Comer carne caducada

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10 alimentos que se pueden comer “caducados”

Los alimentos pueden tener fecha de caducidad o fecha de consumo preferente. La diferencia es muy clara: si se consumen después de su fecha, los primeros pueden poner en riesgo nuestra salud mientras que los segundos no son peligrosos.

No hay problema por consumir estos 10 alimentos con fecha de consumo preferente días o semanas después, mientras no estén abiertos ni presenten signos de estar deteriorados. Eso sí, puede que tengan peor sabor o textura:

  1. Yogures.
  2. Pan de molde.
  3. Patatas fritas y frutos secos.
  4. Bollos y galletas.
  5. Refrescos y alcohol.
  6. Pastas, arroces y legumbres.
  7. Mermelada y mantequilla.
  8. Embutidos y quesos curados.
  9. Sopas y salsas de sobre.
  10. Envases de tomate.

Alimentos calificados como “no perecederos”

Por otro lado, hay alimentos que no llevan ni fecha de caducidad ni fecha de consumo preferente, como por ejemplo: las bebidas alcohólicas con una graduación superior a un 10% del volumen; frutas y hortalizas fresca; pan y bollería de consumo en 24 horas, vinagre, sal, azúcar, chicles… Eso no quita que se estropeen al cabo del tiempo, pero no tienen obligación de llevar una fecha de caducidad.

Concretamente las bebidas alcohólicas algunas sí que se estropean con el paso del tiempo, aunque sean años, por lo que las organizaciones de consumidores venimos defendiendo que deberían llevar fecha de consumo preferente. Hay vinos que lejos de mejorar se estropean con el tiempo y aunque no suponga un riesgo para la salud, merma mucho la calidad del producto.

Para las frutas y las verduras, tu paladar es el mejor juez: el aspecto, el sabor, la textura y el olor del alimento permiten saber en qué estado se encuentran. Echa un vistazo y cómetelas si no están exageradamente pochas o deterioradas. Es importante retirar las zonas podridas o enmohecidas, quitando un buen trozo a su alrededor, al menos un centímetro o incluso algo más.

Cuidado con la carne y el pescado

Con lo que sí debes tomar precauciones es con la carne y el pescado, que se ponen malos rápidamente. Pasada la fecha de caducidad, hay que abstenerse de comer carnes, pollo, pescado o queso fresco. El riesgo puede presentarse incluso antes de esa fecha si los alimentos no se han conservado a temperaturas adecuadas. Existe la posibilidad de que sean portadores de microbios y algunos de ellos, al proliferar, desencadenen intoxicaciones y enfermedades.

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¿Te atreverías a comer solo productos caducados o a hurgar entre la basura? Un hombre en Nueva York lo hizo y tras el experimento, esto fue lo que le ocurrió…

Casey Williams, es un colaborador de la edición estadounidense del diario The Huffington Post, que se alimentó una semana con “deshechos” y siguió vivo.

Entre melocotones de colores extraños, verduras marchitas, y trozos de pollo y tocino pasado de fecha, comprobó entre algunos sabores desagradables, que el etiquetado establecido a varios productos, indica cuándo los alimentos perderán su frescura, y no que estos sean tóxicos y debas mandarlos a la basura.

En varios países como EU, ya existe una ley que señala sustituir el sistema de etiquetado actual por una que indique claramente cuándo los productos resultan nocivos para el consumo, situaciones que difieren en gran medida.

Hay algunos alimentos como las carnes que pueden conllevar un leve riesgo de enfermedades una vez vencida la fecha de caducidad que señale su empaque, a menos de que esta huela mal, tenga un color extraño o esté viscosa; aunque lo mejor es tirarlo si dudas sobre su calidad.

Lo cierto es que se puede aprovechar muchísima comida en buen estado, antes de que los supermercados decidan tirarla y de esta manera, alimentar a personas en situación vulnerable. El reto está en modificar los indicadores en los alimentos.

Por ello, si ves algo marchito o con olor raro en el refrigerador, que no sepa a veneno, lo más probable es que sea comestible, aseguró Casey Williams.

¿Te atreverías a comprobar este experimento?

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El mejor consejo para no sufrir ningún problema es respetar la fecha de caducidad o tener muy presente la fecha de consumo preferente

La salud es lo primero, esta frase la escuchamos a menudo. La dicen nuestros abuelos, la repetimos todos cuando pasado el sorteo de la Lotería de Navidad no nos ha tocado ni un reintegro. La salud es tan importante que cuando no la tenemos es lo primero que queremos recuperar. Por salud algunos se machacan en el gimnasio todos los días y otros mantenemos a raya la báscula. Para todos es muy importante la alimentación y el saber qué comemos, cómo lo comemos y hasta cuándo lo podemos comer, nos va a ocupar las siguientes líneas.

Como la salud es lo primero, debemos consumir alimentos que estén en perfectas condiciones, en lo que podríamos llamar su vida útil porque será cuando tengan sus propiedades específicas y funcionales “a tope”.

Todos sabemos si una fruta o una verdura está bien y la podemos comer por su sabor, olor y su aspecto que ya nos da bastantes pistas. Pero y ahora que tenemos de plena actualidad “la crisis de la listerioris”, los alimentos envasados, ¿están en perfectas condiciones para no poner en peligro nuestra salud? ¿En qué debemos fijarnos para saber si son aptos para el consumo?

“Lo primero que hay que mirar en un alimento para no poner en riesgo la salud es fijarnos si tiene fecha de caducidad o fecha de consumo preferente. ¿Con qué no nos tenemos que jugar el tipo? Consumiendo alimentos que llevan fecha de caducidad una vez superada la fecha que indica el fabricante porque si se supera corres un riesgo” advierte María Rosa Urdiales, miembro de la Junta de la Sociedad Española de Seguridad y Calidad Alimentarias (SESAL) e inspectora veterinaria del Área Sanitaria de Gijón del Principado de Asturias.

Lo primero, por tanto, es diferenciar estas dos cuestiones a la hora de saber cuándo un alimento ya no lo podemos consumir: la fecha de consumo preferente o fecha de duración mínima de un alimento que nos indica el tope hasta que un alimento conserva todas sus propiedades funcionales, específicas, siempre que se haya almacenado y conservado correctamente.

Por otra parte, está la fecha de caducidad, que se utiliza para establecer la fecha útil de un alimento a partir de la cual ese alimento puede suponer un peligro inmediato para la salud humana. Esto nos lleva a un axioma: no podemos lanzar el mensaje de que cualquier alimento caducado se puede consumir con seguridad.

¿Todos los alimentos tienen fecha de caducidad y fecha de consumo preferente? La respuesta es NO en mayúsculas. “No, hay alimentos con fecha de caducidad y otros con fecha de consumo preferente. Esas fechas las establecen las propias industrias alimentarias que son las que determinan hasta cuando un alimento está en perfectas condiciones y es seguro para consumir. La fecha de caducidad la llevan productos muy perecederos que tienen una vida útil muy corta como un producto cárnico cocido y loncheado envasado tratado con calor, estos son productos con fecha de caducidad porque a partir de esa fecha aparecen gérmenes, bacterias que pueden crecer en ese envase y ser perjudicial para la salud” nos explica María Rosa Urdiales poniendo el acento en que son las empresas alimentarias las que ponen la fecha “jugando con un margen de seguridad, y son ellas las que saben ese límite por lo que es muy importante no consumirlos después de la fecha” impresa en el envasado.

Otra cosa es si hablamos de alimentos con fecha de consumo preferente, en este casono hay problema. Por ejemplo, las galletas. “Son alimentos seguros que después de su fecha de consumo preferente puede haber perdido su textura, no estará tan rica como antes de esa fecha, pero no es un riesgo para la salud”, asegura la inspectora que ante la pregunta de si podemos comer un pan de molde que ha comenzado a tener moho por una esquina nos advierte que “tendríamos que saber qué tipo de moho le ha salido al pan, ya que el moho libera micotoxinas al interior del pan” y eso si nos podría perjudicar la salud.

Lo que es muy importante para que un producto se conserve en buenas condiciones es “respetar las indicaciones de conservación que pone el fabricante”. Si esa fecha de consumo preferente se supera veremos signos que nos indica que el periodo de consumo optimo se ha superado.

Lo vemos muy claro cuando nos comemos un yogur caducado, “veremos que el yogur tiene mucho suero arriba, ¿por qué? Porque superada la fecha que ha puesto el fabricante ya no se garantiza que las cualidades del alimento sean las óptimas. A nivel de seguridad alimentaria, ¿hay algún problema? Pues puede que no te pase nada si hablamos de yogur, pero con otros alimentos puede que sí tengamos problemas”.

Otro ejemplo importante de caducidad: “la leche fresca es leche pasteurizada que ha sufrido un tratamiento térmico ligero, suficiente para destruir la flora patógena, los microorganismos que pueden producir enfermedades, pero la vida útil que tiene es muy reducida y enseguida se acidifica porque hay mucha flora que no se ha destruido con la pasteurización”.

La LISTERIA, un germen que se multiplica cuando el producto está caducado

“La listeria es un germen que puede aparecer en productos envasados de carne o pescado. Si nos pasamos de la vida útil de un alimento y este es susceptible de tener listeria se puede multiplicar y ya no es bueno para el consumo porque la listeria es un germen que no tiene competidores, puede crecer en condiciones donde no hay aire porque apenas necesita oxígeno y crece a temperaturas de refrigeración por lo que puede crecer incluso en cadenas de frío. Por eso puede crecer en cualquier producto envasado al vacío” .

Por tanto, si consumimos un alimento que conlleva riesgo una vez superada la fecha de caducidad de contener un germen como el de la listeria tan de actualidad, “nos arriesgamos a sufrir problemas de salud” nos advierte la experta en seguridad alimentaria.

Congelar alimentos envasados para alargar su vida útil

Congelar los alimentos siempre alarga su vida útil, ahora bien, es muy importante “ tener en cuenta en qué condiciones lo he comprado, con qué fecha de caducidad lo he comprado porque no es recomendable andar congelando productos con el objetivo de alargar la vida útil, la congelación va a alargar la vida, pero no mata los microbios si los hubiera, los mantiene en estado latente y cuando se descongela el producto si tiene una contaminación microbiana elevada la va a seguir manteniendo” advierte María Rosa Urdiales que nos explica que para destruir un germen o una bacteria lo mejor es cocinar ese producto con calor.

Cuando una empresa alimentaria hace un estudio de la vida útil de sus productos ya tiene en cuenta que la cadena de frío se va a romper durante el periodo en el que se hace la compra.

El peligro está en casa

En las casas se producen la mayoría de las intoxicaciones e infecciones alimentarias por la mala manipulación que hacemos de los alimentos.

El arroz y la pasta pueden tener un problema con el bacillus cereus muy resistente al calor, y si dejamos enfriar ese arroz o pasta a temperatura ambiente pueden germinar las esporas y producir una toxina que nos puede llevar a enfermar.

¿Cuánto nos duraran en la nevera las comidas elaboradas en casa? “Todo dependerá de la materia prima, pero una vez cocinado, cuatro o cinco días bien conservado en recipientes de uso alimentario y en refrigeración sería el periodo adecuado” nos explica María Rosa Urdiales, miembro de la Junta de la Sociedad Española de Seguridad y Calidad Alimentarias (SESAL).

El vértigo con el que se desarrolla nuestra vida, la vorágine en la que nos movemos nos impide, a veces, estar pendientes de cosas tan sencillas y a la vez importante como la etiqueta e los alimentos en las que nos informan de su caducidad. Hay veces que si no nos hemos fijado, no pasa nada porque el mismo envase nos indica que lo que contiene se ha estropeado, por ejemplo porque se abomba; pero en otras ocasiones no cambia el aspecto físico y aquí es cuando nuestra salud corre un gran riesgo. “El problema es cuando hay un alimento que no altera las condiciones del envasado y nos lo comemos creyendo que está bien y no lo está” dice la experta en seguridad alimentaria que nos reclama estar atentos.

Autora: Raquel Pérez Polo. Redactora COPE

¿Se puede consumir un alimento caducado?

“Veo un yogur en la nevera y ya puede poner la fecha que quiera, que yo me lo voy a comer”, “me como los yogures cinco días más tarde y nunca me han sentado mal”, estas son algunas de las declaraciones que hizo el ministro español de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, sobre el tema de los alimentos caducados. El ruido y la polémica estaban servidos. Pero no solo en el Gobierno se han llevado las manos a la cabeza, en los hogares españoles es habitual ver cómo los miembros de una familia discuten a cuenta de si un alimento que ha pasado la fecha impresa en el envase se puede o no ingerir. Hay opiniones y estómagos para todos los gustos, pero lo realmente importante es que no todos los alimentos aguantan igual el paso del tiempo. No es lo mismo un yogur que una carne picada.

La vida útil de la comida perecedera (la que lleva fecha de caducidad) varía entre dos y treinta días según el tipo de producto del que hablemos. Una vez superada la fecha límite, no se puede garantizar su seguridad. Consumirla es un riesgo, una lotería.

Sin embargo, los productos no perecederos (todos los que llevan fecha de consumo preferente a excepción del huevo) como el queso, los encurtidos, los helados, las legumbres o los congelados pueden durar años sin causar problemas, explican desde la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB).

Hay opiniones y estómagos para todos los gustos, pero lo realmente importante es que no todos los alimentos aguantan igual el paso del tiempo

Estas son las pautas a seguir cuando un alimento haya sobrepasado su vida útil:

  1. Alimentos con fecha de caducidad y huevos: no son seguros y no se deben consumir. Es muy importante tener en cuenta que algunos microorganismos que pueden producir problemas de salud muy graves pueden estar presentes en los alimentos sin alterarlos. Por eso los alimentos perecederos pueden ser peligrosos pasada la fecha de caducidad, aunque tengan sabor, olor y textura normal. Por lo tanto, nunca se debe decidir si se consume o no en función de su aspecto o su olor: una vez superada la fecha de caducidad se deben desechar.
  2. Alimentos con fecha de consumo preferente: se pueden consumir después de esa fecha, pero su calidad puede haber disminuido.

¿Qué ocurre en el cuerpo si te comes un alimento caducado?

Un alimento perecedero que ha pasado la barrera de seguridad marcada por la fecha de caducidad puede presentar microorganismos patógenos que dan lugar a toxiinfecciones alimentarias de distinta gravedad. Se conoce como toxoinfección el conjunto de patologías producidas por los microorganismos y engloba tanto las intoxicaciones (la enfermedad se desencadena por la ingestión de una toxina producida por el microorganismo aunque él ya no esté presente) y las infecciones (la patología aparece por la ingestión del microorganismo).

La mera presencia de la toxina o del microorganismo no es suficiente para desencadenar la enfermedad. La intoxicación solo se produce si hay una cantidad suficiente de toxina y para desarrollar una infección debe haber un número mínimo de microorganismos (carga infectiva, que es diferente para cada patógeno). El mecanismo de acción es diverso y los síntomas pueden estar localizados a nivel intestinal (diarrea, hinchazón, flatulencias, meteorismo, dolores abdominales) o sistémico (fiebre, deshidratación, debilidad, dolor de cabeza, calambres, parálisis…).

“En España se producen 15.000 casos de daños por ingesta de alimentos caducados al año, no hay que tomárselo a la ligera, especialmente en personas que forman parte de grupos de riesgo como son los niños, las mujeres embarazadas y los ancianos”, explica Alfonso Carrascosa, doctor en biología y científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

13 alimentos envasados que sorprendentemente puedes consumir después de que hayan vencido

Y no habrá ningún problema.

Aquella tarde 2012 estaba en casa de mi tía Marty y se me antojó una leche con chocolate. Me la preparé, me la tomé y, como me agrada mirar las fechas de caducidad para ver si coincide con el cumpleaños de algún amigo, me di cuenta que el producto ya estaba muy caducado.

Ese chocolate lo tenía mi tía desde que iba de vacaciones a su casa cuando era preadolescente, y en 2012 ya era toda una universitaria.

Me declaro culpable y miembro del grupo de esas horribles personas que tienen la alacena medianamente llena de alimentos caducados. La cosa es que, para la buena suerte, no pasa nada si algunos de ellos los comes después de la fecha de la etiqueta. ¡Mira cuáles son!

1. Si los mantienes refrigerados, los puedes comer hasta tres semanas después de la fecha de caducidad

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2. Si se ve y huele bien, entonces no dudes en consumirla hasta una semana después

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3. Mantén el whisky en posición vertical, en un ambiente oscuro y a temperatura adecuada, así podrás consumirlo indefinidamente

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4. Ningún problema que consumas verduras congeladas cuando están caducadas, pero la textura sí que puede cambiar con el tiempo

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5. Los quesos duros, como el parmesano y el cheddar, son seguros de consumir caducados siempre y cuando elimines cualquier hongo (es normal que salgan)

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6. Los alimentos enlatados pueden durar 4 cuatro años si los mantienes en un lugar fresco y seco. Eso explica un poco lo del chocolate de mi tía Marty que les conté

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7. ¡Buenas noticias! Aunque tenga manchas blancas causadas por la cristalización del azúcar, el chocolate es seguro de comer

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8. Los encurtidos pueden durar hasta 2 años, aunque tal vez pierdan parte de su textura

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9. Las galletas «sobreviven» 3 semanas después de su fecha de vencimiento

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10. Incluso con un poco de moho en las hojas de lechuga es seguro consumirlas si han pasado sólo unos días caducadas

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11. Las pastas secas pueden tener una vida útil de 3 años, siempre y cuando estén almacenadas en un recipiente hermético

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12. Una barra de pan puede durar hasta 2 semanas si la mantienes en refrigeración

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13. El yogur sin abrir es seguro de consumirlo hasta dos semanas después de caducado

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Puede ser una lata de gusanos, pero su pregunta es muy válida cuando, según Wikipedia:

Cada año en los EE. UU. hay 76 millones de enfermedades transmitidas por alimentos, lo que lleva a 325,000 hospitalizaciones y 5,000 muertes.

Aparte de eso, vale la pena señalar los hechos sobre el queso duro y su longevidad. En primer lugar es un producto rico en grasas. La grasa se vuelve rancia, no está mal a menos que desarrolle moho . Por lo tanto, si se ve libre de moho, huele y sabe bien, no habrá ningún problema. De hecho, incluso si el queso ha desarrollado un moho, no necesariamente significa que lo enfermará, ya que el intestino humano ha sido diseñado para lidiar con muchos mohos que ocurren naturalmente.

Datos históricos : el queso duro fue «inventado» como una forma de preservar un producto hecho en tiempos de abundancia, para ver los tiempos de hambre. Las propiedades y el contenido inherentes (grasa y sal) son productos de larga duración que ninguna cantidad de industrialización puede destruir. Estos quesos incluyen Cheddar, Parmesano, Emmenthal y Edam.

Mi experiencia personal : actualmente tengo queso en el refrigerador comprado en el extranjero y tres o cuatro meses después de su fecha de caducidad. Esto sucede regularmente todos los años, porque no puedo vivir sin mi Cheddar extra maduro. En ningún momento hemos estado enfermos como resultado de comer queso desactualizado. SIN EMBARGO, no es bajo en grasa ni rallado. Si el queso rallado se acerca a su fecha de caducidad y no tiene intención de usarlo en el futuro cercano, simplemente introdúzcalo en el congelador.

Vida útil Una iniciativa del Reino Unido para reducir el desperdicio de alimentos puede ser de interés. WRAP (Waste & Resources Action Program) es una organización benéfica registrada en el Reino Unido que trabaja con «empresas, individuos y comunidades para lograr una economía circular ayudándoles a reducir el desperdicio, desarrollar productos sostenibles y utilizar los recursos de manera eficiente». Es pertinente que todo el etiquetado «use by» se esté analizando. Según WRAP, el 33% de todos los alimentos producidos se desperdician a lo largo de la cadena de frío o por el consumidor. Al mismo tiempo, una gran cantidad de personas se enferman cada año debido a la comida en mal estado.

Lo que nos lleva a su pregunta de cuánto tiempo pasará antes de enfermarse si el queso era «malo». El período de incubación, es decir, el tiempo entre comer alimentos contaminados y el inicio de los síntomas, puede ser tan corto como unas pocas horas o tan largo como varias semanas. Es menos probable que el queso duro cause intoxicación alimentaria grave, pero se puede encontrar Salmonella y Listeria y otras bacterias en una variedad de alimentos refrigerados y listos para el consumo, incluidos quesos como el queso azul suave, el brie y el camembert. También se desarrollará y crecerá en un ambiente refrigerado. Más información aquí. También vale la pena mencionar que la mayoría de las muertes por intoxicación alimentaria son de E. coli y Listeria, con los más pequeños, los ancianos y aquellos con un sistema inmunológico comprometido en mayor riesgo.

¿Todavía te confundes con la fecha de caducidad y la de consumir preferentemente antes de? Esto es todo lo que debes saber.

Los españoles tiramos un tercio de los alimentos que se producen, un total de 7,7 millones de toneladas cada año, según la Organización de Consumidores y Usuarios. Gran parte de este desperdicio se debe a que las grandes cadenas alimenticias se ven obligadas a quitar de la circulación alimentos que superen tanto la fecha caducidad como la fecha de consumo preferente.

Según la legislación española (Real Decreto 1334/1999), en todo producto alimenticio debe figurar la “fecha de duración mínima o la fecha de caducidad”. Además, la normativa establece que si el consumidor adquiere un alimento pasado de fecha, tiene derecho a sustituirlo por otro cuya fecha de caducidad no haya pasado.

Parece lógico pensar que gran parte de esa comida se encuentra todavía en condiciones de ser aprovechada, así que el dilema ante las fechas abre un debate en el hogar: ¿realmente se estropea la comida o no pasa nada por consumirla después de la fecha indicada?

Diferencias entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente

Solemos equivocamos al interpretar las etiquetas de los envases por los distintos significados de las etiquetas de “fecha de caducidad” -la fecha límite- y “fecha de consumo preferente” -la fecha recomendada-. Estas etiquetas se refieren a cosas diferentes y el consumidor suele desconocerlo, por lo que se genera una confusión entre lo que es comestible y lo que no.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) explica a La Vanguardia que por fecha de caducidad “se entiende que un producto no se debe ingerir a partir de la misma con el fin de evitar eventuales problemas sanitarios”.

En cambio, si los alimentos son de mayor duración, en el envase aparecerá la fecha de consumo preferente, que “indica que su contenido, después de ese día, ya no ofrece toda su calidad al consumidor”.

Respecto al desconocimiento de información que tenemos en el ámbito de la alimentación, CEACCU, la primera organización de consumidores de España, ofrece en su Encuesta de hábitos de consumo 2016 algunas conclusiones esclarecedoras, pues aunque el consumidor es cada día más exigente y posee mejores herramientas para informarse, ello no se traslada a un mejor conocimiento.

Solo el 44% lee siempre la etiqueta y un 56% piensa que las etiquetas no le son útiles por su confusión y escasa visibilidad. Y, aunque muchos conocemos bien la diferencia entre la fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, no prestamos la atención necesaria, con el consiguiente riesgo para la salud que esto puede suponer.

La duración de un producto no solo depende de su elaboración, sino de las condiciones a las que pueda enfrentarse en el transporte, almacenaje, en la tienda, y en hogares del consumidor”

La duración de un producto no puede ser matemática porque no solo depende de su elaboración, sino de las condiciones a las que pueda enfrentarse en el transporte, almacenaje, en la tienda, y en hogares del consumidor. Pero ningún alimento dura para siempre, y son las empresas las responsables de determinar la vida útil de un producto.

Las compañías fabricantes, tras realizar los estudios y análisis que están obligadas a realizar, se aseguran siempre de fijar la fecha al menos varios días antes de que el producto ya no sea seguro, estableciendo cada fabricante el margen de seguridad que desee y asegurándose así de que se consume mucho antes de que no sea comestible.

Qué alimentos podemos comer después de la fecha indicada en el envase

Si un producto tiene una fecha de caducidad o consumo preferente en el paquete, los consumidores debemos atenernos a ella para determinar cuándo usarlo o congelarlo. Pero una vez pasado ese tiempo, hay alimentos que se pueden seguir consumiendo: dependiendo del tipo de fecha al que se refiera el producto, podremos hacerlo o no.

La “fecha de caducidad” figura en los alimentos microbiológicamente muy perecederos (una pequeña minoría, como las carnes picadas o las verduras preparadas) y en ningún caso deben consumirse pasado el momento. De hecho, las propias empresas están obligadas a incluir una leyenda que indica que pueden suponer un peligro para la salud.

“Consumir preferentemente antes de” indica la fecha hasta la cual los alimentos conservan sus propiedades específicas (siempre que sean adecuadamente conservados) y hace referencia a aspectos organolépticos (presencia, textura, sabor) y nutritivos. Es decir, después de esa fecha, pueden consumirse sin riesgo para la salud, aunque con cierta pérdida de calidad de cuya responsabilidad queda exenta la empresa fabricante.

Aunque se haya superado en unos días la fecha de consumo preferente, hay algunos productos que podemos seguir consumiendo sin correr ningún peligro, siempre que conserven buen sabor.

Solo el 44% lee siempre la etiqueta y un 56% piensa que las etiquetas no le son útiles”

Lo mismo ocurre con los embutidos al vacío o en atmósferas modificadas, salvo en algunos casos, como en el del pavo o el jamón cocido. Al tener mucha agua, estos productos son más frágiles, mientras que los curados o los quesos son más resistentes.

Las bebidas refrescantes y las alcohólicas también pueden consumirse más tarde de lo indicado sin que ello suponga un peligro para la salud, aunque en ocasiones sepan peor o se evapore parte del contenido. Los refrescos suelen perder dulzor porque los edulcorantes se pueden descomponer, y las bebidas alcohólicas destiladas duran mucho tiempo, incluso una vez abiertas.

Diferencias entre los distintos tipos de envase

– Congelados: para conservar un producto con fecha de caducidad podemos recurrir al congelado, aunque perderá algunas cualidades, sobre todo la textura. Si al descongelar carnes o pescados sobra comida o no los consumimos en 24 horas (el tiempo recomendado por los expertos), podemos volver a congelarlo.

Los productos que habitualmente congelamos tienen un tiempo de conservación muy variable. Carnes, pescados y frutas pueden aguantar bastante, mientras que los lácteos o los huevos resisten peor al paso del tiempo en el congelador.

– Productos enlatados y conservas: son los que aguantan mejor el paso del tiempo y suelen tener una fecha de dos años de consumo preferente desde su conservación. Una excepción son los alimentos ácidos, como los productos de tomate en conserva y los frutos cítricos en conserva, que solo se mantienen año y medio.

– Envases al vacío: logran que los alimentos conserven su frescura hasta cinco veces más, ya que reducen la presión parcial de oxígeno y limitan el crecimiento de bacterias aeróbicas. Sin embargo, las bacterias anaeróbicas, que no necesitan del oxígeno, sí pueden proliferar en estos envases.

Los productos enlatados son los que mejor aguantan el paso del tiempo y suelen tener una fecha de dos años de consumo preferente desde su conservación”

Es imposible predecir cuánto tiempo pueden mantenerse frescos, ya que depende de las condiciones en que se encontrara el producto en el momento del envasado.

Lo que sí es importante tener en cuenta es que el envasado al vacío no sustituye a la refrigeración ni a la congelación, por lo que los alimentos que lo precisen deberán refrigerarse o congelarse igualmente una vez envasados y seguir los tiempos indicados para el congelado.

Al margen de la información de que dispongamos sobre cada tipo de producto y de lo que leamos en las etiquetas, se recomienda usar siempre el sentido común. Si un producto tiene moho visible, olores desagradables u otros signos de deterioro, la presencia de microorganismos peligrosos estará prácticamente asegurada. En estos casos, no debemos dudar en tirarlos a la basura.

Si tenemos alguna otra pregunta, podemos consultarla con AESAN, bien planteando nuestra pregunta a través del formulario disponible en su página web, o bien consultando la información disponible en el apartado dedicado al consumidor, muy completa y actualizada.

Etiquetado de las bebidas alcohólicas: muy lejos de dar buena información.

No te molestes en buscar.

Las etiquetadas de las bebidas alcohólicas de más de 1,2° no te dicen qué ingredientes llevan ni cuántas calorías aportan.

Porque el Reglamento 1169/2011 no les obliga (al resto de productos alimentarios sí).

Pero parecía que esta situación tenía los días contados cuando hace un par de semanas la Comisión Europea emitió un informe para solucionarlo.

Y, después de todo, vamos a seguir igual.

¿Por qué las bebidas alcohólicas no incluyen la lista de ingredientes ni la información nutricional?

Es llamativo que las bebidas alcohólicas no tengan obligación de presentar la lista de ingredientes ni la información nutricional cuando prácticamente todos los alimentos deben hacerlo (incluyendo otro tipo de bebidas).

Es verdad que algunos alimentos están libres de dar algunos datos. Pero son alimentos que se presentan sin envasar (o en envases muy pequeños) o productos sin transformar (como la carne o las frutas).

Y las bebidas alcohólicas siempre se venden envasadas y son productos elaborados, compuestos de varios ingredientes.

El asunto viene de largo. Concretamente de 1978 cuando el Consejo Europeo publicó la Directiva 79/112, como primera aproximación para legislar el etiquetado de los alimentos.

En ella se dejaba hasta 1982 para que el Consejo estableciera las normas para el etiquetado de los ingredientes en las bebidas alcohólicas de más de 1,2°. Para ello, la Comisión tenía que elaborar una propuesta.

Y la Comisión lo hizo. En 1982 y en 1992, per o el Consejo no las aceptó y durante ese tiempo las bebidas alcohólicas siguieron sin tener una norma sobre la lista de ingredientes.

Una tercera propuesta del 1997 ya estuvo entre los punto de debate de una reunión del Consejo en 2002 y se acordó que la lista de ingredientes en las bebidas alcohólicas tendría que estar en consonancia con el del resto de alimentos.

Y en 2008, una propuesta de la Comisión dio origen a la norma que regula toda la información alimentaria que recibimos los consumidores ahora mismo, el Reglamento 1169/2011. La Comisión proponía que las bebidas alcohólicas estuviesen obligadas a mostrar información sobre la lista de ingredientes y sobre los valores nutricionales.

Pero saca de la propuesta al vino, la cerveza y las bebidas espirituosas.

Lo que, plasmado en el Reglamento 1169/2011, hace que las bebidas con más de 1,2° de volumen de alcohol no tengan que llevar ni lista de ingredientes (exceptuando los posibles alérgenos, que sí deben indicarse) ni los valores nutricionales.

Esto hace que, en la práctica, casi ninguna bebida alcohólica tenga que incluir esta información (la obligación se reduce a las cervezas “sin alcohol” y poco más).

El Reglamento permite que los países de la Unión Europea mantengan o desarrollen normas nacionales que obliguen a declarar la lista de ingredientes en estas bebidas.

Y algunos países como Alemania, Austria, Croacia, Hungría o Rumanía (entre otros) lo han hecho.

Además, si se indica de forma voluntaria la información nutricional de estas bebidas, el Reglamento autoriza a que sólo se indique el valor energético (para el resto de alimentos se exige también la cantidad de grasas, ácidos grasos saturados, proteínas, hidratos de carbono, azúcares y sal).

¿Y en otros países?

Europa no es un caso único.

En muchos países no se incluye la lista de ingredientes ni la información nutricional en las bebidas alcohólicas.

En EEUU, el etiquetado de todas las bebidas de malta y de los licores y vinos de más de 7° no dependen de la FDA (Food and Drug Administration) sino del Alcohol and Tobaco Tax and Trade Bureau (la oficina de impuestos y comercio de alcohol y tabaco). Y no obliga a que estos productos incluyan la información nutricional.

El etiquetado nutricional sí es obligatorio para el resto de bebidas alcohólicas.

En Canadá las bebidas alcohólicas con una composición estandarizada (como el vino, la cerveza y algunas bebidas de alta graduación) están exentas de llevar lista de ingredientes. Y las que tengan una graduación superior a 0,5° tampoco necesitan exhibir sus valores nutricionales.

Y Australia sólo exige lista de ingredientes para las bebidas alcohólicas que no tengan un proceso de fabricación estandarizado y la cerveza, vino y bebidas espirituosas no tienen obligación de indicar sus valores nutricionales.

¿Es que el consumidor no tiene interés en conocer cuántas kilocalorías ingiere con las bebidas alcohólicas?

Las asociaciones de consumidores piensan que sí. Los resultados de una encuesta de 2007 (en los que la Comisión se basa para su informe de 2017) indican que más del 80% de los consumidores están de acuerdo en que las etiquetas de las bebidas alcohólicas mencionen la lista de ingredientes y los valores nutricionales.

Fuente Alcohol labelling and health warnings – Delphi survey Centre de Recherche et d’Information des Organisations de Consommateurs (CRIOC) (2007).

Por su parte la OMS en su Plan Europeo para reducir el uso dañino de alcohol 2012-2020 indica que “el etiquetado de las bebidas alcohólicas debería ser igual que para el resto de alimentos para asegurar que los consumidores tienen acceso a información completa sobre el contenido y composición del producto”.

Y es lógico.

Porque el Reglamento 1169/2011 insiste una y otra vez en que la información alimentaria es la base que permite a los consumidores tomar decisiones con conocimiento de causa y no se entiende que no se obligue a dar esta información a un producto que está en el mercado y es consumido de forma habitual (en España en 2015 se consumieron 1,79 litros de licor por persona, casi 42 litros de cerveza y casi 13 litros de vino –más de 55 litros de bebidas alcohólicas por persona).

Pongamos en contexto las calorías que ingerimos con las bebidas alcohólicas.

Un estudio de Euromonitor sobre el consumo de alcohol en 24 países concluyó que en todos ellos (excepto en Taiwan), las calorías ingeridas con las bebidas alcohólicas eran superiores a las consumidas con las bebidas azucaradas.

Considerando que en España en 2015 se consumieron unos 51 litros de bebidas azucaradas por persona frente a los más de 55 litros de bebidas alcohólicas, la valoración de Euromonitor probablemente se ajusta bastante bien a lo que pasa en nuestro país.

Desde hace unos años estamos realmente preocupados por la relación de las bebidas azucaradas con la obesidad y los reportajes sobre la presencia de azúcar en distintos alimentos se multiplican en todos los medios de comunicación.

La OMS recomienda aplicar medidas para reducir su consumo como gravarlas con impuestos que incrementen el precio un 20% y gobiernos de países como Portugal o Reino Unido tienen medidas legislativas para aplicarlos (en España el Gobierno también anunció que gravaría estas bebidas pero parece que la propuesta se está diluyendo y su aplicación es más que dudosa).

Y es necesario que se tomen medidas y que los consumidores nos concienciemos de cómo afectan a nuestra salud, así que bienvenido sea el bombardeo.

Pero por otra parte olvidamos que las bebidas alcohólicas no sólo contribuyen al aporte energético total de la dieta, sino que además tienen efectos adversos sobre nuestra salud precisamente por su contenido en alcohol (que la OMS relaciona con cáncer y enfermedades cardiovasculares).

Así que tenemos por una parte una saturación de información y medidas sobre las bebidas azucaradas mientras que en las bebidas alcohólicas ni siquiera podemos encontrar los valores de información nutricional.

El desequilibrio es total.

Y si añadimos que en muchas ocasiones se consumen juntas las bebidas azucaradas + bebidas alcohólicas, ¿por qué no se indican el aporte de energía de las bebidas alcohólicas en la etiqueta?

¿Qué información tienen que facilitar las bebidas alcohólicas de más de 1,2°?

En este momento, la etiqueta de las bebidas alcohólicas de más de 1,2° debe mostrar:

  1. La denominación de la bebida.
  2. Los ingredientes que puedan producir alergias o reacciones adversas. Como no indica la lista de ingredientes, puedes encontrar los alérgenos porque pone “Contiene + nombre alérgeno”.
  3. La cantidad neta.
  4. La fecha de caducidad: no se exige a los vinos ni a las bebidas de más de 10°.
  5. El nombre o razón social del fabricante.
  6. Grado alcohólico.

¿Qué propone ahora la Comisión?

El informe de la Comisión Europea propone que la industria presente de aquí a un año una propuesta de autorregulación para indicar los ingredientes y valores energéticos en el etiquetado las bebidas alcohólicas.

Es decir, que sea la propia industria de las bebidas alcohólicas la que diga cómo quiere mostrar esta información a los consumidores.

Siguen sin tener ninguna obligación de hacerlo.

¿Y si la propuesta de la industria no convence a la Comisión?

Entonces la Comisión estudiará qué opciones hay, tanto regulatorias (y por tanto, obligatorias) como no regulatorias.

Así que el etiquetado nutricional y de ingredientes en las bebidas alcohólicas de más de 1,2° va para largo.

Y no contenta a las asociaciones de consumidores que dudan de que “iniciativas voluntarias salven las diferencias inaceptables que hay entre la información de las bebidas alcohólicas y otras bebidas” y no encuentran “razones por las que las bebidas alcohólicas deban tener un tratamiento especial. No olvidemos que una pinta de cerveza tiene tantas calorías como una tableta de chocolate. En un momento en el que la obesidad está creciendo la información obligatoria de nutrientes e ingredientes es esencial para ayudar a que los consumidores elijan qué y cuánto beben”.

Y la industria, ¿qué opina?

La industria ha sido tradicionalmente reticente a facilitar la información nutricional en el etiquetado.

Pero, según el propio informe de la Comisión, esta postura ha “evolucionado significativamente y la mayoría del sector es consciente de que los consumidores tienen derecho a conocer el contenido de las bebidas”.

No toda la industria ha mantenido las mismas posiciones a lo largo de estos años.

Los fabricantes de cerveza siempre se han mostrado más a favor de dar información a los consumidores. A través del “European Brewer Pledge” (el Compromiso de los Cerveceros Europeos) sus miembros se comprometieron voluntariamente a implementar medidas para facilitar esta información.

La industria cervecera apuesta por dar los valores de información nutricional por 100ml (como se hace con el resto de productos) bien en la propia etiqueta o a través de otros medios (por ejemplo, con códigos QR u online).

¿Por qué la industria de la cerveza quiere mostrar los valores nutricionales y los ingredientes?

Además del interés que pueda tener en que los consumidores tengan toda la información posible, es evidente que en la comparación con otras bebidas alcohólicas la cerveza saldría ganando (aporta menos kilocalorías que las bebidas de alta graduación y puede presumir de su contenido en vitaminas y minerales).

Tras el informe de la Comisión, la industria se va a encontrar con dos puntos de negociación muy duros para establecer esa autorregulación:

1-. Qué cantidad de bebida se establecerá como referencia para dar esta información.

La industria cervecera mantiene que la información tiene que ser por cada 100ml, tal como el Reglamento 1169/2011 establece para el resto de alimentos.

Porque la cerveza generalmente se vende y consume en botellines de 20cl, 33cl y hasta 50cl o en latas de 33cl.

Así que de nuevo la cerveza sale ganando porque la cantidad de kilocalorías por cada 100ml (42) es menor que las que el consumidor probablemente ingerirá (al beber más de 100ml).

Sin embargo, en el caso de las bebidas de alta graduación el caso es justamente el contrario y la industria clama por que se exprese esta información por “vaso” y no por 100ml.

Su postura es que el consumidor no se toma 100ml de whisky o ron de una sentada, sino que las raciones que se sirven son de unos 30ml. Así que comparar por 100ml estaría confundiendo al consumidor porque “comparar el triple de la ración estándar de whisky con menos de la mitad de una cerveza no es justo ni útil para los consumidores y les confundirá en lugar de informarles” y sería “como comparar un Maserati con un Lada basándose en peso de cada coche”.

Las 42kcal/100ml de la cerveza frente a las 245kcal/100ml del whisky o las 232kcal/100ml del ron también parecen pesar en estas posiciones.

2-. Cómo se presentatá la información.

La industria está de acuerdo en que la información se facilite.

Pero no toda la industria quiere que se haga en el etiquetado de las bebidas.

El compromiso voluntario de los cerveceros no establece una prioridad entre ofrecer la información en la etiqueta o por otros medios (online, a través de código QR accesible en la etiqueta) pero si no se muestra en la etiqueta sí se tiene que indicar dónde puede encontrarse esta información.

Por el contrario, asociaciones como la UK´s Wine and Spirits Trade Association (WSTA) piensan que mostrar esta información en la etiqueta es “utilizar métodos del siglo XX en el siglo XXI” y que “intentar embutir más información en una etiqueta que tiene un espacio limitado es un paso atrás. La gente que quiera saber más sobre lo que están bebiendo es capaz de buscarlo online por sí misma”.

Y seguramente tiene razón en que los consumidores somos perfectamente capaces de buscar esa información online.

Pero el caso es que eso podría aplicarse a toda la información nutricional y los ingredientes de cualquier producto alimentario (muchos con espacios más limitados en la etiqueta y con una lista de ingredientes mucho más larga que las bebidas de alta graduación).

Y sin embargo están obligados a incluirla en la etiqueta.

Porque el objetivo es ponérselo fácil al consumidor.

Incluir esa información en una plataforma online puede hacerla accesible, pero ya le supone al consumidor un esfuerzo extra.

Y le aleja un poquito de saber lo que contiene la botella.

Es una postura que acepta lo inevitable (la industria tiene que dar la información) pero le pone al consumidor una piedra en el camino (te doy los datos, pero tú tienes que encontrarlos).

En conclusión…

El etiquetado completo de las bebidas alcohólicas es una asignatura pendiente en la Unión Europea (y en otros muchos países).

El informe de la Comisión Europea es un primer paso (exigido por el Reglamento 1169/2011) para que los consumidores tengamos acceso a la información de todos los productos alimentarios.

Pero es insuficiente porque sigue sin ser obligatorio incluir esta información en el etiquetado y abre la puerta a que en el futuro tampoco lo sea.

Y la pregunta es, ¿por qué siguen haciéndose distinciones entre las bebidas alcohólicas y el resto de alimentos?

¿Cómo se reconoce una carne vencida?

Paula Cruz
20.08.2018

Luego que la Seremi de Salud de la Región Metropolitana decretara la prohibición de funcionamiento del conocido restaurante «La Cuca» por detectar la presencia de 220 kilos de carne vencida, es importante estar atento a los signos para reconocer cuando nos venden o sirven una carne que no es apta para ser consumida.

En la mayoría de los casos la gente compra carne confiando en que el comercio venderá un producto de buena calidad y esto ocurre más aún si se consume en un restaurant por eso hay que tener en cuenta una serie de signos que pueden hacernos detectar una carne en mal estado.

: Clausuran local de «La Cuca» tras encontrar más de 200 kilos de carne vencida

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Según explicó a 24horas.cl la Doctora Sandra Ferone, nutrióloga de Centros Médicos Vidaíntegra, la principal técnica se basa en utilizar los sentidos, es decir mirarla, no debe tener un color verdoso o estar ennegrecida; no debe tener olor desagradable; al tacto no debe ser vizcosa; y su sabor no debe ser desagradable.

En esto también coincide la Chef de Banquetería Boutique, Loraine Delarze, quien detalla que es importante revisar el color de la carne y tocarla, ya que no debe tener un color oscuro ni estar resbaloza. «Si está al vacío y después de dejarla una media hora al aire no se le va el mal olor es signo de estar ‘pasada'», agrega.

En el caso de que esté cocida, pensando en que nos puedan servir una carne en mal estado en un restaurant por ejemplo «es más difícil, pero el olor igual se nota. El color en cambio pasa más desapercibido», detalla la banquetera.

Otro punto a considerar es si la carne que vamos a consumir estuvo congelada, ya que con una correcta manipulación y si no se pierde la cadena de frío la fecha de vencimiento puede variar.

«La fecha de vencimiento que trae es en refrigeración y congelada dura entre 4 y 6 meses máximo. Siempre y cuando se congele en los días que está sin vencer todavía», puntualiza Delarze.

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Con la vida de ajetreos y prisas que llevamos, no me extraña nada que para muchos un gran aliado sea el congelador. Casi sin tiempo para hacer la compra de los productos frescos a diario, la mayoría de nosotros recurrimos a comprar menos veces y en mayor cantidad, para después organizar un «fondo de armario» alimenticio en nuestro congelador, y así disponer de ingredientes básicos cada vez que nos tengamos que poner a cocinar.

Sin embargo, el congelador no es un cajón en donde podamos guardar los alimentos y dejarlos allí hasta tiempos inmemorables. Los productos frescos a pesar de encontrase a unos -20º, tiene una duración limitada según su naturaleza, y a partir de un cierto tiempo pueden perder sus propiedades e incluso estropearse. Por eso hoy os queremos contar ¿Sabéis cuánto tiempo tarda un alimento congelado en estropearse? Seguro que en más de una ocasión muchos de vosotros os habréis planteado esta pregunta.

La congelación es sin duda un gran invento para ayudarnos en nuestro día a día domestico, además de que los productos congelados tienen la misma calidad que los frescos, nos ayudan a reducir el desperdicio de alimentos, pues siempre podemos aguardarlos para otra ocasión y no acabar con ellos en la basura.

Sin embargo tenemos que ser responsables como en otras cuestiones de seguridad alimentaria y entender qué es y cómo guardar los alimentos en congelación. No sirve echar alimentos que ya están en un estado dudosos y además mal envasados, pensando que el congelador todo lo arregla.

Para congelar correctamente, se aconseja guardar los alimentos frescos en envases de plástico o bolsas de polietileno destinadas para eso, y siempre bien cerradas para evitar que el frío entre en contacto directo con los alimentos, y se produzcan quemaduras en estos, muy típicas cuando congelamos simplemente envolviéndolos en papel film o papel de aluminio. Etiquetando cada bolsa con el día en el que lo hemos congelado y el tipo de producto de que se trata.

Cada tipo de alimento tiene un período de conservación máximo, hoy os contamos cuál es, para que vuestro congelador sea siempre una despensa en buen estado, y no un almacén de productos olvidados al que al final no recurrir porque no se sabe ni lo que tenemos ahí dentro.

Carnes y pescados

Comenzamos por lo más básico, puesto que es como la base principal de cualquier plato y suele ser de lo que más tenemos congelado. En el apartado de la carne no es aconsejable guardar más de 9 meses la carne de ternera y cordero cuando estas están sin cocinar.

La carne de cerdo es la que tiene menos duración en el congelador, como mucho 6 meses cuando no ha sido cocinada y un máximo de 12 si ya la guardamos asada.

El pavo y pollo, que no estén troceados, son los que más vida en el congelador tienen, hasta 12 meses, en cambio si compramos piezas `pequeñas el tiempo se reduce ya a 9. Las que menos duran, las salchichas, solo las podemos tener 1 mes en el congelador.

Los pescados tienen una duración distinta según su porcentaje de grasa. Así, peces magros como la merluza la podemos tener congelada hasta 6 meses, en cambio pescados grasos tipo el salmón solo nos duraran 2 o 3 meses y entre 4 a 6 si están cocinados, si están ahumados solo los podremos conservar durante 2 meses.

Los moluscos tienen muy poca duración congelados, solo entre 2 y 3 meses, sin embargo otros mariscos como nécoras o cigalas pueden estar hasta un año congelados sin estropearse.

Cereales, panes y dulces

Galletas, bizcochos y pastas pueden aguantar bien cerradas y enfilmadas entre 6 y 8 meses si están horneadas y 3 si solo decidimos congelar la masa. Con el pan sucede algo parecido, si lo guardamos horneado nos durará 2 o 3 meses, mientras que si es la masa cruda formada, solo podemos tenerlo congelado 1 mes más o menos.

Frutas, hortalizas y zumos

Algunas frutas como albaricoques, ciruelas, fresones, arándanos, frambuesas o higos resisten bien la congelación, hasta un año, aunque frutas cítricas no lo llevan tan bien, aguantando en buen estado solamente 3 meses. Muchas frutas pierden la textura habitual, por lo que después tendremos que emplearlas en preparaciones cocidas o congelar su compota por ejemplo pasa con manzanas o membrillos. Las frutas de hueso es mejor congelarlas partidas, sin hueso y con azúcar o bien en forma de compota.

Los vegetales congelan bien durante 8 a 12 meses, y los frutos secos podemos conservarlos congelados durante 3 meses como máximo debido a su grasa. Los zumos de frutas y vegetales, dependerán de si son caseros, en ese caso duraran 6 meses aproximadamente en el congelador y si son a base de concentrados podemos conservarlos congelados hasta un año sin perder propiedades.

Las sopas y caldos vegetales no podemos tenerlas más de 2 o 3 meses bajo los efectos del congelador, y además en estos alimentos líquidos tenemos que tener precaución porque expanden y puede reventar en el congelador el envase donde los guardábamos, así que nunca se pueden congelar en botellas de cristal. Lo ideal, congelarlos previamente en un tetra brick limpio al que le hayamos recortado la parte de arriba, y una vez sólido, pasar ese bloque de zumo o sopa a una bolsa de congelación.

Lácteos y huevos

Los lácteos y productos con huevo son bastante sensibles a la congelación. Los más resistentes la margarina y la mantequilla que resisten entre 12 y 9 meses congelados respectivamente. Sin embargo los quesos, dependerán mucho de su proporción de agua y grasa. El queso fresco resiste pocos días congelado, un mes a lo sumo y otras variedades de queso más curados podemos tenerlos hasta medio año congelados, pero mejor rallados para echar en pizzas o pasta, y no si pensamos tomarlos directamente.

Los huevos también tienen un proceso de congelación curioso, congela muy bien la clara, más rica en proteínas, y muy mal la yema, más abundante en grasas. Pero si lo que queremos es tener huevo entero congelado, entonces no lo podemos tener más de un mes en el congelador, pero eso sí, siempre cascado en un recipiente hermético.

La leche de 3 a 6 meses máximo, y solo si la vamos a usar para cocinar, nunca si la queremos beber en fresco y en cambio los helados y tartas heladas, aunque pudiera parecer lo contrario, son de los alimentos que peor aguantan el paso del tiempo en el congelador, solamente 2 meses para los helados y tan solo 1 mes para las tartas heladas.

Pues bien, como habéis podido comprobar, los alimentos congelados no son eternos, así que si me temo que toca revisión en el congelador y ver aquello que ya está a punto de llegar a su fecha límite y empezar a cocinar lo que teníamos por ahí olvidado.

Imágenes | WXMOM | Wikimedia Commons En Directo al paladar | ¿Sabes cuánta sal tiene el queso o los cereales del desayuno?

¿Cuánto dura un alimento congelado?

BLOG DE MANIPULADOR DE ALIMENTOS 15 de abril de 2019

A la hora de cocinar y preparar alimentos que después van a ser ingeridos, hay una serie de cuestiones y dudas generales que siempre suelen repetirse. De entre ellas, la cuestión estrella que cosecha más preguntas e interrogantes suele tener que ver con la duración de los alimentos congelados.

¿Sabemos cuánto dura un alimento congelado? ¿Es conveniente que lo sepamos? ¿Desconocer esta información puede suponer un riesgo para nuestra salud?

Efectivamente, estas cuestiones son muy importantes y no es recomendable que cocines y trates alimentos sin conocer los detalles relativos al congelado de los alimentos que después vayas a ingerir. A continuación, te explicamos las claves fundamentales que necesitas saber.

Plazos de cada alimento

La congelación de los alimentos depende de las tipologías de alimentos a las que pertenezcan las piezas en cuestión. Y es que es importante entender que los productos que congelamos están hechos de tejidos e ingredientes diferentes, por lo que debemos respetar los plazos de congelación diferentes de acuerdo a si hablamos de carnes, pescados, frutas, verduras, cereales o dulces.

Dentro de la categoría de carnes y pescados, también hay divisiones muy variadas en cuanto a los plazos y tiempos durante los cuales es recomendable conservar piezas congeladas.

En lo que a carne respecta, es la carne de ave la que más margen de duración ofrece. Un pollo congelado, troceado o entero, puede mantenerse en buen estado hasta un año entero.

Sin embargo, en el caso de las carnes de vaca, de cordero, de ternera o de cerdo; los plazos varían bastante. Los filetes deben congelarse de 6 a 12 meses, las chuletas tienen un margen de 4 a 6 meses y las carnes asadas duran en buen estado de 4 a 12 meses.

En cuanto al congelado de las piezas de pescado, es el marisco el que mayor margen ofrece (de 3 a 12 meses). Al marisco le sigue el pescado crudo (de 3 a 8 meses) y finalmente, el pescado cocido con un plazo máximo de congelado de 3 meses.

Cereales y dulces

Los alimentos hechos de cereales también experimentan variaciones en cuanto a la duración máxima recomendable para mantenerse en el congelador.

El pan es el alimento hecho de cereal que menos dura en el congelador y que peor conservación tiene (2 meses), mientras que las galletas y pastas (macarrones, espaguetis, tallarines, raviolis, etc…) duran 6 meses, aproximadamente.

En cuanto a los dulces, debes tener especial cuidado con los ingredientes que conforman los dulces que congelas. Si tus dulces están hechos de lácteos, es muy probable que no se conserven en buen estado durante más de 6 meses. Sin embargo, el resto de dulces pueden conservarse en perfecto estado hasta 1 año.

Frutas y verduras

Del mismo modo que las tipologías anteriores, no todas las frutas y verduras aguantan el mismo periodo de tiempo en el congelador.

Las frutas, las hortalizas y los zumos, por lo general, suelen conservarse en buenas condiciones hasta un año. Un ejemplo de este tipo de frutas de larga duración en el congelador son los albaricoques, las ciruelas, los higos, los arándanos o las fresas.

Sin embargo, no todas las frutas resisten igual la congelación, y las frutas cítricas empiezan a deteriorarse a los tres meses de haber sido congeladas.

Por lo tanto, presta especial atención a los limones, naranjas, limas, pomelos y frutas semejantes que vayas a congelar.

En cuanto a las verduras, la mayoría de ellas pueden conservarse en buen estado en el congelador durante 12 meses (guisantes, habas, tomates y judías verdes; por ejemplo). Sin embargo, hay otro tipo de hortalizas que resisten en buenas condiciones durante un periodo de tiempo bastante más reducido.

Estas hortalizas de poca durabilidad son las patatas (4 meses), los pepinos (10 meses), la remolacha (6 meses) o el repollo y la zanahoria (ambas durante 8 meses).

También es importante que sepas que no debes congelar ensaladas, puesto que las hojas de lechuga congeladas pierden todo tipo de propiedades que puedan contener y, al ser tan finas, se convierten en paredes de hielo que se rompen con muchísima facilidad.

Tampoco debes congelar huevos con cáscara, ya que al crecer el volumen del contenido de los mismos, éstos explotarán y se desperdiciarán por completo. Por lo tanto, si quieres congelar huevos, te recomendamos que lo hagas utilizando recipientes para cocinar magdalenas, separando la yema de la clara o batiendo la yema y la clara, elaborando así la mezcla para tortillas y revueltos.

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