Reventa de entradas ilegal

¿Comprar entradas en la reventa ‘online’? Ojo a los riesgos

Particulares y robots dedicados a la reventa disputan las entradas a los fans en cuanto salen al mercado. / EFE

El Gobierno ya se ha comprometido a cambiar el marco legal para evitar los «abusos» de ciertas webs que acaparan entradas y las venden más caras, aunque el proceso se prevé lento. Estos son, según la OCU, los principales peligros de esta práctica

SOLANGE VÁZQUEZ Domingo, 16 julio 2017, 10:48

Antaño, en esa época previa a internet que casi nos parece prehistoria, comprar una entrada en la reventa para un concierto era una actividad de tintes novelescos. Tenías que tener algún contacto con ese submundo lleno de pilluelos y listillos, usar todo tu ingenio para negociar el precio y, finalmente, cruzar los dedos para que no te la diesen con queso. Ahora, esa estampa es casi de museo antropológico: la reventa cara a cara, la única prohibida legalmente, es una actividad residual y ha dado paso a la modalidad ‘online’, masiva y auspiciada por un vacío normativo. Así que el panorama ha cambiado radicalmente en todo… menos en un aspecto: sigue teniendo algo de deporte de ‘riesgo’.

Así lo afirman las principales asociaciones de consumidores del país, como Facua y la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que alertan de los peligros de la reventa por intenet. Las webs que se dedican a ello «venden las entradas sin límite de precio -advierte la OCU- y, al no estar reguladas, no ofrecen ninguna garantía legal al comprador». Seatwave -fuertemente vinculada a Ticketmaster-, Ticketbis/Stubhub o Viagogo son algunas de las que «se pueden considerar de reventa, aunque hay más», según este organismo. ¿Cómo distinguir estas plataformas en el tremendo bazar que es la red? Hay que tener en cuenta que muchas de ellas se esfuerzan en parecer oficiales y utilizan avanzadas técnicas para posicionarse en los primeros puestos de Google, de modo que atraen a muchos clientes potenciales. «Son todas aquellas que no te marca el promotor», aclara la OCU, aunque a veces los sitios oficiales derivan al usuario a una de estas webs y acaba comprando en la reventa sin darse cuenta.

Estas webs funcionan de la siguiente manera: cuando unas entradas salen a la venta de manera oficial, no sólo los fans corrientes y molientes se ponen en marcha para conseguir una. Al mismo tiempo que ellos, miles de personas interesadas en la reventa y potentes robots preparados para ello se lanzan también a la caza. Su objetivo: acaparar cuantas más mejor para sacar luego suculentos beneficios. Esto explicaría por qué a menudo se agotan a los pocos minutos de salir al mercado… y por qué poco después aparecen en las webs de reventa como por arte de magia, a un precio que suele triplicar o cuatriplicar el oficial. «Mi opinión es que esos ‘sites’ cumplen una función. Hay conciertos que se anuncian a 10 meses vista y lo normal es que haya gente que no pueda acudir y necesite vender las entradas que ha comprado. En ese sentido, son ‘sites’ necesarios. Otra cosa es que las entradas aparezcan ahí al mismo tiempo que se ponen a la venta. Eso debería estar regulado», argumenta Sebas E. Alonso, de Jenesaispop, una de las webs musicales más influyentes de la escena española.

Cómo comprar de forma segura

Consejos de la OCU Cuando adquieras entradas por internet, mira primero la web del artista o grupo al que quieres ver. Allí verás quién es el promotor oficial y a quién ha confiado el proceso de venta de entradas, que puede ser ‘online’ -con unos gastos extra- o de forma presencial -algo cada vez menos habitual-. Entérate bien de los precios de las distintas zonas y, una vez compradas las entradas, mira de cuando en cuando la web del distribuidor oficial para enterarte de cualquier cambio que pueda producirse.

¿Es legal el modo de operar de estas webs? De momento, sí. Según ha admitido el propio Ministerio de Cultura, algunas empresas y ‘sites’ se aprovechan de una desfasada legislación de espectáculos -creada en 1982 con motivo del Mundial de Fútbol y que sólo sanciona la reventa callejera- para acumular entradas y venderlas a mayor precio. Además, no existe una regulación homogénea, ya que las comunidades autónomas tienen las competencias sobre espectáculos. En definitiva, el marco legal está atomizado y anticuado, algo que el Gobierno ya no puede ignorar.

Algunos casos especialmente sangrantes han hecho que este problema saltase al Congreso. A principios de año, las entradas para los conciertos de Alejandro Sanz y Joaquín Sabina se agotaron menos de una hora después de salir a la venta. Fue un chasco para los fans, que, ese mismo día, podían encontrar ya centenares de entradas en la reventa ‘online’ al ‘módico’ precio de 500 u 800 euros, lo que multiplicaba hasta por diez el coste oficial. En marzo, Doctor Music, promotora de los conciertos de Bruce Springsteen en España, denunció las prácticas llevadas a cabo por las webs dedicadas a la intermediación entre revendedores y compradores, al considerar que su actividad constituye una estafa.

Estos casos fueron tan flagrantes que la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados aprobó el pasado 6 de abril dos proposiciones no de ley, presentadas por Ciudadanos y el PP, que instan al Ejecutivo a regular esta práctica, aunque no especifica cómo. El Ejecutivo se comprometió a poner coto a los «abusos», cada vez más frecuentes, siguiendo la estela de otros países como Italia o Reino Unido, donde algunos sonados escándalos también han hecho reaccionar a las autoridades.

Mientras llegan los cambios legislativos -el proceso se prevé lento y complicado-, lo único que pueden hacer los usuarios es protegerse a sí mismos, siendo conscientes de que recurrir a la reventa ‘online’ es una apuesta que puede salir bien o no. Estos son, según la OCU, los principales riesgos a los que se exponen quienes acudan a la vía extraoficial para conseguir entradas.

1. Pagas mucho más por la entrada

El precio se puede multiplicar hasta extremos que parecen intolerables. «Mucha gente no se da cuenta de que ha comprado una entrada procedente de la reventa hasta que la imprime y comprueba que el precio original que marca no se corresponde con lo que han pagado. Incluso tampoco sabrán que han tenido que pagar unos gastos y comisiones por la operación de los que no les habían informado al principio de la compra», afirma la OCU.

2. Pueden colarte entradas falsas o duplicadas

Algunas webs son más fiables que otras, cierto, pero, si te aventuras por internet, te puedes encontrar de todo. Existe la posibilidad de que te vendan una entrada falsa, una buena copia de una original a la que le ponen hasta código de barras, también de mentirijilla, por supuesto. Al intentar acceder el recinto del concierto, te impedirán el paso. También pueden hacer muchas copias y que haya entradas duplicadas, con lo que sólo entraría el primero en llegar y el resto se quedaría a las puertas. Y más vale, porque, si pasasen todos, se podría crear un problema de exceso de aforo que comprometiese la seguridad del evento.

3. Reclamar en un problema

Si hay algún imprevisto, no podrás reclamar. O más bien, podrás hacerlo, pero con pocas esperanzas de éxito. Algunas webs prometen devolverte el dinero, pero, como destaca la OCU, aunque lo hicieran, cosa que nadie te garantiza, «¿qué pasará con lo gastado en transporte y alojamiento?».

4. No devuelven el importe total

En la mayoría de los casos, sólo te van a devolver el importe de la entrada, despojado del sobrecoste de comisiones e intermediarios generado por comprarla en la reventa, según indican en la OCU. Es decir, el plus que han sacado contigo nunca volverá a tus manos.

5. Las entradas te pueden llegar ‘in extremis’… si llegan

Si adquieres una entrada de reventa online, tienes que esperar a que te la envíen. ¿Y cuándo será eso? «Cuando la tengan. A veces, nunca», asegura la OCU. Según explican, muchas veces estas webs venden entradas que todavía no tienen y te hacen llegar una factura o un justificante de pago. Pero eso no es una entrada. Tienes que aguardar hasta que te la envíen, muchas veces con el corazón en un puño, porque a veces llega ‘in extremis’… si llega.

Cuando compres por internet, mira primero la web del artista o grupo al que quieres ver. Allí verás quién es el promotor oficial y a quién ha confiado el proceso de venta de entradas, que puede ser ‘online’ -con unos gastos extra- o de forma presencial -algo cada vez menos habitual-. Entérate bien de los precios de las distintas zonas y, una vez compradas las entradas, mira de cuando en cuando la web del distribuidor oficial para enterarte de cualquier cambio que pueda producirse.

«Así me vendieron entradas falsas para el concierto de Shakira»

Viernes 19. Llegamos a la puerta del Palacio de los Deportes de Madrid para ver el concierto que Shakira daba en la ciudad. Hay dos chicos de seguridad en la entrada. Nos piden las entradas y se las intercambian y las miran como quien mira un DNI fijamente para ver si eres tú el de la foto. Nos preguntan dónde las hemos comprado y le contesto rápidamente que en el mes de julio en Viagogo. Mientras estoy dando explicaciones uno de ellos ya está pintando con un bolígrafo una «F» en ellas. Lo siguiente que nos dicen es que lo sienten mucho. Ante nuestra cara de perplejidad nos dan un consejo: «No debéis comprar entradas en internet y menos en esas webs». ¿Esto es una broma?, llegamos a pensar. Pero nada mas lejos de la realidad. Los guardas de seguridad no bromean. No podemos entrar al concierto y nos dan un consejo: «Tenéis que ir a la policía y denunciarlo, y sobre todo denunciar a la página esa que os ha engañado ante la OCU. Sois muchos los estafados».

Me acerco a la taquilla y me encuentro que está llena de gente como nosotros. Todos con el mismo problema. Pregunto a una pareja a ver cómo les han supuestamente estafado a ellos y me cuentan que en Viagogo. El nombre de la web no para de repetirse. La chica de la taquilla no da abasto, se le ve desesperada y nos va diciendo uno a uno que ella no puede hacer nada. Compramos entradas nuevas y volvemos a la puerta de acceso. Pasamos. Llegamos a la pista, hay mucha gente comentándolo.

Las entradas las compramos en julio nada más salieron a la venta. Escogimos una página que parecía segura, tenía certificados de seguridad, además el pago se hacía vía PayPal. Compramos cuatro entradas, dos para el 19 de noviembre en Madrid y otras dos para el concierto del 23 de noviembre en Bilbao para unas amigas. Por las entradas de Viagogo de Madrid nos piden: 89,78 euros por entrada + 41,64 por gastos de gestión, IVA y envío. En total 221,20 euros. Las de Bilbao son más baratas. Pagamos 134,65 euros, 52,99 euros por entrada + 28.67 euros de gastos.

Lunes 22, Viagogo contesta al correo electrónico que les mandamos contándoles lo sucedido y reclamándoles el dinero. Nos manda un mensaje en el que nos escribe diciendo que se nos va a devolver el dinero pero que tenemos que escanear las entradas y mandárselas para que tomen medidas legales. Cosa que ya hice y envié.

Miércoles, 23 de noviembre. Fue el concierto en Bilbao. Mis amigas llegan a los accesos del BEC después de hacer la cola. Al chico de la puerta le cuesta más de lo normal cortar las entradas por la línea de puntos. Parece que su papel no es el fetén. Consiguen pasar sin pasar la entrada por el lector del código de barras.

Hace una semana cuando me disponía a adquirir una entrada para el nuevo espectáculo del Circo del Sol, me quede sorprendido al observar que apenas quedaban asientos libres. Por curiosidad, me metí en uno de los sitios de reventa de tickets por Internet y comprobé que para el mismo espectáculo había cientos de entradas disponibles, evidentemente, a un precio bastante superior al fijado por el organizador.

Seguro que en multitud de ocasiones han oído ejemplos de las barbaridades que se llegan a pagar por una entrada adquirida en la reventa. La misma cantinela está volviendo a sonar por estas fechas con razón de la final madrileña de la Champions League (aquí). Pues bien, la pregunta que muchos de nosotros alguna vez nos hemos formulado, es la siguiente: ¿es la reventa de entradas legal en España?

En primer lugar, es preciso fijarnos en la regulación que existe sobre esta materia. A este respecto, a nivel nacional, únicamente existe un Reglamento, que es del año 1982, promulgado a raíz del Mundial de fútbol de España, es el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas. Es de nuestro interés, especialmente, el artículo 67.2º: “Queda terminantemente prohibida la venta y la reventa callejera o ambulante de localidades”. Ergo, interpretando literalmente la norma, únicamente estaría prohibida la reventa que se realiza en la calle o de manera ambulante. Por otro lado, el Reglamento permite, en el mismo artículo 67 –apartado 1º-, la reventa de entradas realizada en establecimientos autorizados. Resulta curioso, puesto que la norma fija un límite del 20% sobre el precio de venta para dicha reventa de entradas.

El principal problema de la regulación que tenemos a nivel nacional, es que está ciertamente anticuada. Es decir, la norma no contempla expresamente qué sucede con la reventa de entradas que se realiza a través de medios telemáticos. Es evidente que en su día no se pudo incluir porque dichos medios ni siquiera existían. Por lo que basándose en esta suerte de vacío legal han surgido múltiples plataformas en Internet de reventa de entradas, como Ticketbis, Viagogo o Stubhub, que actúan como intermediarios entre personas que quieren vender la entrada, en ocasiones con ánimo de lucro, y personas que desean comprarlas y no las pueden adquirir por los cauces oficiales, y, evidentemente, por dicha intermediación, cobran un porcentaje del precio de venta (aquí).

Sí que ha habido cierto desarrollo por las CCAA en esta materia, al tener transferidas las competencias. Muchas han optado por mantener la prohibición de la reventa ambulante o callejera, otras por hacer una interdicción general a la reventa, pero sin regular expresamente o mencionar la reventa telemática, e incluso, otras que han optado por no regular nada al respecto, lo cual añade más incertidumbre al asunto.

Sentado lo anterior, ¿existe realmente tal vacío legal? En tal caso, ¿podríamos asegurar que la reventa de entradas por medios telemáticos es una figura alegal, al menos a nivel nacional? Parecería que de la interpretación literal del artículo 67 del Reglamento, no cabe otra conclusión. Sin embargo, hay que traer a colación los preceptos del Código Civil que regulan la aplicación de las normas jurídicas. En especial, el artículo 3.1: “las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas“. Por lo que, dejando de lado la interpretación literal del Reglamento, se podría realizar una interpretación conforme a la realidad social del tiempo en el que vivimos y al espíritu y la finalidad con el que la norma fue promulgada y entender que la reventa de tickets realizada por medios electrónicos estaría también prohibida. A mayor abundamiento, se podría aplicar por analogía dicho precepto para la reventa realizada a través de dichos medios, en base al artículo 4.1 del propio Código Civil. Es precisamente en los anteriores artículos en los que se sustenta la opinión de aquellos que sostienen la ilegalidad de la reventa de entradas realizada por Internet (aquí). Hay que apuntar que en aquellas CCAA en las que no hay una prohibición general de la reventa, sino que únicamente se prohíbe la reventa ambulante, y que entraron en vigor o se modificaron recientemente, no se podría realizar tal interpretación, puesto que en el momento de promulgarse las mismas, Internet ya era una realidad, por lo que se podría entender dicha reventa como legal.

Ante la confusión reinante, es común ver anuncios con el siguiente enunciado: “Vendo boli Bic por XXX€ y regalo entrada para la final de la Copa del Rey”. Parece que la razón es sortear la ilegalidad de la reventa. Sin embargo, tal actitud no parece muy razonable, ya que si nos encontramos ante una figura alegal, no es necesario el “truco” del bolígrafo, y, en el caso de que sea ilegal, el vendedor no se libraría de cometer una ilegalidad, ya que podríamos estar ante un fraude de ley, tal y como sostiene entre otros, David Maeztu (aquí).

El principal inconveniente de la reventa radica en la desprotección a la que se enfrentan los compradores, en casos en los que la venta fuera realmente una estafa –aquí-, al ser dificultoso demostrar la transacción o conocer la identidad del vendedor, o en los casos de no celebración del evento, ya que en el mejor de los casos únicamente se les reembolsaría el precio oficial de la entrada. Es por ello, que algunas plataformas, como Ticketbis, tienen como política en esos casos el devolver íntegramente el dinero abonado por el comprador en la transacción, bloqueando la misma hasta la celebración del evento (aquí), pero estamos hablando siempre de una autorregulación, no hay ninguna obligación legal al respecto.

A lo anterior, hay que unir el perjuicio que supone para el consumidor, la existencia de verdaderas organizaciones profesionales que tienen como modus vivendi el negocio de la reventa y utilizan programas informáticos para compran un gran número de ellas, evitando o dificultando que un individuo interesado en el acontecimiento pueda acceder a dichas entradas a los precios oficiales, no quedándole más remedio, si quiere acudir, que adquirirlas en la reventa a un precio sensiblemente superior, con el consiguiente perjuicio económico. Por lo que se provoca una subida de precios de las localidades. Una de las últimas polémicas ha surgido durante la gira de Bruce Springsteen en España, ya que una las plataformas de reventa de entradas (Seatwave), es propiedad de Ticketmaster, entidad autorizada para la venta oficial de tickets, con las consecuentes suspicacias que han surgido al respecto, llegando incluso la promotora de los conciertos del cantante a denunciar a las plataformas de reventa de entradas (aquí).

En lo que respecta a la final de la Copa de Europa, Real Madrid y Atlético de Madrid han prohibido totalmente la reventa a los socios que adquieran las entradas, so pena de ser sancionados, pudiendo llegar incluso a ser expulsados como socios del club. De hecho, en las últimas semanas ya se han producido los primeros casos de socios del Atlético de Madrid expedientados por revender sus entradas (aquí). Independientemente de las medidas de los clubes, lo que no pueden controlar es que luego sean los propios organizadores los que promuevan la reventa de tickets para lucrarse con los mismos, como ya sucedió en el Mundial de fútbol de Brasil (aquí).

En definitiva, urge una regulación sobre esta materia que clarifique de manera definitiva la figura de la reventa telemática con fines lucrativos. Bajo mi humilde opinión, es una figura que debiera estar totalmente prohibida, puesto que perjudica al consumidor que no puede acceder a las entradas al precio oficial –ya de por sí elevado en muchas ocasiones-, además de ser una actividad por la cual no tendría por qué lucrarse ningún individuo, ya que no se aporta ningún valor añadido a un producto que ha salido por un precio determinado al mercado. Es evidente que deben articularse cauces para que la persona que ha adquirido la entrada para un acontecimiento y que finalmente no pueda acudir o les sobre alguna, pueda recuperar su dinero, pero, no obtener ganancias que muchas veces triplican el precio del ticket; de hecho, ya hay iniciativas en este sentido, como la plataforma Twickets (aquí), dónde se revenden las entradas al precio de venta más una pequeña comisión.

Lo que está claro es que el sistema de vendo boli Bic y regalo entrada, debería pasar a mejor vida…

Venta de Entradas

LA TENENCIA DE ESTA ENTRADA Y/O USO DE LA MISMA ENTRAÑARÁ LA ACEPTACIÓN DE LAS SIGUIENTES CONDICIONES:

  • El Organizador no garantiza la autenticidad de la entrada si no ha sido adquirida en los puntos de venta oficiales.
  • Toda entrada enmendada, rota o sospechosa de fabricación autorizará al Organizador a privar de acceso al portador de la misma. Esta entrada constituye una licencia al portador para asistir él mismo.
  • El portador autoriza al Organizador a efectuar de acuerdo con la Ley las revisiones o registros de su persona y tenencias para verificar que se cumplen las condiciones de seguridad.
  • No está permitida la reventa de esta entrada. Hallándose reservado el derecho de admisión, el Organizador del evento podrá denegar el acceso al mismo o expulsar del recinto al portador en caso de que se pueda racionalmente presumirse que se va a crear una situación de riesgo o peligro para el propio portador u otros asistentes, del alboroto o por estados de intoxicación aparente o potencial.
  • El portador no podrá en ninguna forma grabar ni reproducir los sonidos y/o imágenes del evento ni de sus asistentes. Se presumirá que el portador crea una situación de riesgo si es poseedor de aparatos de grabación, fijación y/o reproducción sonora o visual, así como de objetos susceptibles de ser arrojados, y causar daños (latas, botellas, etc.) o si sube al escenario y/o se lanza sobre el público, aún por invitación de los artistas, o si se entra en el recinto del festival, aunque fuera con ánimo festivo, o si se introduce en espacios con acceso restringido a la Organización responsabilizándose personalmente en todos los casos por sus propias acciones y omisiones que causen lesiones a terceros o daños materiales.
  • El acceso al recinto del evento comporta el consentimiento a ser tomado en fotografías y otros medios de grabación y/o reproducción video sonoros, sin derecho a compensación alguna por ello cualquiera que fuera su utilización posterior.
  • El portador de esta entrada asume personalmente todo riesgo que pueda derivarse del evento y/o de la concentración a que puede derivar el mismo tanto en el acceso como durante y en la salida.
  • La devolución, en caso de cancelación, se podrá efectuar por el Organizador dentro del plazo de 15 días desde la fecha de celebración prevista. Si la suspensión se realiza transcurrida más de la mitad del evento, no habrá lugar a devolución alguna. Las malas condiciones climatológicas no dan derecho a devolución del importe de la entrada. El Organizador se reserva el derecho de cambiar o alterar el contenido y el orden del programa.
  • La posesión de esta entrada no da derecho a su poseedor o a terceros a utilizar la misma, o su contenido, con fines publicitarios, de marketing o promoción (incluidos concursos, regalos y/o sorteos), asociada al poseedor de la entrada o tercero. El incumplimiento de este punto obligará al anunciante y/o usuario no autorizado a hacer efectiva una penalidad equivalente a mil veces el precio de la entrada más cara del evento que figura en el anverso, sin perjuicio de posteriores reclamaciones por daños y perjuicios generales.- Asimismo quedará anulada la licencia incorporada a la presente.
  • No se admitirán devoluciones ni cambios de entradas. En caso de falsificación, solo se considerará valido el primer código de barras que acceda al recinto.
  • Política de Menores: Las personas menores de 16 años tiene prohibida la entrada, por lo que tendrán que venir acompañados de padres o tutores legales. Rellenar autorización el la sala. Articulo 53 del Decreto 112/2010 31 de agosto del Gobierno de Cantabria. Reglamente Espectáculos Públicos y actividades recreativas. Autorización para MENORES .
  • QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDO EL CONSUMO DE ALCOHOL EN LA SALA PARA MENORES DE EDAD.
  • ESTA TOTALMENTE PROHIBIDO FUMAR EN LA SALA. EL INCUMPLIMIENTO DE LA NORMA DARÁ LUGAR A LA EXPULSIÓN DEL RECINTO ESCENARIO SANTANDER
  • Ante esta situación, creemos conveniente hacer un repaso a la normativa existente y despejar las dudas a cerca de la legalidad o no de la reventa en España.

    A nivel nacional, solo existe una norma que regule la reventa, y es del año 1982, recordemos que se jugaba en España el Mundial de fútbol y es el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas, en cuyo artículo 67.2 establece:

    “Queda terminantemente prohibida la venta y la reventa callejera o ambulante de localidades”.

    Es evidente que esta norma está muy anticuada, no solo por el año de creación sino porque en ese momento ni se preveía la existencia de internet, ni el avance y desarrollo de las nuevas tecnologías.

    Algunas Comunidades Autónomas sí que han desarrollado normativas posteriores, como la asturiana, sin embargo, también se «queda corta» ya que la Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas, que es del año 2002, tampoco regula la reventa telemática:

    Artículo 26 b): «Queda prohibida la venta de entradas y abonos en número que exceda del aforo del establecimiento, local o instalación, así como la reventa y venta ambulante de entradas y abonos y la percepción de precios superiores a los autorizados, no debiendo las entidades organizadoras, en ningún caso, favorecer tales situaciones».

    Por tanto, nos encontramos ante una especie de vacio legal que ha favorecido la aparición de numerosas empresas de reventa on line de entradas, como: Viagogo, Tengoentradas, que actúan como intermediarios entre los particulares que (re)venden su entrada y los compradores interesados, al precio que fije el vendedor, mientras que las web comprueban la veracidad de las entradas y aplican una comisión más el IVA.

    No hay que confundir la reventa de entradas con las plataformas de distribución directa de entradas: Entradas.com, Ticketea o Ticketmaster.

    Las webs de reventa, suelen tener un domicilio fiscal fuera de España, ante la existencia de un conflicto, las dificultades para reclamar aumentan por la lejanía o el sometimiento a tribunales de justicia extranjeros.

    Pero, ¿Es legal o ilegal? Como hemos visto, la normativa prohíbe expresamente la reventa callejera o ambulante, sin mencionar la utilización de plataformas on line, cabe por tanto, aplicar un criterio general el Derecho que, según establece el Código Civil:

    Artículo 3.1: «Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquéllas».

    Es decir, que en la sociedad actual donde el uso de las herramientas telemáticas ya es una realidad y está plenamente implantada, la reventa de tickets, billetes o entradas, estaría prohibida.

    Además, la normativa estatal prohíbe que la reventa alcance un precio superior al 20% sobre «El precio marcado para el supuesto de venta directa al público en las taquillas o expendedurías de la propia Empresa».

    En definitiva, recomendamos a los usuarios que tengan en cuenta estas prohibiciones y sean precavidos, pues a falta de una normativa actual y expresa, se pueden encontrar ante dificultades como sobrecostes en el precio, cancelación del espéctaculo, o la no entrega de la entrada a pesar de haber efectuado el pago. Nunca está de más, leer antes de la compra, cuáles son las condiciones generales o legales de las empresas de intermediación y de las de reventa, para prevenir dificultades.

    La desprotección al consumidor, es evidente.

    Ante cualquier duda, puede ponerse en contacto con nuestro servicio jurídico, aquí.

    La Unión de consumidores, ¡Siempre a su servicio!

    Profesor Felipe Bravo: Show de Pearl Jam revela el negocio de la reventa de entradas en Chile

    La Tercera

    ‘¿A quién le falta entrada?’ es una frase que a todos quienes alguna vez han asistido a un concierto les suena familiar. Y es que el negocio de la reventa de boletos no es nuevo. Pero internet se ha encargado de ampliar cada vez más ese mercado informal.

    El ejemplo más reciente a gran escala es el caso del concierto de Pearl Jam en el Movistar Arena el 13 de marzo: menos de dos horas alcanzaron a estar a la venta las entradas antes de agotarse. Sin embargo, sólo minutos más tarde ya se podían encontrar en grupos de Facebook, como ‘Vendo mi entrada *Chile*’ o en sitios como Stubhub.com y Mercadolibre.com. Eso sí, hasta un 600% más caras: $ 679 mil por una platea baja diamante, en vez de los $ 112 mil que costaba originalmente; o hasta $ 200 mil por una platea alta, que en un principio se vendió a $ 47 mil.

    La tecnología ha facilitado las transacciones entre los usuarios, con masivas revantas de entradas que en la industria ya abren cierta sospecha: ¿los responsables están comercializando su entrada por un imprevisto de última hora o hay consumidores más organizados que suben los precios de los boletos para sólo sacar un provecho económico? En el circuito nacional de conciertos, son varias las voces que apuntan a lo segundo.

    La legislación chilena no prohibe la reventa de boletos. Tampoco regula cómo se debe llevar a cabo la transacción y menos el precio al que se debe vender, lo que sí sucedía hasta 1980, año en que fue derogada la prohibición. Hoy se sanciona la venta por sobre el precio que indica la entrada sólo en el caso de los eventos deportivos, debido a motivos de seguridad, aunque en la práctica es algo que pocas veces se aplica.

    Jorge Ramírez, gerente general de AGEPEC, asociación gremial que reúne a las productoras de espectáculos de la industria chilena, considera que este mercado informal es un grave problema: ‘Afecta letalmente la industria. Pese a nuestros intentos legales, no lo hemos podido resolver. Nosotros pensamos que no es legítima esta reventa por el sobreprecio, que tiene un impuesto y dere- chos de autor que no paga nadie, pero sobre todo porque no se responsabiliza nadie de esa venta’.
    El abogado UC experto en derechos del consumidor y que se ha especializado en el tema de entradas para recitales, Felipe Bravo, discrepa.

    ‘No veo por qué les podría afectar a las productoras, porque ellos sólo necesitan que las entradas se vendan y la reventa es algo que viene después de la venta formal. Si fuera realmente un problema, entonces ¿por qué son empresas tan grandes?

    Creo que la justificación correcta es que se dan cuenta de que están perdiendo la posibilidad de haber vendido las entradas más caras’, asegura. En cambio señala a los consumidores como los únicos afectados: ‘Además de no acceder a los valores originales, se exponen a la posibilidad de ser estafados con entradas falsificadas’. Maximiliano del Río, director de Lotus -productora de Pearl Jam- acota: ‘Es un daño importante para el bolsillo de la persona y el comprador se queda sin respaldo alguno si el evento se cancela’.

    Para impedir las compras masivas de boletos, Puntoticket estableció la venta máxima de cuatro entradas por usuario (que debe ingresar con RUT y contraseña al sitio web). Sin embargo, al comprar de manera presencial, si bien cada transacción está limitada de igual manera, la cantidad de transacciones que puede realizar cada persona en la práctica queda a criterio del vendedor. ‘Para el último concierto de U2 compré 12 entradas y no tuve ningún problema. Otras veces es necesario volver a hacer la fila o cambiarse de ropa para que no te reconozcan, depende de la persona que te atiende’, cuenta un espectador habitual de conciertos.

    En el caso de Ticketek, la otra expendedora de entradas más grande del país, existe un límite de seis boletos por venta, pero no un máximo de ventas.

    Para Bravo la solución no debiese ser de responsabilidad pública, sino que producto de una autorregulación por parte de la industria que no radique en la creación de barreras tecnológicas. ‘Siempre alguien va a tener un problema para asistir a un show y va a necesitar revender su entrada. La clave es detectar las ventas masivas regulando la cantidad de tickets que se puede adquirir (haciéndolas nominales, como un boleto de avión) e impidiendo las compras a través de sistemas computacionales’, explica, y agrega que la reventa disminuiría de manera considerable si las ticketeras aceptaran la devolución.

    En Estados Unidos, a pesar de que no existe un límite de compra y la reventa es legal, sí se ha avanzado en detectar el uso de ‘bots’ para la compra masiva. Desde 2016 el fiscal general de Nueva York anunció sanciones para quienes utilicen estos programas para adquirir tickets. Otra herramienta que se ha probado es la ‘verificación de fan’, con la que cada comprador debe acreditar que es seguidor del artista con su actividad social en las plataformas del grupo, su antigüedad en el fan club, etc.

    En España, por otra parte, el Ministerio de Cultura ha elaborado una serie de propuestas para frenar el tema. Incluso se reunirán con Google que ya ha tomado medidas regulando la publicidad de sitios donde se realiza compraventa de boletos, para así encontrar una solución al limbo legal en el que operan este tipo de transacciones no oficiales. El último caso sucedió con el concierto que U2 realizó en Madrid en febrero, donde en menos de 10 minutos se acabaron las 16 mil entradas que luego podían encontrarse hasta un 400% más caras en reventa.

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    ¿Es legal la reventa de entradas en la Argentina?

    Algunas regulaciones del Estado y su impacto de la economía, con la excusa de la reciente sanción de una ley que regula la reventa de entradas para el fútbol hasta un recital… Actualizada a julio de 2017

    El derecho de propiedad

    Antes que nada, un mito legal. ¿Si instalo un saladero o frigorífico, puedo contaminar o hacer lo que quiera porque es mi derecho de propiedad? Esto plantearon cerca del fin del 1900 a la corte en el caso de los saladeristas.

    La Provincia de Buenos Aires dictó una ley que prohibía las faenas de los saladeros ubicados en la localidad de Barracas. Los dueños pidieron una indemnización por el cierre. “La Corte entendió que la provincia se había limitado a reglamentar esa industria por justificadas razones de salubridad; y que no cabía la alegación de derechos adquiridos puesto que los permisos (preexistentes) llevan la condición implícita de que la actividad que se ejerza no sea nociva a los intereses generales de la comunidad. Para la Corte, las restricciones y limitaciones impuestas no configuraban agravio del derecho de propiedad y del ejercicio de una industria lícita porque, según la Constitución, esos derechos están sujetos a las leyes que reglamenten su ejercicio y por ello desestimó el reclamo” (fuente).

    Es decir, ni el derecho de propiedad, ni otro derecho, autorizan a hacer lo que se quiera.Afirmar lo contrario sería dejar mpune a alguien que diga una calumnia (falsa acusación de un delito) por el derecho a la libre expresión. Pero, ¿Cómo fue evolucionando la intervención y la regulación?

    La etapa liberal de la peineta

    Cuando Vélez Sarsfield redactó el código civil, allá por 1800, las costumbres eran algo peculiares para nuestra visión. Si la chica tenia permiso para tener novio, el hombre que llegaba a la casa le daba su sombrero y bastón a la empleada y se sentaba en una esquina del cuarto, con la novia en el otro extremo. En cambio, si ya había un compromiso, podían sentarse en el mismo sofá pero con alguna dama vigilando, generalmente tejiendo o bordando. Esa costumbre era perfectamente compatible con el espíritu liberal de la época, que los bienes circulasen libremente, que el Estado simplemente regule su transmisión, que fije los requisitos para asegurar que alguna cosa pasó a manos de otra persona y que la gente sepa de quién es. Algo sobre la responsabilidad por daños. Y sobre la convivencia entre vecinos o entre condóminos. ¿Hace falta tanto más en términos de derechos propietarios?

    Alquileres cuidados

    Después llegó la intervención del Estado que obligó a contratar. Primero vino una ley de precios máximos de alquileres. Julieta Lanteri de Renshaw, dueña de una casa céntrica y no sobre la calle del barrio de Puerto Madero (barrio que no tiene escuelas ni registros civiles ni edificios públicos, como dice Gabriela Massuh en su libro) fue demandada por Agustín Ercolano, inquilino. Resulta que a raíz de la inmigración se produjo una crisis de vivienda. Mucha demanda, poca oferta (hoy hay oferta, pero es caro acceder a una vivienda propia) y los precios se fueron por las nubes. Así que el Congreso sanciona una ley que congela el precio de los alquileres durante dos años.

    Julieta Lanteri de Renshaw había pactado con Agustín Ercolano la inconstitucionalidad de la ley, por violar su derecho de propiedad y la libertad de contratar. La Corte convalidó la intervención del Estado. Dijo que los derechos pueden ser reglamentados, a condición de que sean razonables, y que dos años -dada la emergencia y la crisis- no era demasiado, que podía aguantar. Poco a poco vinieron nuevas leyes, incluso de empréstitos forzosos a favor del Estado o esperas para devolver los pagos a los que el Estado se comprometió. Por ejemplo, en los noventas, la Corte le dijo a Luís Peralta que no violaba su derecho de propiedad que el Estado no le pague los bonos. Porque no le sacaban su capital sino que implicaba un diferimiento en el tiempo.

    Los cines también

    Y después vino el peronismo, que legisló sobre derechos laborales, aunque ya antes se sancionaron las primeras leyes como la ley de silla (que hoy no siempre se cumple, es obligatorio que la empresa dé una silla y de jornada de mujeres), armó los sindicatos o más bien los apropió y verticalizó, ahí nació el modelo sindical actual e intentó hacer un pacto entre el capital y el trabajo. Incluyendo el trabajo en espectáculos… Y artistas de varietés. Sí sí señores, esto que se llama stand up ya viene de hace rato aunque el actual tenga algunas variantes. Resulta que con el cine, que vendría a ser ahora como la Internel comparado con el teléfono fijo, muchos empezaron a dejar de ver varietés y se volcaron a la pantalla de Lumiére. Todo muy lindo menos para los artistas de varietés que vagaban desempleados.

    Así que alguien tuvo una idea… ¡Que los propietarios de cines, monopolio re concentrado liderado por la corpo y opositor al gobierno popular contrate a los artistas y artistos! Como tenían mayoría en el Congreso sacaron la ley según la cual el cine no podía cobrar un peso más por el espectáculo que iría antes de la película (recién lo autorizaron años más tarde). El Cine Callao, un cine paquete de la época, se opuso y planteó la inconstitucionalidad. En tanto, la Dirección Nacional de Servicio de Empleo la intimó para que contrate a los artistas y arme la previa.

    La Corte dijo que los derechos individuales pueden ser restringidos no sólo por razones de moralidad, seguridad y salubridad pública, como antes venía diciendo, sino también con el objetivo de atender los intereses económicos de la comunidad. En el caso, ponderaron los jueces, “las restricciones se impusieron a los empresarios de salas cinematográficas debido a la carencia de suficientes salas de teatro, hecho que es público y notorio, que fue expresamente aducido en el debate legislativo y que acredita la razonabilidad de la restricción cuestionada, tanto más cuanto que es innegable la afinidad de las actividades teatrales y cinematográficas.” Aclaremos, de paso, que la Constitución peronista traía bajo el brazo la “función social de la propiedad”. ¿Pero esto era realmente una función social?

    El juez Boffi Boggero, que votó en disidencia, dijo: “Como bien lo señala el procurador general apoyándose en conceptos no arcaicos sino permanentes, la autoridad tenía atribuciones indiscutibles para solucionar el problema, sea creando fuentes de trabajo con sus propios fondos o bien empleando el procedimiento del subsidio. En lugar de ello, so color de adaptar los derechos constitucionales a las cambiantes realidades de la sociedad, ha sancionado una ley que desnaturaliza las libertades cuya vigencia se reclama en esta causa. Las críticas de la ‘recurrida’, de ese modo, han de dirigirse contra la manera inconstitucional con que se intentó protegerla cuando pudo hacérselo de acuerdo a los dictados de la Constitución.” Es decir, los fines pueden ser legítimos, pero para qué afectar a los cines…

    Y ahora la reventa de entradas para recitales y fútbol

    El código civil impide sacar una cosa del comercio. Casi todo puede comerciarse. Yo le puedo impedir a alguien venderle una patente a la competencia, o un inmueble a tal o cual empresa, pero no puedo sacarlo del comercio. La libre circulación de bienes, inmuebles o muebles, es la regla. Esto dice el código civil.

    Con el propósito de combatir las organizaciones que revenden entradas, parece un propósito noble, la la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires acaba de sancionar esta ley: “Quien revende, por cualquier medio, con fines de lucro, una o más entradas para un espectáculo masivo, de carácter artístico o deportivo, es sancionado/a con multa de dos mil ($2.000) a treinta mil ($30.000) pesos o dos (2) a diez (10) días de arresto. En la misma pena incurre quien vende al menos una entrada de las referidas en el párrafo anterior cuando éstas no hubiesen sido puestas a la venta por los responsables de la organización por ser de cortesía, protocolo u otro tipo de invitación
    de similares características. Cuando estas conductas fueran cometidas por cualquier persona responsable de la organización, con su participación o connivencia, es sancionado/a con multa de diez mil ($10.000) a cincuenta mil ($50.000) pesos o tres (3) a treinta (30) días de arresto. Si la realización de cualquiera de estas conductas produjere alteraciones al orden público, la escala de la sanción se eleva al doble. Igual incremento de pena corresponde cuando el interviniente se dedicare reiteradamente a estas actividades.”

    Además, pena al que oculte localidades. La famosa entrada de cometa… “El/la que venda, reserve u oculte localidades en espectáculos públicos en infracción a las normas que reglamenten la actividad es sancionado/a con multa de veinticinco (25) a dos mil quinientas (2500) unidades fijas
    y/o decomiso de las entradas.”

    Los clubes de fulbo, claro, tienen un tratamiento especial: “Invítase a los clubes de fútbol que posean un sistema de abonos para el ingreso a los estadios a generar mecanismos que permitan la cesión de los mismos a un sistema solidario o a terceros en forma nominada y acotada, según lo determine cada una de las instituciones.“

    La norma es válida cuando se trata de organizaciones, que además deberían pagar ganancias por la reventa de entradas. Pero para personas, tipos comunes y corrientes que quieran vender la entrada donde sea, por la Internel o en el aviso de Segunda Mano, la ley es inconstitucional. Una ley local, una ordenanza, no puede contradecir el código civil ni la libertad de comercio. Es que no se pueden sacar las entradas del comercio. Y si Carlos no puede ir a ver a Ricky Martin porque su novia sacó entradas para Kiss y lo obliga a ir con ella, Carlos puede vender las entradas igual al mismo precio que las compró, o incluso ganar unos mangos sin pagar ni ganancias ni ingresos brutos porque no hay habitualidad… Son apenas algunas entradas, no hay fin comercial. Seguramente que la ley tiene buenas intenciones, pero no sea cosa que por querer agarrar al pez gordo terminen filtrando a todos.

    Quien interviene en esta contravención es el ministerio público fiscal, 0800 333 FISCAL.

    De regulaciones y otras yerbas…

    En el caso del Cine Callao, como decía, el juez Boffi Boggero votó en disidencia.Y dijo esto: “la restricción no guarda la suficiente armonía con los propósitos que se persiguen, ya que, por una desocupación con la que no tienen vínculo alguno, se restringe la libertad de aquellas empresas. El Estado, efectivamente, en vez de resolver el problema con recursos propios, hace recaer la solución en una categoría de particulares, afectando esencialmente los derechos con que la Constitución los protege. A este respecto, es interesante destacar, como lo hizo en su oportunidad el Justice Joseph P. Bradley, que ‘las prácticas… inconstitucionales consiguen su primer apoyo… mediante ataques silenciosos y ligeras desviaciones de los modos legales de proceder” (116 US 616), siendo fácil deducir el proceso ulterior de apartamiento cada vez más extenso de las normas constitucionales. Y ello puede decirse de la que, bajo títulos –como se dijo– tan plausibles de protección social, no ha elegido uno de los numerosos medios razonables con que la Constitución facilita las soluciones sociales.’” (El resaltado es propio).

    Yapa: la ley de medios y el compre nacional

    La ley de medios tiene cláusulas de compre nacional que, por ejemplo, fija cuotas mínimas de música nacional y películas nacionales. Además, impide deducir del Impuesto a las Ganancias ciertos gastos de publicidad que no sea nacional (alienta la contratación de agencias locales) y el doblaje obligatorio de otros idiomas.

    Para ampliar, el artículo 80 de la ley n° 20628 de Impuesto a las Ganancias permite deducir de la base imponible los gastos para obtener, mantener y conservar las ganancias gravadas. Tales gastos deben restarse de las ganancias producidas según la fuente que las origina (si tengo ganancias de fuente nacional, puedo descontar ganancias de fuente nacional, fuente extranjera como plazo fijo en el exterior con gastos de fuente extranjera, Alcoyana Alcoyana).

    Bueno, según la ley, los contribuyentes no podrán deducir de la base imponible del Impuesto a las Ganancias los gastos en publicidad que se difunda por servicios de radiodifusión que no sean señales nacionales. En otras palabras, para que una empresa pueda deducir el gasto en publicidad este debe canalizarse por un medio que califique como señal nacional.

    Una señan es “nacional” cuando en su programación tiene —como mínimo— un 60% de producción nacional por cada media jornada de programación. Inversamente, se considera señal extranjera al contenido de programas que tenga menos del 60% de producción nacional en cada media jornada.

    Igual que con la preferencia de compre nacional chino, en lugar de privilegiar la mayor eficiencia de una publicidad, dada por la llegada, el target y demás, la ley opta por favorecer a ciertos medios en lugar de otros. ¿Acaso los creativos argentinos, que rankean entre los mejores del mundo, necesitan eso para competir? ¿Es esto válido? La finalidad es proteger o favorecer a los productores nacionales, pero ¿Qué pasa con las audiencias? ¿No distorsionará la asignación de recursos y la libre elección? ¿Es válida la finalidad? ¿Y si lo fuera, es ese el medio adecuado?

    Algo parecido pero en otra forma pasa al imponer mínimos de cierta música nacional. Por un lado, es un golazo para los artistas locales, a quien nadie duda en impulsarlos. Pero cúanta libertad resigna el oyente o quien mira tele. ¿No debería ser esa elección natural? ¿Hace falta que les pidan un mínimo del 30% que hoy tiene la ley? ¿Una demanda del público en lugar de una imposición legal forzada? Hoy, todas y cada una de las radios deben poner un mínimo de música nacional y producciones nacionales independientes. ¿No habrá sido mejor licitar algunas frecuencias destinadas a ello?

    ¿No podría ser, acaso, como algunas provisiones legales, un martillo pendiente sobre las radios que lo incumplen? Es decir, una amenaza latente de sancionarlas si no son afines a ciertos intereses coyunturales y a la vez ser flexibles en caso de que se alinien. ¿Todas las radios cumplen hoy con esta manda?

    De todas formas, hoy la cuota es del 30% y siendo así es dudoso que pueda prosperar un planteo de inconstitucionalidad (sinceramente, pienso que es constitucional, es una ley votada democráticamente que marca esa preferencia). Estas líneas implican debatir esa preferencia del Congreso, en términos de conveniencia.

    En Internet, donde las “frecuencias” son casi ilimitadas, no está esa restricción. Con una buena regulación que proteja la neutralidad y el libre acceso (en las antípodas, China, bloquea ciertos sitios) el usuario elije. Y quien ofrece actúa en función de ello y del interés del medio. Esto no quita que pueda haber medios estatales, con otro interés, también legítimo, para difundir contenidos (ver, por ejemplo, el caso del canal Encuentro…). Son preguntas para debatir y espero que puedas dejar tu comentario. En Twitter, interesante debate se armó con @littlefaceok y @pablowisznia… Pueden verlo allí.

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