Cereales con gluten bebe

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Cereales con gluten, cómo introducirlos

Los cereales con gluten son uno de los alimentos que más dudas suscita a la hora de introducirlos en la alimentación de los bebés por el temor a que el bebé desarrolle una intolerancia al gluten.

¿A qué edad introducir los cereales con gluten y cómo hacerlo?… Estad atentos porque los cambios en la introducción de los cereales con gluten son recientes.

El trigo, el centeno, la avena y la cebada son cereales que contienen gluten. En este artículo veremos qué aportan estos cereales a la dieta del bebé y cómo debemos introducirlos.

Aporte nutricional de los cereales con gluten.

Los cereales aportan principalmente hidratos de carbono y también proteínas, minerales, vitaminas, fibra (en los no refinados) y en menor proporción grasa.

  • El 75% del contenido de los cereales es almidón y éste se debe cocer para poder digerirlo. Las calorías de los cereales provienen en gran medida del almidón que al ser un hidrato de absorción lenta aporta energía de manera gradual imprescindible para la actividad infantil.
  • La proteína principal es el gluten, es muy nutritiva pero tiene el inconveniente de que algunas personas no la pueden digerir (celiaquía) y esto provoca un deterioro del intestino.
  • La grasa de los cereales es básicamente poliinsaturada y monoinsaturada, por tanto una grasa saludable.
  • Los cereales tienen un gran aporte en fósforo, hierro, silicio y zinc, minerales imprescindibles para un correcto crecimiento y desarrollo.
  • Destacan las vitaminas del grupo B, implicadas en el desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso.

Cuándo empezar con los cereales con gluten.

No hace mucho, los cereales con gluten empezaban a tomarse (según el criterio de cada pediatra) a los 8 ó 9 meses de edad. Ahora esto ha cambiado.

La Espghan, la Asociación Española de Pediatría y la AEDN aconsejan que alrededor de los 7 meses (y no mucho más tarde) hayan aparecido en la dieta del bebé pequeñas cantidades de cereales con gluten. Se empieza con pequeñas cantidades porque cuando el bebé se expone por primera vez al gluten es mejor que sea poco a poco. Una gran dosis de gluten (por ejemplo una papilla de 150ml) aumenta el riesgo de que se desencadene una enfermedad celiaca (en caso de bebés susceptibles). Por eso, antes de empezar a darles papillas de cereales con gluten, lo mejor es dejarles mordisquear un poquito de pan o darle una cucharadita pequeña de sémola cocida (sin líquido).

Cómo preparar las primeras papillas de cereales con gluten.

Como siempre y ante todo ha de primar la lentitud.

Si el bebé toma 5 cacitos de cereales sin gluten, tendremos que empezar por darle una papilla que contenga 4 cacitos sin gluten y 1 con gluten, al día siguiente 3 sin gluten y 2 con gluten y así progresivamente, hasta que a la semana tome los 5 cacitos con gluten. De esta manera veremos con la mínima dosis si el niño presenta alguna intolerancia.

Como hemos comentado en los diferentes artículos de introducción de alimentos, aparte de los cereales ya preparados también podemos ofrecer al bebé, avena, sémola sin caldo…, cuando veamos que está preparado para ello.

Si vuestro bebé tiene tendencia al estreñimiento, evitad los cereales que contengan arroz (los 8 cereales, suelen contenerlo).

La lactancia materna, beneficiosa en la introducción del gluten.

Otra de las razones por la cual se aconseja adelantar la introducción del gluten es la lactancia materna. Un gran número de madres deciden dejar de dar el pecho a sus hijos sobre los 6 meses (coincidiendo con la introducción de otros alimentos, la vuelta al trabajo…) pues bien, lo ideal sería que esas madres esperaran uno o dos meses más, ya que la lactancia materna combinada con la introducción al gluten puede prevenir, incluso evitar la enfermedad celiaca. Es decir, para evitar la celiaquía es mejor la lactancia prolongada que la introducción tardía al gluten. La OMS recomienda la lactancia materna hasta los 2 años y en prevención a la celiaquía hasta el año de vida.

Como veis, la introducción al gluten es sencilla, pero hay que prestarle la importancia que merece ya que con estas pautas podemos prevenir la enfermedad celiaca. Si os han surgido dudas sobre la enfermedad celiaca (síntomas, alimentación…) no os preocupéis porque muy pronto haremos un artículo especial sobre ella.

(*) ESPGHAN (Sociedad Europea de Pediatría y Gastroenterología), AEDN (Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas).

Imágenes: fazen y Imelda.

La leche materna es el alimento ideal para el bebé: cubre sus necesidades durante los primeros meses de vida y complementa su dieta hasta al menos los dos años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). No obstante, y a pesar de que su composición se va adaptando a las necesidades del niño, llega un momento en el que es preciso introducir alimentos complementarios de forma progresiva, para afianzar una nutrición variada y equilibrada.

La puerta de entrada a la alimentación complementaria

Los cereales para bebés, junto a la fruta, son uno de los primeros alimentos que rompen la exclusividad de la leche por múltiples razones. En primer lugar, responden a las necesidades nutricionales del bebé en esta etapa, en la que crece a un ritmo más acelerado que en el resto de su vida. Así, esta excelente fuente de energía proporciona hidratos de carbono, proteínas, minerales como fósforo o potasio y vitaminas del grupo B (ácido fólico incluido) que favorecen el desarrollo de una microbiota próxima a un perfil adulto.

¿Dé dónde vienen? Son el fruto de vegetales de la familia de las gramíneas, como el arroz, avena, maíz, trigo, cebada, centeno, espelta, etc. Resultan fáciles de digerir y menos susceptibles de provocar alergias. También son un vehículo óptimo para el aporte de hierro en la dieta del lactante. De hecho, algunas firmas como Hero Baby, ofrecen a los padres un variado surtido de cereales especialmente pensados para nuestros pequeños, enriquecidos con hierro y calcio y listos para preparar biberones o papillas fácilmente.

Además de las razones nutricionales o metabólicas, debemos tener en cuenta que los cereales tienen un sabor suave y una textura y consistencia semisólidas, ideales para la aceptación de sólidos por parte del bebé al comienzo de la alimentación complementaria. Después iremos incorporando frutas y verduras, carne de ave, yemas de huevo… Siempre en texturas semisólidas y blandas y elaborados de la forma más natural posible: fruta fresca troceada, cocina al vapor o cocciones sin sal ni azúcares añadidos.

Por último, cabe valorar una razón de peso a la hora de inculcar unos hábitos saludables en el niño y futuro adulto. Y es que algunos estudios indican que el período de alimentación complementaria es absolutamente clave en la configuración de las preferencias y hábitos alimentarios del bebé.

¿Cuándo está preparado el bebé?

La Asociación Española de Pediatría (AEP) señala que hacia los seis meses suele darse la «maduración necesaria a nivel neurológico, renal, gastrointestinal e inmune» para comenzar con la dieta complementaria a la leche, si bien puede variar ligeramente de un niño a otro. De hecho, la comunidad médica apunta que se han de cumplir estos requisitos:

  • El bebé se mantiene sentado por sí solo, sin apoyo en la espalda: indica que puede tragar de forma segura.
  • Muestra interés por la comida: la sigue con la mirada, hace intención de cogerla con las manos, etc.
  • Ha desaparecido el reflejo de extrusión: ese «mecanismo de seguridad» por el cual expulsaba los objetos de su boca con la lengua.
  • Es capaz de coger la comida y llevársela a la boca, señal de que está preparado para gestionar alimentos diferentes a la leche.

Como decimos, estos requisitos suelen darse en torno al medio año, pero debemos tener en cuenta que entraría dentro de la normalidad que nuestro bebé se demorase algo más en adquirir estas destrezas. En cualquier caso, la leche materna, o en su defecto la de fórmula, debe seguir siendo el sustento principal hasta los doce meses.

¿Por qué no debemos adelantarlo o atrasarlo?

Según los pediatras, el riesgo más claro de adelantar la alimentación complementaria en el bebé es la posibilidad de atragantamiento (incluso con papillas). Aunque la AEPED también advierte de que favorecería un aumento en la incidencia de las gastroenteritis agudas y las infecciones respiratorias.

En el lado opuesto, muchos padres afrontan con miedo la introducción de alimentos diferentes a la leche, lo que les lleva a retrasar la alimentación complementaria. En este sentido, los pediatras también advierten de las posibles consecuencias de una introducción tardía: carencias nutricionales (hierro y zinc), aumento del riesgo de alergias e intolerancias alimentarias, peor aceptación de nuevas texturas y sabores y mayor posibilidad de alteración de las habilidades motoras orales. Por tanto, la AEPED desaconseja demorar la introducción más allá del séptimo mes.

¿Cuáles son los cereales más aconsejables?

La nutrición de los hijos es uno de los temas que más preocupan tanto a padres y madres primerizas como experimentados, pues aunque en principio todos los alimentos que se comercializan legalmente son aptos para el consumo, las investigaciones y avances en salud marcan una tendencia que pocos quieren desoír. Recogemos a continuación algunas de las pautas con mayor consenso sobre la introducción de los cereales.

En el mercado encontraremos cereales infantiles sin gluten (arroz y maíz principalmente) y con gluten (trigo, cebada, espelta, avena y centeno). Según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), los cereales sin gluten están indicados a partir de los cuatro meses, siempre con el visto bueno del pediatra y cuando no se da la lactancia materna en exclusiva.

Si bien las recomendaciones anteriores consideraban que retrasar la introducción de los cereales con gluten podía evitar alergias, en la actualidad se aconseja ofrecérselos al bebé a partir de los seis meses y, si es posible, mientras se mantenga la lactancia materna.

Pasada esta primera barrera, todos hemos tomado conciencia de la importancia de los alimentos naturales o mínimamente procesados, y también es la línea que se está marcando en alimentación infantil. En los cereales infantiles, se ha declarado la guerra a los azúcares añadidos, a los que las voces autorizadas empiezan a sumar los producidos durante el proceso de hidrólisis, como la glucosa.

Asimismo, la OMS ensalza el grano sin procesar, también conocido como grano completo o integral, pues es como se obtiene el máximo poder nutritivo de los cereales. Ya sea en forma de grano entero, molido, roto o en copos, conserva la proporcionalidad de sus principales componentes y sus aportes nutricionales: endospermo (que concentra la mayor aportación de hidratos de carbono y proteínas), salvado (proporciona fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes) y germen (con lípidos, vitaminas y minerales).

Pese a los beneficios de los cereales integrales, entre los que podemos mencionar su contribución a evitar el sobrepeso gracias a su mayor contenido en fibra (efecto saciante) y su índice glucémico (IG) más bajo que los de las versiones refinadas, su consumo es reducido. La razón: posiblemente un sabor natural que no ofrece al bebé el estímulo más dulce -pero menos saludable- de los procesados.

En este sentido, marcas como Hero Baby han querido sumarse al impulso de lo genuino, saludable y natural lanzando una nueva gama de cereales infantiles con 0% azúcares añadidos ni producidos (salvo la variedad con miel) gracias a la eliminación del proceso de hidrólisis (o dextrinación). A grandes rasgos, este consiste en añadir enzimas al almidón durante la elaboración industrial para obtener pedacitos pequeños; pero, al romperse, se producen azúcares.

Recientes investigaciones que confirman que los cereales no hidrolizados no dificultan la digestión y los hidrolizados pueden incidir en la consecución de unos malos hábitos primando los sabores dulces, han llevado a Hero Baby a presentar la nueva gama. También enriquecen sus recetas con hierro, calcio y vitaminas para prevenir posibles carencias. Si quieres descubrir gratis el sabor más natural de los cereales Hero Baby, puedes hacerlo desde este enlace y entrar, además, en el sorteo de un viaje de familia.

Cómo educar en una alimentación saludable

La mejor manera de inculcar unos hábitos saludables en nuestro bebé es comenzar desde sus primeros meses de vida. Según la OMS, la lactancia materna exclusiva previene enfermedades como la diabetes tipo 2, la obesidad y el sobrepeso en los niños y adolescentes.

Más allá de los seis primeros meses, debemos fomentar la interacción del pequeño con los diferentes sabores (dulce, salado, ácido y amargo), ya que, «si acostumbramos al paladar a sabores ácidos, como algunas frutas, o amargos, como algunas verduras, su consumo será mayor a lo largo de la vida«. Del mismo modo, la exposición a diferentes sabores durante la etapa de apertura a la alimentación complementaria podría disminuir el riesgo de rechazo a probar nuevos alimentos, tal como señala la AEPED.

Entre las recomendaciones de los pediatras para garantizar una dieta variada y equilibrada en nuestro bebé figuran la de optar por el consumo de fruta entera en lugar de zumos, reducir la ingesta de sal (menos de 1 g al día hasta el año y 2 g hasta los tres años) y evitar los azúcares añadidos y libres. La Asociación Española de Pediatría recuerda también que es importante «respetar las señales de hambre y saciedad del lactante sin forzar a comer o distraer».

Imágenes | iStock/KuznetsovDmitry

Introducción

Desde hace más de 20 años la ESPGHAN ha realizado, a través de su Comité de Nutrición (CN-ESPGHAN), recomendaciones referentes a la edad de introducción del gluten en la dieta del lactante1,2 con el objetivo de prevenir el desarrollo de la enfermedad celiaca (EC) y reducir el riesgo de diabetes mellitus tipo 1 (DM 1) y de alergia al trigo2,3.

Sin embargo, estudios recientes de alto grado de evidencia han demostrado que la edad de introducción del gluten no influye en el desarrollo de EC en población con riesgo genético4,5, poniendo en entredicho las recomendaciones actuales de la ESPGHAN2, de la European Food Safety Authority6 y las más recientes de la American Academy of Pediatrics; estas últimas, recomendando la introducción de la alimentación complementaria (AC) alrededor de los 6 meses de edad, sin hacer mención especial al gluten7.

Ante la situación de confusión actual, un grupo de expertos en EC y en nutrición pediátrica han elaborado un documento de consenso basado en las evidencias científicas actuales, estableciendo unas recomendaciones para la práctica clínica diaria.

