Corominas. El grupo ofertante lo completaban los abogados Joan Piqué Vidal, Juan Vives de la Hinojosa, Pedro Cuatrecasas y Andreu Buades, entonces director general de Cirsa, la empresa de juegos recreativos y Casinos de los hermanos Lao.

El esfuerzo empresarial autóctono sonó en las altas esferas de Akzo como una intromisión de emprendedores dispuestos a cobrar la pieza y a rentabilizar el enorme patrimonio inmobiliario que poseía La Seda en sus instalaciones, cercanas al Aeropuerto Internacional de Barcelona. La compañía holandesa decidió entonces vender su participación mayoritaria al abogado Jacinto Soler Padró al precio simbólico de una peseta. Soler Padró era conocido en Barcelona por haber defendido la enseñanza en lengua catalana en un pleno del ayuntamiento, en el tardofranquismo del alcalde Masó. El abogado, que había ganado visibilidad como letrado del futbolista del Barça Bernd Schuster, mostró su nula capacidad de gestión y malas artes en la negociación con los sindicatos que sostenían la exigua viabilidad del grupo químico textil.

La presencia de notables civilistas y de bufetes de prestigio como representantes del accionariado desembocó en una pugna sobre tres frentes: el mercantil, el industrial y el laboral. El cruce de demandas y querellas entre los accionistas situó a la compañía en el blanco de todas las miradas. A los ojos de la opinión, aquella crisis se vivió como la nueva quiebra de la Barcelona Traction, la eléctrica Fecsa, que después de su estallido fue adquirida por el banquero Juan March, al salir vencedor de la mayor batalla mercantil del siglo XX. La empresa de El Prat no tenía centrales hidráulicas ni activos nucleares, pero su histórica presencia de casi un siglo en el cinturón industrial le presuponía una fuente de riqueza. En la primavera de 1992, la compañía, abandonada por Akzo, su mayor accionista, había dejado de tener propietario, pero milagrosamente se mantenía en pie gracias a que sus administradores de siempre, ahora sin los ejecutivos de Akzo, pagaban las nóminas y atendían los pedidos de sus clientes.

Durante un largo paréntesis, La Seda flotó gracias a la subida del precio de la fibra química que fabricaba. La inesperada etapa expansiva sirvió de pausa para diseñar el plan de viabilidad citado, que había orquestado el entonces consejero de la Generalitat, Antoni Subirà. Así llegó a la presidencia Rafael Español, el exCeo de Aiscondel, una de las empresas de Corporación Finenciera Alba, propiedad de los March. Era el momento de la verdad, con la entrada de Abelló y la salida a bolsa de la compañía. Su regreso a la cotización reforzó como sunca sus recuros propios. La Seda se expandió por más de diez países e hizo recurrente su presencia ante los analistas internacionales en la City de Londres y la Bolsa de Madrid. Pero por el camino había dejado atrás a dos grandes socios nacionales (Lara y Masó) y latía de nuevo una batalla accionarial, que todavía hoy la atenaza.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *