Grasas saturadas al dia

Se habla mucho de las grasas saturadas y de la necesidad de reducir su ingesta para llevar una dieta saludable. Es una verdad a medias, ya que es importante distinguir entre “las que se encuentran de forma natural en algunos alimentos, como los lácteos, que se pueden consumir sin problemas, y las que hallamos en los ultraprocesados, productos cuyo consumo debería estar vetado, porque además de grasas contienen harinas refinadas, azúcar y, en muchas ocasiones, grasas hidrogenadas o trans”, señala la dietista-nutricionista y tecnóloga de los alimentos Ángela Moreno.

Moreno explica que las grasas trans son aquellas que “son líquidas en su estado natural y que se solidifican tras un proceso de hidrogenación, que están presentes en numerosos productos ultraprocesados y que debemos diferenciar de las grasas saturadas”. La nutricionista insta a eliminar por completo la ingesta de grasas trans, que ya se han prohibido en países como Estados Unidos y Canadá, cuyo consumo se ha relacionado con el aumento de enfermedades cardiovasculares y del colesterol “malo”, sobrepeso o diabetes tipo II.

Carlos Ríos, nutricionista, creador del movimiento #RealFooding y autor del libro Come comida real (Paidós, 2019), coincide. “El principal problema es confundir las grasas saturadas presentes de forma natural en algunos alimentos –las cuales, según muchos estudios, no tienen relación con enfermedades cardiovasculares– con las de los ultraprocesados. En este último caso, las grasas saturadas, junto con el resto de ingredientes insanos, promueven ciertas enfermedades crónicas no transmisibles”.

Para Moreno, se trata, en definitiva “de fijarse en la matriz más que en el nutriente aislado”, algo que, en palabras de Ríos, pasa por un gesto tan sencillo y a la vez tan complejo como “comer comida real: la que ha convivido con nosotros durante nuestra historia y evolución, sin etiquetas”. De hecho, justamente “cuando hemos querido preocuparnos por qué nutrientes ingerimos es cuando nuestra salud va a peor. Si eliges comida real, da igual el contenido de grasas y composición que tenga el alimento: habrás elegido bien”, señala el nutricionista.

Las grasas trans ya se han prohibido en países como Estados Unidos y Canadá, cuyo consumo se ha relacionado con el aumento de enfermedades cardiovasculares

Estos son algunos de los alimentos que presentan más grasas saturadas:

Lácteos enteros y derivados

Tanto la leche como sus derivados contienen ácidos grasos saturados de cadena corta, lo que significa que tienen entre dos y cinco átomos de carbono. “Concretamente, los lácteos tienen ácido butírico, una de las principales fuentes que nutren los colonocitos y que, por tanto, tiene propiedades beneficiosas”, explica Moreno. La nutricionista señala que “el ácido butírico se sintetiza a partir de la fibra prebiótica, presente en legumbres, cereales como el arroz y la avena, semillas y tubérculos como la patata y el plátano macho”.

En este sentido, Moreno insta a desobedecer aquella vieja creencia de que es mejor desayunar margarina que mantequilla, ya que esta última contiene un elevado porcentaje de ácidos grasos saturados. “Aunque es cierto que el aceite de oliva tiene otro tipo de ácidos grasos, concretamente insaturados, y que es muy recomendable para la salud cardiovascular, no es necesario erradicar la mantequilla del desayuno: puede consumirse en cantidades moderadas y en días alternos, por ejemplo, pues presenta ácidos grasos de cadena corta”.

Carne roja

Tanto las carnes rojas como los embutidos y el paté son fuentes de ácidos grasos saturados, como también lo es el huevo. Ríos insiste, sin embargo, en que “el impacto de la grasa saturada en nuestro organismo no será el mismo en función de la fuente que venga”, y que son los ultraprocesados los que debemos evitar a toda costa. “Debemos apostar por comer alimentos y no nutrientes”, señala.

Aceite de coco virgen

Es uno de los alimentos con más contenido en grasas saturadas, en este caso de cadena media, entre seis y doce átomos de carbono. Algunos estudios “han relacionado el consumo de este tipo de ácidos grasos, concretamente del ácido láurico, que se encuentra también en la leche materna, con mejoras a nivel cognitivo, pérdida de peso y con un efecto antibacteriano”, explica Moreno.

Bollería industrial

Cualquier pieza de bollería industrial, incluidas las galletas, es rica en grasas saturadas, “concretamente en ácidos grasos saturados de cadena larga, que tienen más de doce átomos de carbono, como es el ácido palmítico”, señala Moreno.

Diversos estudios han relacionado el consumo de este ácido presente en algunos ultraprocesados, como la bollería industrial, “con una disminución de la sensibilidad a la insulina y con el riesgo cardiovascular”, de manera que habría que limitar su consumo. La nutricionista insiste, sin embargo, en fijarnos siempre en la matriz y no en el nutriente aislado, ya que “el aceite de oliva también contiene ácido palmítico”.

El aceite de coco virgen es uno de los alimentos con más contenido en grasas saturadas

En este sentido, en opinión de Ríos, es importante erradicar el viejo pensamiento de que hay que comer de todo con moderación. “Esa moderación no debería existir si la aplicamos a productos como dulces, patatas fritas, precocinados o refrescos.

Es un mensaje que no te ayuda a comer mejor, sino que más bien funciona como comodín de la industria para introducirte sí o sí sus productos”. Y concluye: “los ultraprocesados no solo son malos porque son insanos, sino también por cómo nos seducen con su marketing y publicidad agresiva, por sus numerosos puntos de venta, por su sabor adictivo o su normalización en nuestra sociedad”.

Lo primero que debes saber es que las grasas saturadas se encuentran de forma natural en muchos alimentos. Las que suponen un problema para nuestra salud son aquellas que están en los alimentos ultraprocesados, los cuáles también contienen azúcares, sal, grasas trans e hidrogenadas en muchos casos.

Estas son las grasas trans, un tipo de grasa vegetal líquida que pasa a estado sólido tras pasar por procesos industriales de hidrogenización. No aporta valores nutricionales sino que se usa para alargar la fecha de caducidad de los alimentos procesados. En Estados Unidos su uso fue prohibido en 2015, aunque finalmente se acordó que la desaparición de estas grasas sería gradual y que, pasados tres años se eliminarían por completo.

No debemos olvidar las grasas vegetales, que son otro tipo de grasas saturadas y que encontramos en productos procesados como helados, bollos, pasteles… Son el famoso aceite de palma, palmiste o coco.

Todas estas grasas están directamente relacionadas con enfermedades como la diabetes tipo II, el aumento del colesterol, el sobrepeso y problemas del corazón.

Cómo sustituir los alimentos con más grasas saturadas de tu dieta

Las grasas saturadas de los alimentos procesados pueden ser eliminadas o rebajadas en tu día a día. No es difícil si te lo propones, por lo que vamos a explicarte qué productos de tu cesta de la compra tienen más grasas y algunas opciones para eliminarlos de tu dieta o sustituirlos.

Bollería industrial

Bollería industrial

Si no te habías imaginado que la bollería industrial iba a estar en este listado, es que no querías verlo. Ya sean galletas de todos los sabores, colores y formas; rosquillas con azúcar o cubiertas de una capa de chocolate; palmeras de chocolate ya sean grandes o pequeñas; croissants con mantequilla o sin ella y con relleno o sin él; bizcochos, magdalenas… Da igual en el tipo de bollería industrial que se te venga a la cabeza. Si lo has comprado en un supermercado, contiene grasas saturadas y trans.

¿Cómo podemos evitarlo? Aquí la solución es sencilla: cambia el menú de tu desayuno. Sabemos que abrir el armario y sacar un bollo es rápido y sencillo, pero no es comparable al placer que puedes experimentar desde primera hora con una tostada de pan con aceite de oliva virgen extra y tomate. Y si eres de los que se despiertan hambrientos por la mañana, añade unas lonchas de jamón, aguacate o queso fresco. Por supuesto, no olvides tomar una pieza de fruta para hacer tu desayuno redondo. Es la mejor forma de empezar el día.

Carne roja

Salchichas

La carne roja es muy rica en grasas saturadas de forma natural pero lo que debe preocuparnos es todo lo que se le añade cuando se procesa (hace unos días hablábamos del uso de nitritos y los aditivos que se le añaden en este artículo).

¿Qué podemos hacer al respecto? No decimos que haya que sacarla de nuestras dietas pero sí reducir su consumo y, cuando la tomemos, hacerlo de forma saludable: a la plancha y con media cucharada de aceite como máximo, evitando empanarla. Como guarnición sabemos que en muchas casas seguido de «filete (o carne, en general)» va «con patatas». Pero como guarnición lo mejor es optar por verduras como espárragos, berenjena, calabacín, etc. o una rica ensalada.

También los patés, embutidos, salchichas envasadas, etc. como procesados, contienen grasas saturadas y es por ello que hay que reducir su consumo y optar por adquirir este tipo de productos en tiendas de proximidad.

O bien optar por consumir más pescados y conservas, que puede ser una alternativa perfecta y muy saludable.

Aceite de coco virgen

Aceite de coco

Sabemos que no puede faltar en tus platos de cocina tailandesa pero este ingrediente es uno de los que más grasas saturadas contiene.

Si ya no te hace mucha gracia tomarlo pero aún no has acabado el bote de aceite de coco virgen que tienes en casa y tampoco quieres deshacerte de él, aprovéchalo para hidratar tu piel. Te lo garantizamos: tus codos y talones lucirán espectaculares. Incluso para las puntas del pelo va fenomenal.

También puede ayudarte a conservar tus utensilios de madera mucho más tiempo.

Margarina

Margarina Gtres.

Es fácil de untar, es sabrosa y ya nos hemos acostumbrado a su presencia en nuestras tostadas pero contiene grasas trans debido al proceso que se usa para obtenerla. Como explica la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) «se hace sobre todo a partir de grasas vegetales sometidas a procedimientos industriales como la hidrogenación y la transesterificación que permiten obtener una grasa sólida a partir de una líquida».

Su sustituta es evidente: la mantequilla. Aunque contiene también mucha grasa, se obtiene directamente de la leche, sin pasar por este tipo de procesos.

¿Quieres un par de alternativas para ambas? Tomar aguacate con las tostadas o requesón. Y no olvidemos el aceite de oliva virgen extra, que con un poquito sobre el pan tostado se convierte en un auténtico desayuno «de campeones».

Chocolate con leche

Tableta de chocolate

Nos duele tanto como a ti, pero es real. El chocolate con leche es otro de los alimentos que más grasas saturadas contiene. En una tableta de 100 gramos hay 19 gramos de grasas saturadas (por no hablar del azúcar, 52 gramos en una tableta también de 100 gramos).

Cuanto más negro sea el chocolate, mejor. Optar por tabletas con 80 % o más de chocolate es lo idóneo, ya que cuenta con muchas propiedades beneficiosas para nuestro organismo: aporta mucha energía, contiene potentes antioxidantes (como las catequinas, epicatequinas y procianidinas), e incluso puede prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares.

La dieta mediterránea, la mejor solución

Otra alternativa es dejar de buscar sustitutos y optar por seguir uno de los grandes tesoros de nuestra gastronomía: la dieta mediterránea.

Como nos cuentan desde la Fundación Dieta Mediterránea, «entre las muchas propiedades beneficiosas para la salud de este patrón alimentario se puede destacar el tipo de grasa que lo caracteriza (aceite de oliva, pescado y frutos secos), las proporciones en los nutrientes principales que guardan sus recetas (cereales y vegetales como base de los platos y carnes o similares como “guarnición”) y la riqueza en micronutrientes que contiene, fruto de la utilización de verduras de temporada, hierbas aromáticas y condimentos».

Sabemos que sacar las grasas saturadas de nuestras vidas parece complicado pero, poco a poco y con constancia, se puede lograr. ¿Cómo puedes empezar? Escoge uno de los alimentos de la lista, conciénciate del uso que haces de él y reemplázalo en tu lista de la compra. ¿Por dónde vas a empezar?

La mantequilla de Karité o Shea butter en ingles, es uno de los tantos productos alimenticios que que son comúnmente utilizados como productos de belleza, sin embargo, también tiene algunos usos que podrían darle un toque extra saludable a nuestras comidas.

Nunca nos atreveríamos en utilizar los productos de belleza más populares del mercado en nuestros platos, y mas si pensamos en todos los químicos que estos contienen.

Sin embargo, la mantequilla de Karité no solo no tiene químicos y es totalmente natural, también es un aditivo delicioso y saludable en nuestra dieta.

¿Qué es y para que sirve la mantequilla de Karité pura?

La mantequilla de Karité proviene de la fruta del árbol de nuez de karité (o vitellaria paradoxa), la cual crece en África Occidental.

El fruto del árbol de nuez de Karité tiene un grandisimo valor nutricional.

Cuando se seca y se separa la cascara, esta puede ser triturada, asada y molida para separar los aceites de la nuez.

Lo que resulta en una crema pastosa, es la famosa mantequilla de Karité, un aceite comestible que se utiliza en diferentes alimentos, incluyendo el chocolate al cual le añade la suave textura y sus varias propiedades nutricionales.

Y como usted probablemente ya sabe, la mantequilla de Karité también es utilizado como un hidratante altamente eficaz que protege y rejuvenece la piel.

Beneficios nutriciónales

Las nueces de karité y la mantequilla de karité son una buena fuente de vitaminas A y E, antioxidantes y los ácidos grasos todos proporcionan un importante beneficio para la salud de nuestro organismo.

Vitamina A – Esta vitamina desempeña un rol importante en todo lo relacionado con el crecimiento óseo, nuestro sistema inmune y nuestro sistema reproductivo, y como si fuera poco, también cuida nuestra salud ocular. Aunque normalmente se consumen las cantidades de vitamina A diarias en cualquier dieta balanceada, si por algún motivo careces de esta vitamina en tu régimen alimenticio, la adición de mantequilla de karité a su cocina puede ayudar en una deficiencia de este nutriente.

Vitamina E – Ayuda a mantener el tejido óseo, cardíaco y de los órganos, también ayuda con la salud de la piel y del cerebro. También puede disminuir los riesgos de problemas oculares relacionados con el paso del tiempo.

Antioxidantes – La mantequilla de karité contiene multiples antioxidantes como las catequinas (también se encuentran en el té verde y la canela). Como recordara, estos antioxidantes ayudan a combatir el proceso de envejecimiento y proporcionan muchos beneficios para la salud incluyendo la prevención de ciertas enfermedades y varios tipos de cánceres.

Ácidos grasos esenciales – La mayoría del perfil de los ácidos grasos de la mantequilla de Karité se compone de ácidos esteárico y oleico. Sustituir las grasas trans o las grasas artificiales por los ácidos esteáricos puede resultar en una reducción significativa del riesgo de contraer enfermedades crónicas.

Además de eso, las dietas con mayores cantidades de ácidos oleicos tienen muchos beneficios incluyendo un mejor control de la diabetes y la regulación de la insulina.

Ahora es bastante fácil observar como podemos beneficiarnos de la mantequilla de karité en nuestras vidas pero vamos a echar un vistazo a algunos otros beneficios:

La mantequilla y aceite de karité tienen propiedades antinflamatorias

¿Tienes dolores frecuentes? ¿Alguna picazón en tus musculos? ¿Te duelen las articulaciones? ¿Estas preocupado por las arrugas?

Bueno todo es parte de envejecer y todos estos resultados vienen por la inflamación dentro de nuestro cuerpo. Estas cosas suceden naturalmente para todos, pero nuestros hábitos pueden ayudar a disminuirlo exponencialmente.

Los científicos de la Universidad de Nihon estudiaron el efecto de las grasas del Karité en ratones y registraron“actividad antinflamatoria” en el organismo de los ratones como consecuencia del karité. El estudio encontró que las nueces de Karité poseen cantidades significativas de materiales antinflamatorias y anticancerigenos.

Así que la adición de Karité en su estilo de vida puede ayudar no solo a proteger su sistema inmunológico de la inflamación, también a evitar el paso del tiempo.

Equilibrar los niveles de colesterol

¿Existen grasas que puedas consumir con un efecto beneficioso en sus niveles de colesterol?

Le respuesta es, si puedes.

Hemos hablado en el pasado de los aceites esenciales como el aceite de coco, así como alimentos ricos en grasas saludables como el aguacate.

Los científicos de la Sociedad Americana de Nutrición Clínica encontraron que comparado con el aceite de palma y el aceite de girasol, la mantequilla de karité afecta favorablemente a los lípidos de nuestra sangre.

Ahora, este no es un pase libre para abarrotarse de mantequilla de karité, pero si debe considerarlo como un reemplazo para otros aceites a la hora de equilibrar sus niveles de colesterol.

Rica en antioxidantes

Como hemos mencionado anteriormente, la mantequilla de karité es rica en antioxidantes entre ellos los polifenoles (micronutrientes a base de plantas) como catequinas y esteres cinámicos.

Para refrescarnos la memoria rápidamente, explicare de manera breve como los antioxidantes trabajan para mantenernos sanos y más jovenes.

El Dr. K. Sandeep Prabhu de la Universidad Penn State explica ampliamente que los antioxidantes tienen la “capacidad de neutralizar las moléculas dañinas en nuestras células”. Estas moléculas dañinas se llaman “radicales libres”.

Los radicales libres pueden causar reacciones negativas en nuestro cuerpo, ya que al ser diferentes a muchas moléculas, contienen electrones impares.

Prabhu afirma que “los electrones impares hacen que los radicales libres sean altamente reactivos y en este caso puedan causar daño atacando los componentes de nuestras células e incluso causar efectos cancerigenos en nuestro cuerpo”

Lo que necesitas saber es que los antioxidantes neutralizan los radicales libres y como resultado, pueden proporcionar numerosos beneficios para nuestra salud.

Un sustituto saludable del aceite

Ahora que ya hemos repasado algunos de los grandes beneficios de la mantequilla de Karité, vamos a hablar de cómo comerla.

Una buena opción es utilizar la mantequilla de karité como un sustituto del aceite. La parte mas cremosa se puede utilizar como sustituto de la manteca al momento de hacer productos horneados.

También puedes intentar agregar una cucharada de mantequilla de karité cruda en batidos o incluso extenderlo en una tostada como si fuera mermelada.

La forma más fácil para aplicarla en nuestros platos es derretirla en un sartén antes de comenzar a cocinar.

Para ser franco, la mantequilla de karité aun se utiliza poco en el mundo alimenticio, menos del 0,01% de los aceites comestibles normalmente poseen karité. A pesar de sus múltiples beneficios, la karité aun es una alternativa en pleno descubrimiento.

Como humectante

Ningún articulo de la mantequilla de karité estaría completo sin una descripción detallada de como beneficia nuestra piel.

Si es lo suficientemente segura para el estómago, y también es suficientemente seguro para la piel.

Piel Seca – La mantequilla de karité es utilizada comúnmente como una crema hidratante, pero es también es clínicamente apta para tratar eccemas leves y moderados incluso tambien puede ayudar a tratar inflamaciones presentes en la piel.

Un estudio en el Journal of Cosmetic Dermatology demostró que los efectos antiinflamatorios fueron útiles para disminuir los signos y síntomas de eccema en personas.

Producción de Colágeno – La vitamina A en la mantequilla de karité ayuda a promover la producción de colágenos, la proteína estructural principal en la construcción del tejido conectivo.

Esto promueve la fuerza de la piel y el crecimiento y al mismo tiempo retiene los aceites naturales.

Protección UV– La composición de la mantequilla de karité y sus antioxidantes ayudan a protegernos contra la creación de radicales libres por la radiación ultravioleta (UV).

Es interesante observar el tipo de alimentos que estamos dispuestos a colocar en nuestras bocas o en nuestros cuerpos. Si algo es seguro para tu piel ¿Lo comerías? Si es seguro ingerirlo, ¿Estarías seguro de usarlo en tu piel?

Calidad

La mayoría de los productos a base karité que puedes conseguir y comprar vienen en varios grados y calidades, así que ¿Cómo encontrar la opción correcta?

La mantequilla de karité sin refinar o pura se prepara sin usar productos químicos o conservantes.

La mantequilla de karité es naturalmente de color beige o color marfil y su olor es similar a la nuez.

Por otro lado, la version refinada tiende a ser blanca y no poseer olor.

Mientras que una puede parecer mejor en la superficie, la mantequilla refinada de karité carece de los beneficios que posee la cruda.

La mantequilla de karité también se divide en varios grados, “A” a “E”.

El grado “A” de la mantequilla de karité es de más alta calidad, crudo y sin refinar. Y mientras mas cerca se encuentre del grado “E” más procesado se encuentra.

Pensamientos Finales

Como la mayoría de los productos, la mantequilla de karite viene en una variedad de precios y calidades.

Como se mencionó anteriormente, la mejor opción para consumir es la mantequilla de karité cruda o pura sin refinar para que de esta manera este seguro de que no ha sido alterada químicamente y que tampoco le hayan disminuido su valor nutricional a través del proceso de refinamiento.

Mientras que los que tienen alergia a las nueces debe abstenerse del uso de karite. Hay poca información que indique que los productos de nuez de karité inducen reacciones alérgicas.

Hasta hace unos días, es probable que el español medio sólo pudiera nombrar en un hipotético concurso dos tipos de aceites: el de oliva -considerado el más sano por los nutricionistas- y el de girasol, usado habitualmente para freír y también definido como saludable por los expertos. En los últimos días, a pesar de que llevamos años conviviendo con él, otro tipo de aceite está en boca de todos y no precisamente para bien: el de palma. Distintos partidos políticos han pedido que se regule su uso en alimentación y la cadena de supermercados Alcampo ha anunciado que va a dejar de utilizarlo en los productos de su marca propia.

Pero estos tres tipos de aceites distan de ser los únicos existentes. Sobre todo en la industria alimentaria, hay otros muchos que se utilizan a diario por su precio, sus propiedades y su sabor o falta de él. De hecho, el consumo de aceites alternativos a los dos más conocidos aumentó un 20% de 2015 a 2014,según datos del Ministerio de Agricultura. Aprovechamos para recordar a estos otros viejos desconocidos y aclarar mitos sobre las propiedades de los más consumidos.

En cualquier caso, casi cualquier aceite es preferible a las grasas animales, que en muchos países se utilizan todavía para cocinar y que tienen un elevado contenido en grasas saturadas.

Aceite de oliva

Parece haber unanimidad a la hora de definir al aceite de oliva como el más saludable de todos. Sin embargo, como recuerda el bioquímico y profesor de la Universidad de Valencia José Miguel Mulet, hubo un tiempo en que esté aceite también fue denostado y considerado incluso perjudicial. Afortunadamente, la tendencia cambió pero Mulet destaca que esto no debe llevar a mitos muy implantados en la sociedad, como que su consumo reduce el colesterol. Tampoco se debe abusar de este tipo de grasa, cuyo contenido en calorías es abundante.

Aceite de girasol

Aunque sería el segundo más saludable en la lista -Mulet rechaza de plano usar los términos «bueno» y «malo» para definir cualquier alimento-, no todos los aceites de girasol son iguales y los hay con un mayor contenido en ácido oleico, los más recomendables. Este tipo de aceite es más barato que el de oliva y tiene menos sabor, por eso es menos frecuente su utilización en alimentos crudos y más en los fritos.

Aceite de coco

El caso de este tipo de aceite es paradigmático de cómo las cosas cambian en nutrición. «Últimamente se está modificando la percepción», comenta Mulet. Sin embargo, este tipo de aceite tiene un contenido alto en grasas saturadas, uno de los parámetros en los que hay que fijarse a la hora de optar por uno u otro tipo de aceite.

Aceite de maíz

Aquí nos puede sonar raro, pero en EEUU la mayoría de la gente cocina con aceite de maíz. Se trata de una grasa vegetal más, que no es especialmente rica en grasas saturadas. «Es un tipo de aceite refinado, que no aporta ni sabor ni color», explica el investigador del Instituto de la Grasa Enrique Martinez. La explicación sobre su falta de consumo en España no tienen gran misterio: simplemente el nuestro no es un gran productor de maíz y el que se cultiva suele estar destinado a alimentar al ganado.

Aceite de colza

Si alguien cree que después del escándalo del aceite de colza éste se dejó de utilizar está muy equivocado. En primer lugar, no habría ningún motivo para ello: la intoxicación masiva que se produjo en España en 1981 se debió, explica Martinez, a una «mala manipulación» y no a que éste fuera perjudicial per se.

Eso sí, en España es difícil encontrar el aceite de colza como ingrediente y es más fácil localizarlo como aceite de nabina. «Se usa mucho en hostelería y no es malo para freír, aguanta muchas frituras y las temperaturas altas», señala Mulet.

Aceite de algodón

En España aún no se utiliza pero, según Martínez, su uso es frecuente en Australia. Se trata de un aceite que hay que refinar, ya que si no daría un color peculiar a los alimentos que cocinara. «Es un producto relativamente saludable y que además es de deshecho, por lo que su uso es principio es positivo», relata Mulet. Eso si se refina ya que, de no hacerse, contiene el polémico gosipol, asociado a problemas de esterilidad masculina.

Los beneficios y propiedades de la manteca de karité

El karité es un producto natural que nace del Butyrospermum parkii, un árbol de la sabana que crece en el centro y el oeste de África, en países como Nigeria, Senegal o Burkina Faso.
Los frutos que produce este árbol parecen nueces y en su interior se esconden almendras blancas y naturalmente grasas. Cuando estas almendras se manipulan se convierten en una masa amarillenta: la manteca de karité. Cada año, un árbol produce una media de veinte kilos de masa.

​La manteca de karité puede comprarse transformada en masa o directamente incorporada en productos cosméticos que se venden en tiendas especializadas, grandes superficies y demás comercios.

© iStock

Propiedades

Este producto posee numerosas propiedades reparadoras: además de suavizar la piel, le aporta flexibilidad y la hidrata en profundidad. Es rica en vitaminas A, D, E y F, está compuesta por látex y componentes que evitan que la manteca se convierta en jabón. Se trata de un cuidado natural con múltiples usos.

Los usos cosméticos

Si decides utilizar la masa, comprobarás que el aspecto de la manteca nada tiene que ver con las cremas o leches que venden en las tiendas tradicionales. Se presenta en un producto bastante más consistente y difícil de aplicar. Es normal, antes de aplicarla deberás frotar con fuerza la manteca entre las manos para calentarla y transformarla en aceite.
No intentes hacerlo con un secador o colocándola cerca del radiador y mucho menos introduciéndola en el microondas.
Si quieres comprar manteca de karité natural, puedes optar por estas dos opciones:
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La manteca de karité y el cuidado del rostro

Se trata de un producto excelente para el cuidado facial. Entre sus beneficios destacan la elasticidad, la hidratación y la protección de la piel. Puede utilizarse como bálsamo labial y es muy eficaz, sobre todo, en invierno. También es útil para la zona de la nariz, si la tenemos irritada debido a un constipando, en invierno, o a la alergia, en primavera.

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En lo que se refiere a los hombres, la pueden emplear como tratamiento para después del afeitado, para calmar las pieles irritadas. Hay que prestar atención al resultado aceitoso que deja la manteca, no olvidemos limpiarlo con una toallita húmeda.

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Para el cuidado del cuerpo

La manteca de karité está especialmente recomendada para pieles muy secas. Si la compras en forma de masa aquí tienes diferentes trucos para aplicarla:

  • En el baño: añade al agua unas nueces de manteca. Una fina capa de producto te cubrirá el cuerpo. Es fantástico para relajarte y notarás una gran sensación de bienestar. Cuando salgas de la bañera tu piel estará suavísima.
  • En masaje: como las leches hidratantes, la manteca de karité se puede aplicar dando un masaje para relajar los músculos. Dátela en brazos y piernas. Verás que el efecto es inmediato si tienes agujetas.
  • Tras la depilación: aparte de su acción hidratante, la manteca de karité alivia la piel gracias a sus propiedades calmantes y relajantes.
  • Antiestrías: si estás haciendo dieta o si estás encinta, aplícate manteca en las zonas en las que suelas perder peso o engordar, como las piernas, por ejemplo. Te servirá como acción para prevenir las estrías. Es una acción preventiva, no hace desaparecer estrías que ya tenemos.

Para el cuidado de las manos

Hay muchas marcas que han seleccionado el cuidado de las propiedades de la manteca de karité para crear una crema nutritiva. Cura las grietas e hidrata las manos en profundidad.

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Para el cuidado del cabello

También es una solución excelente para conseguir un cabello sano, sobre todo si lo tenemos seco y apagado, pues la manteca le devuelve toda la vitalidad que le falta. Es fantástica para los pelos rizados que, de forma natural, suelen ser más secos que otros tipos de cabellos.
Si buscas una acción hidratante, aplica una nuez de manteca la noche antes de lavarte el pelo. No es necesario que utilices demasiado producto porque luego te costará aclararlo. Debes ponértelo desde las puntas hasta las raíces y dejar que el cabello repose envuelto en una toalla caliente. Tras unos 15-20 minutos sécate el pelo para que no se manche la almohada. La manteca actuará toda la noche y el cabello absorberá la keratina.
Por la mañana, lávate la cabeza para retirar lo que quede de manteca. Probablemente tendrás que repetir el lavado varias veces. Nuestro consejo es que te laves el cabello con jabón de alepo, aplicándolo previamente sobre las manos. Pero no te preocupes si no tienes este producto en concreto, tú champú de diario también servirá.
Puedes también comprar champús enriquecidos con manteca de karité, como estos:
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Champú manteca de karité de Maui: sin parabenos ni sulfatos. También contiene aceite de macadamia y aceite de coco para reparar el cabellos eco y las puntas abiertas y devolver el brillo natural a tu cabello. Comprar en Amazon por 18,68€.
Champú con manteca de karité y aceite de ricino para fortalecer el cabello: este champú favorece el crecimiento del cabello gracias al aceite de ricino y la menta, la manteca de karité ayuda a hidratar y dar brillo. Comprar en Amazon por 18€.

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© Web

¿Dónde comprar manteca de karité y a qué precio?

Internet es donde la encontraremos con más facilidad. Hay muchísimas tiendas online que ofrecen este producto. Pero presta atención y no compres en la primera web que encuentres. Asegúrate de la calidad del producto y de que lo adquieres en un sitio serio (en cuanto al pago online, las condiciones de entrega, etc). En Amazon puedes encontrar muchas opciones, consulta las opiniones de los clientes para elegir la mejor opción.
También la encontrarás en tiendas especializadas en productos biológicos, en algunas parafarmacias o incluso en grandes superficies.
La manteca de karité puede utilizarse durante todo el año. En invierno repara la piel seca y deshidratada. En verano, cuando el sol daña el cabello, corrige el efecto «paja» y alivia los posibles golpes de calor.

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La comercialización en 1981 de una partida de aceite de colza desnaturalizado -que jamás debería haber sido consumido por humanos- mató en España a casi 400 personas en poco tiempo, además de afectar gravemente a la salud de más de 20.000. Datos oficiales actualizados hablan de unas 3.800 muertes, directamente relacionadas con una de las intoxicaciones alimentarias más graves en el panorama mundial de los últimos años conocida como Síndrome del Aceite Tóxico (SAT). Este es el escenario, y España, el aceite de colza desnaturalizado y un grave delito son sus actores principales.

En esta hemeroteca puede conocerse o recordarse todo lo relativo a la tragedia, dándonos la oportunidad de seguir la infinidad de enlaces disponibles para conocer la confusión inicial, los palos de ciego de un Gobierno en pañales ante una crisis de este tipo y las derivadas legales del asunto mucho tiempo después -demasiado-, entre otros muchos detalles. Pero a continuación podremos ver que el SAT no debería ser un motivo para evitar el consumo de un aceite con un perfil lipídico de lo más interesante.

¿Es apto para el consumo humano el aceite de colza?

No lo dudes. Miles de millones de consumidores que lo toman a diario, y varias veces, pueden dar fe. A lo mejor tú mismo podrías ser una prueba viviente y saludable de ello. El aceite de colza se utiliza en infinidad de productos preparados desde hace varias décadas: de hecho es el tercer aceite vegetal más consumido en el mundo.

Solo en España su nombre ha quedado proscrito, ya que su mera mención traía -y trae aún, de manera injustificada- aterradoras consecuencias al imaginario colectivo. Hasta el 13 de diciembre de 2014 las grasas y aceites vegetales en España podían ocultar su origen en sus menciones en el etiquetado, pero ya no. Desde hace dos años y medio -gracias al RE 1169/2011- es obligatorio hacer referencia al origen de esos ingredientes grasos, sean de palma, oliva, girasol o el que sea. Otra cosa es que se cumpla, ya que a día de hoy sigue habiendo listas de ingredientes sin definir. También en España, muchos fabricantes cumplen con la norma pero se resisten a llamar al aceite de colza por su nombre, usando en su lugar «aceite de nabina», «aceite de nabiza» e incluso, “aceite de cánola”, algo nada desacertado (más información en el siguiente apartado).

Fuera de España también se puede comprar aceite de colza en botellas o en garrafas para usarlo en casa, una situación totalmente impensable aquí a causa del SAT. Algo que podría haber ocurrido con un aceite de cualquier origen, no solo con el de colza, siempre que hubieran sido sometidos a un tratamiento inadecuado y fraudulento.

Un campo en cánola en flor. WIKIMEDIA COMMONS

Del aceite de colza al «aceite de cánola»

El llamado actualmente «aceite de cánola» constituye un salto evolutivo respecto al de colza, ya que procede del mejoramiento de las especies clásicas para lograr un producto con una baja concentración de ácido eurícico y glucosinolatos (elementos poco deseables desde el punto de vista de la salud a la hora de su consumo). Se trata por tanto de un aceite de colza mejorado, no en su tratamiento sino en su origen. Este aceite de cánola se obtiene de las semillas seleccionadas de diversas especies y variedades del género botánico Brassica (B. napus, B. rapa oleifera, B. campestris, y B. juncea principalmente) como la colza. Solo aquellas variedades con un contenido en ácido eurícico menor al 2% y con menos de 30 micromoles/g de glucosinolatos podrán denominarse aceite de cánola: el que se comercializa actualmente para el consumo humano.

Características nutricionales del aceite de cánola

  • Es rico en ácidos grasos de la familia omega tres, en concreto del ácido esencial alfa-linolénico o ALA. De hecho es el aceite vegetal de consumo humano con más omega tres, hasta el punto de saber que una sola ración (10 g aproximadamente o una cucharada) aporta hasta el 81% de la ingesta diaria recomendada de ALA para adultos.

  • Posee una alta proporción de ácido oleico; sí, el característico del aceite de oliva, que sin llegar a los niveles de este último, los de cánola no son nada desdeñables.

  • Es rico en vitaminas E y K, llegando al 16% y 20% en una sola ración de la ingesta diaria recomendada para cada uno de estos nutrientes (respectivamente).

  • La flor de cerca. WIKIPEDIA

    Es especialmente bajo en ácidos grasos saturados (al contrario que el aceite de palma). Tanto que ha recibido de las autoridades sanitarias de los Estados Unidos (FDA) permiso para usar una declaración de propiedades saludables que afirma que, con solo 1,5 cucharadas al día, se puede contribuir a reducir el riesgo de enfermedad coronaria, si se utiliza en lugar de alimentos que sean fuentes de grasas saturadas.

El estudio de revisión de 2013 “Evidence of health benefits of canola oil” también concluye a modo de resumen que: “existe una creciente evidencia científica que apoya el uso de aceite de canola, y que más allá de sus efectos beneficiosos sobre los lípidos en sangre, el uso de este aceite puede suponer un componente positivo en la promoción de una alimentación saludable”

Usos de este aceite

Como por estos lares contamos con uno de los aceites vegetales más exclusivos y versátiles en la cocina -el de oliva-, cualquier alternativa queda automáticamente en entredicho. Siendo su sabor especialmente neutro, a diferencia de nuestro aceite nacional, el de cánola puede tener utilidad en preparaciones en las que se quiere conservar el determinado sabor o aroma de algún ingediente sin que haya otras influencias.

Para los productores de aceite de cánola la versatilidad de su producto no conoce parangón, tanto en frío como en caliente (puedes verla con todo lujo de detalles en este vídeo). Afirman, por ejemplo, que su punto de humeo es el más elevado entre los más habituales usados en cocina. Aunque esto es cierto, creo que por su especial alto contenido en ácidos grasos insaturados y bajo por tanto entre los saturados, tiene todos los números para la formación de aldehídos y peróxidos en su calentamiento, sustancias nada deseables de cara a la salud. Si lo usamos para cocinar -con fuego-, aconsejaría que la exposición al calor no fuera especialmente prolongada, y que no se guarde el aceite para reutilizarlo. Algo que dado su precio tampoco sería un problema… si pudiéramos llegar a adquirirlo, algo que de momento es incomprensiblemente imposible en España.

Y es que, tal y como se ha podido comprobar, no hay ninguna razón lógica para que el aceite de cánola (o de colza ‘mejorado’) no esté disponible en nuestros supermercados.

Juan Revenga es dietista-nutricionista, biólogo, consultor, profesor en la Universidad San Jorge, miembro de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN) y un montón de cosas sesudas más que puedes leer aquí. Ha escrito los libros “Con las manos en la mesa. Un repaso a los crecientes casos de infoxicación alimentaria” y “Adelgázame, miénteme. Toda la verdad sobre la historia de la obesidad y la industria del adelgazamiento” y -muy importante- es fan de los riñones al jerez de su madre.

¿Qué pasó en 1981 con el aceite de colza?

El 1 de mayo de 1981 una enfermedad antes desconocida fue descrita en un niño de 8 años de Torrejón de Ardoz, que cursaba con insuficiencia respiratoria aguda. Más tarde, otros casos similares aparecieron en distintas poblaciones, especialmente en Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Ourense y Cantabria. Aunque en un principio se pensó en otros agentes etiológicos como causantes del cuadro, pronto cobró fuerza la hipótesis de una intoxicación alimentaria.

No fue hasta el 10 de junio de 1981 cuando se estableció una relación causa-efecto con la ingestión de aceite de colza desnaturalizado con anilina para uso industrial, y posteriormente refinado fraudulentamente para venderlo como alimento. Así fue como apareció el Síndrome del Aceite Tóxico (SAT), que supuso una catástrofe sanitaria para España al producirse un envenenamiento masivo de la población, que se cebó especialmente en las clases más desfavorecidas.

En el artículo de revisión de 2011, “El síndrome del aceite tóxico: 30 años después” se probó que la empresa aceitera RAPSA de San Sebastián importó desde Francia -entre finales de 1980 y 1981- grandes cantidades de aceite de colza para usos industriales desnaturalizado con anilina al 2%. La importación de éste para otros fines como el consumo humano estaba prohibida para proteger la industria nacional de la oliva. Este aceite se vendía a la empresa aceitera de Alcorcón RAELCA S.A., que lo envió a las refinerías ITH (Sevilla) y Danesa Bau S.A. (Madrid) para eliminar las anilinas ‘desnaturalizantes’ y destinarlo al consumo humano. RAELCA, además, mezcló el aceite de colza refinado con otros de origen vegetal y animal, hasta a veces con betacaroteno y clorofila para imitar aceites con otro origen y precio más alto (el de oliva entre ellos).

Durante el proceso, ya fuera de forma espontánea en la fase de almacenamiento o el transporte de los aceites de desnaturalizados, o como consecuencia de sus manipulaciones y tratamientos (refinado), se formaron unas serie de compuestos. Entre ellos las oleanilidas, que fueron señaladas originalmente como el agente productor del SAT. Pruebas analíticas posteriores, más específicas y potentes encontraron otros compuestos posiblemente aún más culpables, como los ésteres dioleílicos de 3-(N-fenilamino)-1,2-propanodiol (ésteres de PAP), y en concreto un miembro de esta familia el 1,2-dioleiléster del PAP más estrechamente relacionado con la aparición de SAT.

A pesar de que no faltan teorías de la conspiración tanto en la génesis de la crisis o en la conducción del sumario judicial, el asunto del SAT en general se muestra bastante claro para las fuentes oficiales, aunque sigue habiendo ciertas sombras sobre las sustancias tóxicas concretas implicadas. Algunos ensayos clínicos llevados a cabo con el fin de reproducir el síndrome en animales a través del uso de los compuestos sospechosos han supuesto un cierto fracaso experimental en la reproducción total del cuadro tóxico. Lo que ha llevado a plantear hipótesis que van desde las diferencias metabólicas y genéticas entre las personas y los modelos animales, hasta la idoniedad de los derivados tóxicos escogidos para los ensayos.

Resumiendo mucho, el SAT parece ser un síndrome multifactorial que probablemente no solo depende de la cantidad de aceite ingerido y del tiempo que se prolongó la ingesta, sino también de cierta susceptibilidad genética y otras circunstancias (como los hábitos de vida de los consumidores o factores ambientales). Las pruebas epidemiológicas encargadas hasta ahora por el Ministerio de Sanidad siguen conduciendo directamente al aceite contaminado con ésteres del PAP como causa del síndrome en cuestión, pero no se ha dado el tema por cerrado y se sigue estudiando.

El aceite de nabina o de colza es uno de estos óleos que tanto nos favorecen. Se encuentra en el grupo de las grasas monoinsaturadas por lo que además de ser una grasa buena favorece al sistema cardiovascular.

El aceite es uno de los componentes básicos en la alimentación de cualquier persona y, si bien algunos tienen mala fama, otros no solo aportan importantes factores nutricionales a la dieta sino que también nos otorgan bastantes beneficios a nivel de la salud.

En el artículo de hoy os explicaré para qué sirve el aceite esencial extraído de la nabina (o colza), cuáles son sus beneficios para la salud y que usos podéis darle a este óleo. ¿Estáis [email protected]?

Para qué sirve el aceite de nabina

El aceite de nabina se extrae de la planta conocida popularmente como colza, sus flores son procesadas para la producción de este aceite no solo para uso comestible sino también para otro tipo de destinos.

Reduce el colesterol

Gracias a su alto contenido en grasas monoinsaturadas ya que solo posee el 7% de grasas saturadas, el porcentaje más bajo dentro de la familia de los aceites, debido a esto es efectivo para reducir el colesterol y prevenir cualquier enfermedad relacionada con el sistema cardiovascular, como por ejemplo la hipertensión.

Aceite de nabina para uso cosmético

El aceite de nabina también se utiliza con finalidades cosméticas y es un excelente hidratante para el rostro y para el cuerpo en general. Puede aplicarse con masajes en la cara o bien añadirse al agua de la bañera para generar un baño hidratante completo para toda nuestra piel. También se lo recomienda su uso para el cabello, siendo un reparador natural increíble ofreciendo beneficios desde la raíz hasta las puntas.

Beneficios para el corazón

Este aceite no contiene colesterol y además se encuentra dentro de las mejores grasas monoinsaturadas existentes en la actualidad, por lo que es ideal para cuidar el sistema cardiovascular y reducir los niveles de colesterol malo. También nos aporta ácidos grasos esenciales como omega 6 y omega 3 por lo que los beneficios del aceite de nabina apuntan a nuestra salud integral.

Composición del aceite de colza

Tabla de componentes por cada 100 g.
Agua 0,00 g.
Calorías 884 Kcal
Grasa 100 g.
Proteína 0,00 g.
Hidratos de carbono 0,00 g.
Fibra 0,00 g.
Potasio 0,00 mg
Sodio 0,00 mg
Fósforo 0,00 mg
Calcio 0,00 mg
Magnesio 0,00 mg
Cobre 0,00 mg
Hierro 0,00 mg
Zinc 0,00 mg
Vitamina C 0,00 mg
Vitamina B1 (Tiamina) 0,00 mg
Vitamina B2 (Riboflavina) 0,00 mg
Vitamina B3 (Niacina) 0,00 mg
Vitamina B5 (Ácido pantoténico) 0,00 mg
Vitamina B6 (Piridoxina) 0,00 mg
Vitamina B9 (Ácido fólico) 0,00 mcg
Vitamina B12 (Cobalamina) 0,00 mcg
Vitamina A 0,00 mcg
Vitamina D 0,00 IU
Vitamina E 55 – 80 mg
Principales ácidos grasos del aceite de colza por cada 100 g.
Grasas saturadas
Ácido palmítico 4,00 g
Ácido esteárico 1,80 g
Ácido araquídico 0,70 g
Ácido behénico 0,40 g
Ácido lignocérico 0,20 g
Grasas monosaturadas
Ácido erúcico 45-54 g
Grasas poliinsaturadas
Ácido linoleico 9 -19 g
Ácido linolénico 5 – 9 g

Otros aceites vegetales

Otros aceites interesantes que pueden interesarte por sus múltiples ventajas son:

  • Aceite de monoi
  • Aceite de papa
  • Aceite de naranja
  • Aceite de semilla de uva
  • Aceite de moringa

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