Fecha de caducidad

Fecha de caducidad y fecha de consumo preferente. Parecen lo mismo, pero no lo son. Y es que aunque la mayoría de los consumidores considera que a partir de la fecha indicada en el envase no se debe consumir ese producto, en el caso de la fecha de consumo preferente sí que se puede consumir sin que eso suponga un riesgo para la salud. A continuación os explicamos por qué:

Fecha de caducidad VS. Fecha de consumo preferente

La fecha de caducidad indica cuándo un alimento deja de ser seguro para el consumo desde el punto de vista sanitario. A partir de esa fecha el producto no se debe ingerir. Se utiliza en productos muy perecederos como carnes, pescados, productos al vacío o pasteurizados.
La fecha de consumo preferente, por el contrario, indica hasta qué fecha el alimento mantiene intactas sus propiedades, siempre y cuando el envase no se haya abierto. A partir de esa fecha, el producto empieza a perder algunas de sus cualidades físicas, pero su consumo sigue siendo seguro. Se trata de productos como sopas, legumbres, aceite, productos desecados (pasta, arroz) y productos esterilizados (enlatados), como es el caso de las conservas.

Las conservas tienen fecha de consumo preferente, no caducidad

Las conservas se someten a un proceso de esterilización que consigue mantener intactas las propiedades de los alimentos durante años, sin necesidad de refrigeración. En el caso de nuestras conservas de bonito, atún o gulas (Arroyabitos), la fecha de consumo preferente va entre 4 y 6 años desde la fecha de producción, dependiendo del producto en cuestión. Se recomienda consumir las conservas dentro de la fecha estipulada, ya que se asegura que todos los nutritientes, como las proteínas, los ácidos grasos Omega 3, vitaminas y otros minerales propios del pescado azul; aunque como hemos comentado el consumo sigue siendo seguro para la salud después de la fecha de consumo preferente. En ambos casos, es importante seguir las siguientes indicaciones:
– Almacenar a temperatura ambiente, en un lugar fresco y seco.
– Antes de consumir, chequear que la lata no presenta ningún tipo de golpe o abolladura. En el caso de los tarros, la tapa no debe estar abollada o inflada. Si fuera este el caso, se debe rechazar el producto.
– Una vez abierto el envase, se deben almacenar en el frigorífico, bien cubiertos con el líquido de cobertura y se deben consumir en un plazo de 4-5 días

En el caso de las anchoas, al tratarse de una semiconserva, la fecha de consumo preferente es de 9 meses. Tras esa fecha el consumo sigue siendo seguro, pero la anchoa va ganando salinidad a medida que van pasando los meses, por lo que puede ocurrir que sea demasiado salada. En cuanto a las indicaciones para su conservación, se deben almacenar siempre en frío, tanto se haya abierto la lata como después de empezar a consumirla. De no hacerlo el proceso de salinización se acelera.

¿Qué diferencia hay entre fecha de caducidad y consumo preferente?

– La Fecha de Consumo Preferente indica que, pasada dicha fecha, la calidad del producto ha podido reducirse en cuanto a sus propiedades o cualidades, o bien haberse visto alteradas las características organolépticas (olor, sabor, etc.). Hasta esta fecha, se garantiza que, en condiciones adecuadas de conservación, el producto mantiene todas sus propiedades. Por lo tanto, rebasada la fecha de consumo preferente el producto podrá haber perdido alguna propiedad, cualidad o propiedad organoléptica, pero continúa siendo seguro. Se trata, por ejemplo, de legumbres, helados, encurtidos, quesos, latas de conservas… Se etiqueta con la indicación:

Consumir preferentemente antes del… (si se indica el día)

Consumir preferentemente antes del fin de o finales de… (en el resto de casos)

– La Fecha de Caducidad, por el contrario, indica hasta cuándo un alimento es seguro. A partir de esta fecha, el producto no debería ser ingerido ya que podría causar daños a la salud de las personas. Suele tratarse de productos muy perecederos como el pescado, carnes, lácteos, pastelería,… Se etiqueta con la indicación:

Fecha de caducidad, seguida de la fecha, o de una referencia al lugar donde se indica la fecha en la etiqueta.

A continuación se ofrecen una serie de recomendaciones con relación a las fechas de caducidad y de consumo preferente de los alimentos:

– Poner atención a las fechas indicadas en los envases de lo que se compra, eligiendo aquellos productos cuyas fechas de vida útil sean lo más lejana posibles. Asimismo, es recomendable leer bien la etiqueta de los productos donde aparecen datos bastante relevantes sobre los mismos.

– En el caso de adquirir algún producto que esté caducado, el comercio debe proceder a su cambio, para lo cual será conveniente la aportación del tique de compra.

– Hacer una buena planificación de la compra, haciendo una lista si es preciso, así como saber de que se dispone realmente en casa, ya que en determinadas ocasiones se adquieren productos que no hacen falta.

– Disponer en la nevera los productos de fecha de caducidad más temprana delante de los de fecha de caducidad más tardía.

– Realizar un almacén y conservación óptimos de los alimentos, consultando, si fuera preciso, incluso las instrucciones del electrodoméstico, donde vienen indicaciones de conservación por tipo de alimento.

– Desechar las latas o botes que no estén en perfecto estado, y que por ejemplo tengan abombamientos o golpes. Los abombamientos se han podido deber a reacciones internas del producto con lo cual éste puede no ser ya seguro. Los golpes han podido producir roturas en el envase que propicien la alteración del alimento. Hay que descartar alimentos en los que se noten olores, sabores o colores extraños.

– Poner especial cuidado con la rotura de la cadena de frío en los congelados.

Cuál es la diferencia entre “fecha de caducidad” y “fecha de consumo preferente”

Entras en una tienda para comprar tu tentempié favorito y miras la fecha preferente de consumo. ¿Fecha de caducidad?¿Fecha de consumo preferente? ¿Qué significa esto?

Las fechas en los productos que están a la venta en tiendas pueden llevar a confusión. La iniciativa Respect Food está enfocada a que todos aprovechemos al máximo cada pedacito de comida.

Dates on products sold in stores can be confusing. Respect Food is all about making the most of all of your food. Nuestro espíritu y tecnologías se basan en una sola creencia: reducir el desperdicio de alimentos y ayudar al planeta. Cada vez que tiramos comida, esta se acumula y tiene un impacto tanto en nuestro entorno como en nuestros bolsillos. Con tanta comida desechada en un estado comestible, las fechas en el envase son clave para tomar medidas al respecto.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Consulta nuestra guía para conocer la respuesta.

1. Fecha de caducidad
Estos alimentos son los que pueden consumirse hasta la fecha indicada en la etiqueta, pero a partir de esa fecha, el producto no debería ser ingerido ya que podría causar daños a la salud de las personas. Se utiliza este etiquetaje normalmente para productos con una vida útil corta, tales como carne, productos lácteos o ensaladas preparadas.

La nevera cunde más

La nevera cunde más

Oviedo, María José IGLESIAS

El ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, defendió ayer su propuesta de ampliar una semana la caducidad de los alimentos, entre ellos los yogures. El responsable gubernamental abandera desde hace unos días la cruzada contra el despilfarro de comida en la UE, donde cada año se tiran 89 millones de toneladas de comida en buen estado, de ellas 7,7 millones en España, que proceden en un 42% de los hogares. A la hora de hacer la compra y conservar la comida, el doctor en Ingeniería Química Manuel Rendueles, coordinador del máster de Biotecnología Alimentaria de la Universidad de Oviedo, anima a distinguir entre la seguridad alimentaria y la pérdida de propiedades de los alimentos.

l Cuestión de ubicación. Dentro de la nevera existen zonas más frías que otras. Los alimentos más delicados (carnes y pescados) se situaran en la parte de menor temperatura, mientras que los más resistentes (verduras y frutas) se colocan en los cajones de la parte inferior.

l A más agua, menor duración. Los alimentos con más líquido son más delicados. El agua es buen medio para que los microorganismos crezcan. Por eso los quesos frescos o de untar, que son mas húmedos, se pierden mas fácilmente que los de textura más seca.

l Larga vida a los yogures. Rendueles avala las tesis de Arias Cañete -que confiesa que se los come caducados- y explica que un yogur perfectamente envasado, sin abrir y con buena refrigeración constante, aguanta tres meses o más en la nevera. Luego está el método infalible de la apariencia. Si al abrirlo está mohoso no debe tomarse.

l Carne recién cortada, no más de dos o tres días. Cuando la carne fresca carece de atmósfera protectora -un envase al vacío- su resistencia en el frigorífico, en óptimas condiciones, se limita a un par de días. La congelación también debe realizarse lo más rápido posible.

l Pescado fresco, materia de alto voltaje. Asegura Manuel Rendueles que 24 horas son suficientes para que el pescado comience a perder propiedades. Lo ideal es consumirlo el mismo día que se lleva a casa y mantenerlo siempre muy bien refrigerado.

l Los huevos y su cáscara milagrosa. La cáscara de huevo es uno de los envoltorios más perfectos que existen en la naturaleza. Por eso estos productos no requieren tratamiento de conservación. Un huevo, casero o de granja, caduca en un mes, pero aguanta perfectamente dos meses o más con refrigeración.

l Los ahumados, más bien delicados. El salmón ahumado envasado, que habitualmente tiene una caducidad corta, de dos o tres semanas, debe consumirse en el tiempo indicado, de lo contrario comenzará a presentar aspecto deteriorado y sequedad. Sigue siendo comestible, pero es un claro caso de pérdida de propiedades funcionales. No obstante, el ser humano posee una capacidad innata para detectar un producto que está malo a través del olfato.

l Aceite, mejor en tiempo y forma. El aceite se pone rancio, exactamente igual que la mantequilla. Tomarlo caducado no tiene por qué originar un problema de salud, pero en cualquier caso, el producto pierde propiedades y no está tan bueno.

l Ensaladas y vegetales envasados. Las ensaladas envasadas entran dentro de los productos que se estropean con facilidad más allá de su fecha de caducidad. Pierde propiedades a pasos agigantados y eso se aprecia perfectamente solamente con la vista y el olfato.

l Pan, cereales y galletas, grandes supervivientes. Los productos elaborados con cereales baten récords de supervivencia, salvo el pan de molde envasado, precisamente porque son muy secos y no propician un caldo de cultivo para las bacterias y microorganismos. En el caso del pan, se endurece, pero una pieza que se deja en la cocina más de un mes sigue siendo perfectamente comestible. Lo mismo pasa con las galletas, siempre que permanezcan bien envasadas. De lo contrario, se reblandecen y adquieren esa textura de «revenidas» que no resulta apetecible. Los cereales tostados también pueden pasarse meses y meses, incluso abiertos, metidos en el armario, sin perder apenas propiedades.

l Leche líquida, zumos y sopas. Como norma general, todos los productos envasados en brik, que no hayan sido abiertos, pueden sobrepasar unos días la fecha de caducidad. En el momento en que se abre, la vida útil es de unos tres o cuatro como mucho. Las pizzas, que llevan queso fundido, y los embutidos también suelen tener duraciones cortas.

l Jamón de York y fiambres varios. A este tipo de alimentos se les suelen añadir aditivos para hacer que retengan el agua. Por eso a los tres días se pone con esa característica textura «babosa». Si se compran envasados con una atmósfera plastificada duran, sin abrir, hasta quince días más sobre la fecha de caducidad.

l El curioso caso del turrón. La mayor parte de los turrones envasados llevan como fecha de caducidad una cercana a la Navidad siguiente a la de su envasado. Rendueles asegura que se debe más a un criterio comercial que a la calidad de la tableta.

l Agua embotellada. El agua embotellada mineral natural debe conservarse en un entorno, a poder ser, oscuro. Es la razón de que algunas marcas conocidas empleen envases elaborados en tonalidades azules o verdes, para informar a los clientes de que cumplen con esta necesidad.

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Los alimentos que nunca debes consumir fuera de fecha (sí, existen caducidades reales)

08/07/2016 05:00 – Actualizado: 07/10/2016 19:04

Desde 2013 se ha venido hablando mucho sobre la diferencia entre dos conceptos que el consumidor no siempre tenía claros: la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente. Desapareció la de caducidad en los yogures, un dato poco necesario y confuso que provocaba que se tirara mucha comida en buen estado, y se potenció la fecha de consumo preferente.

Los expertos, a los que solemos ignorar para tantas cosas, fueron llamados a explicarlo desde todos los medios: la franja de preferencia es solo el plazo en que el producto conserva sus cualidades deseables de sabor, textura o color, nunca es peligroso comerse algo fuera de esa fecha.

La caducidad es otro cantar. Todos sabemos que es difícil calcularla y que en muchos casos, con cierto sentido común, podemos llegar a hacer la vista gorda, pero las normas sanitarias están para cumplirlas. No te recomendamos que comas cosas caducadas en ningún caso, pero hoy nos centramos en las comidas y bebidas que nunca debes arriesgarte a tomar pasadas de fecha por ser especialmente peligrosas para la salud.

En estos casos, la fecha de la etiqueta va a misa.

Huevos

Quizá te parezca exagerado marcar la fecha de caducidad en cada huevo, pero está muy justificado. Aunque por la famosa época de los yogures se habló de comérselos tranquilamente si la cáscara no estaba rota, lo responsable es tirarlos después de 28 días, y el envase está para recordártelo si te despistas.

Incluso mejor unos días antes. En 2014 la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea (EFSA) declaró que, según los estudios, cada semana más después de la tercera podría suponer un aumento del 40% en las intoxicaciones por salmonela.

Un clásico de los récords de duración es el queso, pero solo el curado. Los quesos frescos caducan pronto y no debes comerlos

Las autoridades sanitarias nos recuerdan además que no los lavemos a no ser que vayamos a comerlos en el momento y que, si vamos a tardar un poco, los conservemos mejor en la parte más fría de la nevera (no en la puerta) y en su envase original de cartón, para que no pierdan del todo su humedad natural. El principio general de “secar para conservar” no es para ellos.

Quesos frescos

Un clásico de los récords de duración es el queso. Se va acartonando, se reseca y la parte de fuera se estropea un poco, así que si quitamos una capa se puede comer y ni siquiera su sabor varía demasiado. Ojo: esto vale solo para el queso curado.

Es difícil intoxicarse con un huevo frito, en mayonesa no tanto. (iStock)

El queso fresco en cambio solo hay que consumirlo en su momento. La parte positiva es que suele saber fatal cuando se estropea, incluso mezclado o cocinado, así que es difícil fallar si no tienes el paladar muy insensible.

Carne y pescado crudos

Son especialmente susceptibles a los microorganismos más tóxicos, así que si los compras en carnicería o pescadería tradicional, sin envase, pregunta al tendero por el tiempo que llevan ya almacenados. Deberías hacerlos desaparecer en dos o tres días máximo.

Con el pescado marinado pasa lo contrario que con el queso, puede llegar a saber bien aunque esté intoxicado, así que no te guíes por las apariencias y tíralo sin contemplaciones después de tres días. El olor puede dar más pistas, pero la falta de olor tampoco es señal de que puedes comértelo.

Aunque el ajo es un conservante natural, el gazpacho de bote dura pocos días abierto en el frigorífico

Gazpacho

El ajo es un conservante natural, pero las verduras frescas caducan. Cuando compres gazpacho de bote, recuerda seguir las instrucciones al pie de la letra, dura pocos días desde que lo abres aunque lo tengas en el frigorífico.

Leche no pasteurizada

La moda de lo natural y poco procesado tiene aspectos positivos, pero para adoptarla tienes que disponer de tiempo libre y gastar un poquito más que la media. En el caso de la leche, Pasteur y los químicos y microbiólogos que han venido después han salvado millones de vidas. Si no estás seguro de dar abasto con el litro, mejor no te arriesgues a comprarla, o hiérvela.

Embutidos

Suelen dar muestras visibles, pero aunque no las den, procura que no pasen abiertos más de una semana aunque estén bien conservados en frío.

Eso en cuanto a los que llevan fecha de caducidad, claro. Por suerte, los embutidos salados o ahumados, como el jamón serrano o el fuet, no suelen tenerla.

Más allá de las fechas

Es importante que no prestes atención solo a las fechas. Cada alimento tiene instrucciones de conservación y de uso, y cambian constantemente incluso para las mismas marcas y tipos de comida, así que no des nada por supuesto y fíate de lo que lees.

Ajusta la temperatura de tu nevera con los cambios de estación, descongélala una o dos veces al año y, ante la duda, congela los alimentos frescos en lugar de refrigerarlos, sobre todo con calor.

El pollo, la ternera y el cerdo (especialmente las salchichas) hay que cocinarlos bien. Eso tampoco frenará en seco los problemas: tras hervir, cocer o freír no los dejes nunca a temperatura ambiente. Y si los tienes en el refrigerador, puedes darles dos o tres días de margen, no más.

La gran mayoría de las intoxicaciones posibles en nuestro mundo desarrollado, controlado y etiquetado supondrán solo síntomas durante unos días: diarrea, vómitos, reacciones cutáneas… Es raro llegar a sufrir enfermedades graves con productos comprados en la tienda. A pesar de lo que pueda parecer viendo las noticias en televisión, de la toxina botulínica a las infecciones por agua, la mayoría de las muertes por este tema en el mundo se producen en zonas en que no pueden o no saben conservar correctamente los alimentos, no tienen la higiene necesaria o agua corriente limpia, o el hambre es tan acuciante que comen a sabiendas del riesgo.

No nos alarmemos, en conclusión. Habrá signos claros que te harán sospechar de lo más peligroso. De todas formas consulta a un médico sin tardanza si tienes fiebre alta, sangre en las heces, dolor de tripa fuerte… y bebe agua para eliminar lo que te ha sentado mal lo antes posible.

A todos nos ha pasado. Te acercas acechando hasta la nevera, la abres mientras te relames pensando en esa pedazo comida que te vas a preparar y empiezas a sacar los ingredientes. Según colocas los alimentos en la encimera te empiezan a asaltar las dudas. Coges el ingrediente en cuestión y lo empiezas a examinar como si fueses un forense de C.S.I. Lo miras… lo hueles… e incluso lo tocas, pero sigues sin saber si un alimento fresco ha caducado.

Las diferencias entre un alimento en buen estado y uno que ya no se puede consumir pueden ser sutiles, sobre todo si no sabes qué buscar. En los productos procesados es fácil, puesto que la mayoría incluye fecha de consumo preferente o caducidad, pero ¿qué pasa con el resto? ¿Cómo saber si un alimento fresco ha caducado?

En qué fijarse para saber si un alimento fresco ha caducado

Aquí tienes unos cuántos trucos y consejos que te ayudarán a saber si un alimento fresco ha caducado y tienes que tirarlo o si por el contrario sigue estando en buen estado.

Carnes

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Si quieres saber si la carne de ternera se ha caducado y por lo tanto no es apta para el consumo tienes que fijarte en los siguientes detalles:

  • La oxidación ha hecho que se pierda el característico color rojo y se torne un marrón apagado. Esto no es definitivo, puesto que si la carne ha estado en contacto con el aire puede haberse oxidado y seguir estando en buen estado.
  • Tiene un intenso y desagradable olor.

Para saber si la carne de cerdo ha caducado y ya no se puede consumir nos tenemos que fijar en:

  • En su olor. La carne de cerdo fresca apenas huele pero cuando se pasa empieza a tener un olor muy fuerte.
  • Su tacto. La carne de cerdo pasada se puede quedar dura y seca o volverse muy pegajosa.
  • El color. La carne de cerdo en buen estado tiene un tono muy suave de gris y rosa, además su grasa es de color blanco. Cuando la carne de cerdo se caduca tiene un color gris o marrón intenso y la grasa se vuelve amarillenta o grisacea.

En el caso del pollo, cuando se pone en mal estado:

  • El color de la carne pasa de tener un color rosaceo a tener un tono gris. Si lo haces a la plancha no lucirá con su color blanco (o amarillo si es de corral) tan característico.
  • Su olor se vuelve especialmente fuerte y amargo.
  • Por último, cuando el pollo está caducado se pone muy baboso y pegajoso.

Pescado

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Cuando vamos a la pescadería todos tenemos claro en que tenemos que fijarnos para saber si nos estamos llevando un pez realmente fresco (ojos brillantes, agallas rojas…), pero ¿cómo sabemos si un pescado está caducado?

Para empezar nos tenemos que fijar en el olor. Los peces y mariscos tienen un característico olor a mar que no tenemos que confundir con el desagradable olor que empiezan a desprender cuando se caducan.

También tenemos que fijarnos en el color de la carne. Los pescados de un color intenso como el salmón o el atún rojo empiezan a perder fuerza hasta volverse más grises y marrones.

Por último, la carne del pescado caducado pierde firmeza y se vuelve blanda al tacto. Además la piel y escamas se vuelven pegajosas y se caen con facilidad.

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En el caso de lo huevos la mejor forma de saber si se encuentran en buen estado o han caducado es sumergiéndolos en agua. Un huevo fresco se hundirá hasta el fondo mientras que un huevo caducado flotará.

Lácteos

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En la mayoría de productos lácteos se suele incluir una fecha de consumo preferente o caducidad. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha puesto tan de moda decir que no pasa nada por comerse los yogures caducados que va siendo hora de que sepamos cuando un lácteo está en mal estado.

Además de la fecha del cartón, para saber si la leche de vaca ha caducado tienes que mirar si:

  • Tiene un olor ácido o fuerte.
  • Tiene grumos o ha empezado a cuajarse.
  • Su sabor es agrio y desagradable.

Para saber si un yogurt ha caducado nos tenemos que fijar en:

  • Tiene moho. Obvio, ¿no?
  • El recipiente está hinchado. Esto indica que las bacterias se están reproduciendo y están emitiendo gases por lo que hay que tirarlo.
  • Su consistencia. Si al revolverlo con la cuchara nos encontramos con grumos sólidos que no se rompen con facilidad deberíamos tirarlo.
  • También se puede saber si un yogurt está en malas condiciones por el olor, aunque esto depende de si es natural o tiene algún ingrediente extra.

En cuanto a los quesos, el principal síntoma que indica que están caducados es el moho. Sin embargo, no afecta por igual a los quesos curados que a los frescos, cremosos o procesados. En el primer caso basta con retirar la capa afectada mientras que en el segundo hay que tirarlos.

Frutas y verduras

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En el caso de las frutas y verduras hay tanta variedad que es difícil hacer una lista que englobe a todas, pero si hay algunos indicadores más o menos generales que nos avisan de que no está en buen estado:

  • Moho. Suele aparecer principalmente en las cáscaras y pieles.
  • Sequedad y oxidación extremas, especialmente en piezas que hemos consumido a medias. Si el tomate o la manzana están ligeramente secos y oxidados no pasa nada.
  • Arrugas y una textura blandurria. Puede que un plátano tenga la cáscara completamente negra pero si su interior es firme al tacto eso quiere decir que sigue estando en buen estado.

Dicho esto, si no estás al 100% seguro de saber si un alimento fresco ha caducado todavía se puede comer siempre puedes pedir una segunda opinión. Aún así, ante el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria, ante la duda es mejor no arriesgarse y no comerse el alimento.

Es una pena tirar comida, pero duele menos deshacerse de dos pechugas de pollo que pasarse la noche abrazado a la taza del wáter.

Foto de cabecera por Natalie ng / Unsplash.

¿Caduca la gasolina?

23 Feb ¿Caduca la gasolina?

Posted at 09:34h in Sin categoría by Admin

Es posible que nunca te hayas hecho esta pregunta. Quizá nunca hayas necesitado saberlo o simplemente, que uses tu coche tantas veces que requieras poner combustible habitualmente. Pero cuando nos proponemos vender un coche, lo normal, es que tengamos ya uno nuevo y el ‘viejo’, lo dejemos parado para venderlo. Si por el motivo que sea, el tiempo que tardamos en conseguir comprador se alarga, el coche parado puede sufrir y al final, tener algunos achaques entre ellos, un combustible en mal estado.

Un combustible en mal estado deja los famosos posos, que obstruyen el filtro de combustible, pueden averiar la bomba de combustible e incluso la inyección. Los filtros de combustible están precisamente para eso, aunque se obstruyan no hay problema porque son realmente baratos. Pero si cualquier impureza pasa al circuito de combustible, la avería puede ser bastante cara.

Entonces, ¿caduca la gasolina? Si caduca, pero no caduca. Vamos a explicarlo. El combustible es una mezcla de productos derivados del petróleo muy volátiles. La gasolina, por ejemplo, se evapora a temperatura ambiente (realmente no se evapora, se volatiliza, pero usar la palabra evaporar da una mejor imagen de lo que ocurre). Seguro que has visto alguna vez salir vapor de la boquilla del surtidor o de la típica garrafa. Esto, con el tiempo, acaba provocando que se quede en el depósito un producto o residuo pastoso y algo pegajoso. Es muy complicado de eliminar y si entra en el circuito de combustible o obstruye y en ocasiones, hay que cambiar bomba de gasolina, sistema de inyección e incluso depósito.

Los fabricantes y suministradores de combustibles emplean fórmulas que han estudiado en sus laboratorios, para evitar que este tipo de cosas suceda. No son 100% fiables, pero, por ejemplo, podemos encontrar ese tipo de residuos en cosa de un mes si las empresas de hidrocarburos no usarán ciertos compuestos para evitarlo. Ningún surtidor y ninguna ‘marca’ de combustibles asegurará ni ‘firmará’ una fecha de caducidad, pero es recomendable no dejar gasolina en el depósito por más de tres meses.

El Gobierno pone 2040 como fecha de caducidad al coche de gasolina y diésel

El Gobierno acaba de ponerle fecha de caducidad al coche tal y como lo conocemos. Será en 2040 y afectará a todos los turismos y vehículos comerciales que funcionen con combustibles fósiles, es decir, con gasolina y con gasóleo (e incluso híbridos, ya que también se basan parte de su energía en este tipo de fuente). Además, su circulación no estará permitida diez años después, en 2050, tal y como recogerá la nueva Ley del Clima que acaba de enviarse a los partidos políticos.

La prohibición de matriculación, según fuentes del ministerio, es similar a la de Reino Unido,donde se ha prohibido la venta de coches diésel y gasolina en 2040 y en el año 2050 ya no podrán circular. Francia también ha anunciado que prohibirá la venta de coches de combustión en 2040. Dinamarca, Irlanda, Alemania y Holanda quieren lograrlo en 2030 y Noruega en 2025.

Además, y en plena polémica por el cierre de factorías de la multinacional del aluminio Alcoa, el Gobierno ha accedido a la petición de las grandes empresas consumidoras de electricidad para aprobar un Estatuto de Consumidores Electrintensivos que favorecerá la actividad de la gran industria. El nuevo Estatuto está previsto en el borrador de la Ley del Clima que ha elaborado el Ministerio de Transición Ecológica.

La figura del consumidor electro intensivo es una vieja reivindicación de la asociación de grandes industrias AEGE. Existe en países como Francia o Alemania y permite favorecer la actividad industrial con tratamiento favorable en precios de la energía.

El borrador de la Ley del Clima obligará a reducir las emisiones un 20% con respecto a 1990 en 2030; contempla una penetración de renovables en el consumo de energía final del 35%; un 70% de generación limpia en el sector eléctrico y mejorar la eficiencia en un 35%. Para 2050, el borrador prevé una reducciòn de emisiones del 90% respecto a 1990 y una generación eléctrica 100% renovable.

Los objetivos son ambiciosos porque, según fuentes ministeriales, las emisiones están ahora un 17% por encima de 1990 y el objetivo a 2030 supone reducirlas en 37 puntos. La ley prevé una revisión quinquenal de objetivos. Entre 2020 y 2039, el Gobierno desarrollará procedimientos de concurrencia competitiva para instalar un mínimo de 3.000 MW de potencia al año. Habrá planificación de redes de electricidad y gas y el regulador podrá establecer mecanismos para recortar la retribuciòn de las empresas si hay retrasos no justificados.

Sobre hidrocarburos, el borrador prevé el fin de autorizaciones de exploración a partir de la aprobación de la ley. Además, se prohíbe el fracking. También entrará en vigor la prohibición de subsidios o incentivos al consumo de combustibles fósiles.

La fecha de vencimiento es el el año, mes, día y hora límite para cumplir una obligación contractual.

El concepto de fecha de vencimiento es frecuentemente utilizado en obligaciones contractuales que tienen que ver con el pago de deudas o cuantías pendientes. Así, es frecuente el uso de este concepto en los mercados de deuda, así como en el pago de facturas o pagarés de empresa.

Conviene saber que al tratarse de una obligación contractual, debe estar registrada en algún sitio y ser fija, salvo indicación contraria, desde el momento en que se adquiere la obligación. Esto es, las partes no pueden cambiar de forma unilateral la fecha de vencimiento. Por ejemplo, imaginemos que tenemos como fecha de vencimiento el 31 de diciembre de 2023 a las 23.59. Salvo que el contrato especifique que el acreedor puede cambiar a placer la fecha, dicha fecha se mantendrá fija en el tiempo.

Con todo, existen determinados contratos en los que no existe fecha de vencimiento. Por ejemplo, las participaciones preferentes son participaciones perpetuas. Es decir, para siempre. A menos, eso sí, que consigan venderse en el mercado secundario.

¿Por qué es importante la fecha de vencimiento?

Conocer la fecha de vencimiento es importante porque si no se ha cumplido la obligación contractual una vez pasada dicha fecha, podrían comenzar los problemas legales. Por ejemplo, una persona (acreedor) presta a otra 10.000 dólares (deudor). Fijan como plazo de vencimiento 3 meses. Dado que es 22 de julio de 2025, la fecha de vencimiento es el 21 de octubre a las 23:59. Por tanto, si el 22 de octubre, el deudor no hubiera devuelto el dinero al acreedor, el acreedor puede emprender acciones legales contra el deudor.

O bien, en caso de no hacerlo, puede exigir intereses de demora. Es decir, intereses extra por tardar de más en pagar.

La fecha de vencimiento también es importante para pagarés o facturas. Así, por ejemplo, una factura con fecha de vencimiento indicará que tiene como fecha límite la dispuesta. Prestar atención a este tipo de detalles puede ahorrar problemas tanto al acreedor como al deudor.

En otros casos no tienen porqué existir problemas legales. Por ejemplo, en el caso del comprador de una opción financiera. La fecha de vencimiento nos avisa cuando podremos ejercitar nuestro derecho. En caso de que pase dicha fecha y no hayamos ejercitado el derecho, el derecho se extingue y con él la obligación del vendedor de la opción. Por decirlo de algún modo, es nuestra fecha límite.

Cómo se eligen las fechas de caducidad y la verdad sobre si sirven de algo

En primer lugar, es frecuente que las grandes compañías trabajen directamente con los patógenos que más suelen colonizar sus productos para estudiar cómo se comportan cuando lo contaminan. Por ejemplo, se puede incorporar una cepa de Listeria monocytogenes en un paquete de fiambre para analizar qué es lo sucede durante las fases de transporte, almacenamiento en el supermercado y provisión en el frigorífico doméstico.

La fecha de caducidad solo sirve de guía. A veces son las negligencias del propio consumidor las principales causas de la degradación prematura

Cada microorganismo potencialmente peligroso tiene dosis que suelen resultar inocuas. Tras estudiar, sin embargo, el tiempo que el alimento permanece almacenado, se puede establecer el momento en el que la cepa llega a alcanzar unos niveles que desaconsejan su consumo. A partir de esa información, la empresa puede determinar los números que acompañarán a las palabras “fecha de caducidad”. Lógicamente, las compañías tienden a no pillarse los dedos y se protegen además con un margen de seguridad, siendo el día señalado anterior al verdadero instante en el que el riesgo se pudo detectar en el laboratorio.

Otra posible técnica para obtener la fecha se basa en la utilización de herramientas informáticas basadas en modelos matemáticos. Se trata de auténticas calculadoras en las se introducen datos como el producto en sí, la humedad, la acidez o la temperatura estándar de almacenamiento.

Una tercera opción consiste, simplemente, en estudiar el alimento sin recurrir a simulaciones numéricas ni biológicas, simplemente tomando muestras del mismo a lo largo de un periodo. Esta sencilla técnica permite conseguir valores químicos y microbiológicos exactos. Su principal provecho, sin embargo, se encuentra en que aquí se pueden analizar también variables sensoriales, como el sabor o el olor, a lo largo de la fase de degradación.

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Las empresas pueden también emular el deterioro en cámaras especialmente acondicionadas donde consiguen controlar factores como la temperatura o la concentración de oxígeno. Tales cámaras se convierten en auténticas máquinas del tiempo capaces de acelerar los procesos de descomposición.

Resulta evidente que todas estas soluciones son demasiado costosas y necesitan de grandes medios que no todas las empresas alimentarias se pueden permitir. ¿Cómo se las apañan entonces las compañías más pequeñas? La solución para ellas pasa por recurrir a la asesoría externa o en los casos más extremos, estimar la propia fecha de caducidad según los datos que maneja la competencia.

Con todo, la principal lección que habría que extraer es que la fecha de caducidad solo sirve de guía. Entre otros factores, es a veces el propio consumidor el principal causante de una degradación prematura ante negligencias como la conservación de los alimentos a temperaturas inadecuadas o las malas condiciones sanitarias para la preservación. La seguridad alimentaria es una labor tan compleja que a veces los pocos consejos que se pueden dar se basan en la intuición y en la información que se puede extraer del producto a través de nuestros sentidos. En el caso de que un alimento se halle en dudoso estado, las autoridades aconsejan evitar el consumo.

Diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente

BLOG DE MANIPULADOR DE ALIMENTOS 13 de mayo de 2019

Parecen lo mismo, pero «fecha de caducidad» y «fecha de consumo preferente» indican conceptos diferentes. Sin embargo, una parte muy importante de los consumidores consideran que, a partir de la fecha que aparece en el envase, el producto no se debe consumir. De esta forma, hacen una lectura que iguala ambos términos, sin reparar en su distinto significado.

Uno de los problemas asociados a esta incorrecta interpretación de las fechas en los envases es que termina provocando un enorme desperdicio de comida. De acuerdo a los expertos, llegamos a tirar a la basura una media de 300€ anuales en comida que aún podríamos aprovechar. Algo que es, económica y moralmente, inexcusable.

Según encuestas realizadas en el Reino Unido, la confusión parece producirse por el formato de la leyenda que aparece en los envases. Esta suele indicar una fecha, un día y mes o un mes y año, y el consumidor solo repara en los números, sin fijarse en la frase que los acompaña: «fecha de consumo preferente» o «fecha de caducidad».

De esta forma, su reacción es tirar el producto cuando ha sobrepasado la fecha que aparece, cuando solo debería hacerlo si se refiere a la caducidad, que marca el momento en que se rebasa el límite de seguridad del alimento.

Hay que tener en cuenta que ciertos tipos de alimentos no necesitan indicaciones de fecha de duración. Son, por ejemplo, las frutas y hortalizas frescas sin procesar, vinos, productos de panadería de consumo inmediato, sal de cocina y vinagres, azúcar, productos de confitería elaborados casi de forma exclusiva con este ingrediente o gomas de mascar.

Y sin más introducción, veamos las diferencias entre uno y otro concepto…

¿Qué es la fecha de caducidad?

La fecha de caducidad establece el momento a partir del cual es producto no debe consumirse. El motivo es que empieza a ser peligroso para la salud y, por lo tanto, no es adecuado para comerlo.

Sin embargo, hay que recalcar que el producto sigue siendo apto para el consumo hasta el mismo día que aparece en la fecha. O sea, no porque lo compremos el mismo día que va a caducar significa que sea menos seguro.

El uso de este tipo de aviso sobre la caducidad se da, especialmente, en aquellos alimentos muy perecederos desde el punto de vista microbiológico. Son, por ejemplo, los pasteurizados (leche, yogur, cremas), y las carnes o envasados al vacío.

Dado el riesgo que estos alimentos pueden suponer para la salud tras un corto periodo de tiempo, se ha establecido la necesidad de marcar en los envases la fecha de caducidad. Esta información debe completarse con una descripción de las condiciones de conservación del alimento.

¿Qué es la fecha de consumo preferente?

El concepto que suele causar más confusión entre los consumidores el de Fecha de Consumo Preferente. Este se refiere al tiempo en el cual el producto, sin abrir, mantiene todas sus propiedades siempre que se haya guardado de la manera adecuada.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con la caducidad, pasada la fecha de consumo preferente el producto no va a conllevar ningún riesgo para la salud, aunque pueda haber perdido alguna de sus propiedades.

El uso más habitual de esta fecha se da en alimentos como el aceite, las legumbres, los purés, las cajas de leche o las conservas.

En el caso de las latas, en cualquier caso, es conveniente comprobar algunos aspectos antes de consumirlas. Así, hay que comprobar que no presenta ningún tipo de golpe o abolladura. Tampoco debe presentar hinchazón. En cualquier de estos casos, lo mejor es desechar el producto.

Las maneras de presentar la «Fecha de Consumo Preferente» son variadas. Podemos encontrar la frase «consumir preferentemente antes del…», cuando se especifique el día, o «consumir preferentemente antes del fin de o de finales de…», en los demás casos.

En general, en los alimentos cuya duración sea inferior a los tres meses, solo se suele indicar el día y el mes. Para los periodos de duración entre tres y dieciocho meses, bastará indicar mes y año. Por último, para alimentos cuya duración supere los dieciocho meses, bastará con indicar el año.

¿Qué es la vida útil de un alimento?

Se denomina vida útil de un alimento al periodo de tiempo que va desde su elaboración hasta el momento en que deja de tener una calidad aceptable para su consumo.

La vida útil, de esta manera, marca el tiempo durante el alimento en cuestión es apto para ser consumido o, en otros casos, el periodo durante el que mantiene unas características sensoriales, funcionales y nutricionales aceptables.

Todo esto viene recogido en el Reglamento UE 1169/2011, que marca la normativa sobre el etiquetado a nivel de la Unión Europea. Esta ley marca todas las obligaciones de la industria alimentaria sobre la fijación de las fechas de caducidad y las de consumo preferente.

¿Y si se ha abierto el envase?

Sin duda, todos hemos escuchado advertencias sobre los envases que encontramos abiertos en las tiendas. Lo cierto es que tienen una base cierta en relación con la seguridad alimentaria.

Tanto las fechas de caducidad como las de consumo preferente están establecidas partiendo de unos parámetros de almacenamiento y conservación concretos. Igual que a nadie se la ocurriría coger un producto de la sección de refrigerados que estuviera colocado, por ejemplo, con los de limpieza, no deberíamos tampoco comprar los que tengan el envase abierto.

La cuestión es que, en ese caso, los parámetros establecidos por el fabricante se han vulnerado. Esto puede provocar que la vida del producto se acorte considerablemente. De hecho, si leemos con atención las etiquetas, en muchos artículos aparecen las condiciones de conservación una vez abierto el envase del producto.

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