Aspectos generales de la introducción de la alimentación complementaria

Las recomendaciones de la ESPGHAN, la European Food Safety Authority y la American Academy of Pediatrics respecto a la introducción de la AC tienen en cuenta, además de las necesidades nutricionales, la posibilidad de influir en el desarrollo de ciertas enfermedades2,6,7.

Prevención de la alergia

No hay datos científicos que apoyen recomendaciones diferentes en la introducción de la AC basadas en el riesgo del lactante de padecer alergia (familiar de primer grado con historia comprobada de alergia)8–11.

La introducción de la AC después de los 6 meses no tiene efecto protector sobre la aparición de alergia alimentaria12. Por el contrario, si se realiza antes de los 4 meses se asocia a un riesgo aumentado de desarrollar dermatitis atópica.

Tampoco se ha demostrado un riesgo aumentado de desarrollar alergia alimentaria cuando los alimentos potencialmente más alergizantes se incluyen en la dieta después de los 4 meses de edad10.

Con independencia del momento de introducción, tras incorporar un nuevo alimento, parece prudente recomendar una exposición regular (por ejemplo, varias veces a la semana) para mantener la tolerancia oral. También se ha observado que la inclusión de una mayor diversidad de alimentos en el primer año se asocia a un riesgo disminuido de padecer asma, alergia alimentaria o sensibilización a alimentos13.

Desarrollo de obesidad

Una ingesta proteica elevada, especialmente de origen animal y en los 2 primeros años de vida, se asocia a un riesgo aumentado de padecer obesidad más tarde14,15.No hay evidencia sobre cuándo introducir la AC para disminuir el riesgo de obesidad16.

Desarrollo de diabetes mellitus tipo 1

Se ha encontrado un riesgo aumentado de desarrollar DM 1 cuando la AC se introduce antes de los 4 meses o después de los 617. Sin embargo, no se ha demostrado un mayor riesgo asociado a un factor dietético específico18.

En resumen, de acuerdo con la evidencia científica, la introducción de la AC antes de los 4 meses se asocia a un riesgo aumentado de enfermedad, mientras que la introducción después de los 7 meses no tiene efecto protector, manteniéndose, pues, vigente el consejo de introducir la AC alrededor de los 6 meses.

Valor nutricional de los cereales

Los cereales, uno de los pilares de la alimentación humana, representan la principal fuente de hidratos de carbono (HC) y fibra de la dieta, siendo los más utilizados: trigo, arroz, maíz, centeno, cebada, avena, mijo y sorgo19. Contienen aproximadamente un 70-78% de HC, 6-13% de proteínas y 1-6% de grasas (tabla 1)19,20.

Tabla 1.

Composición de los cereales

Composición aproximada de los cereales (g/100g de porción comestible).

El almidón es el principal HC de los cereales, que además contienen otros polisacáridos no digeribles, componentes de la fibra dietética. Los HC deben suponer entre el 45-65% del valor calórico total de la dieta del lactante (tabla 2)21,22.

Tabla 2.

Requerimientos dietéticos de los hidratos de carbono

DRI: dietary reference intakes («ingesta dietética de referencia»); EFSA: European Food Safety Authority; VCT: valor calórico total.

Aunque los cereales contienen todos los aminoácidos, presentan deficiencias relativas de algunos de ellos, lo que les confiere un bajo valor biológico, debiendo ser complementados con otras proteínas. El contenido proteico varía según el tipo de cereal, siendo mayor el del trigo y la avena, y menor el del arroz y el maíz19.

Los cereales son una importante fuente de vitaminas del grupo B (niacina y tiamina)23, de pequeñas cantidades de elementos traza (hierro y selenio) y de minerales (fósforo, potasio, magnesio y calcio).

El gluten en los cereales

El gluten es, por su naturaleza cohesiva y viscoelástica, especialmente relevante en los procesos de panificación24. Contiene cientos de proteínas ricas en glutamina y prolina, llamándose por ello prolaminas25; estas son digeridas solo parcialmente por las proteasas humanas, aspecto relevante en la patogenia de la EC.

Las prolaminas del trigo (gliadinas), del centeno (secalinas) y de la cebada (hordeínas) se relacionan con la EC, siendo controvertido el papel de las prolaminas de la avena (aveninas). No obstante, en general se consideran cereales con gluten: trigo, cebada, centeno y avena. El gluten representa el 80% de las proteínas, variando la proporción de prolaminas, siendo esta muy superior en el trigo en comparación con la de otros cereales.

Clásicamente, los cereales son el primer alimento que se añade tras la leche a la dieta del lactante2. En la tabla 3 se muestra el contenido en gluten de los alimentos utilizados más comúnmente en el inicio de la AC.

Tabla 3.

Cantidad de gluten por unidad de producto

Producto Unidada Gluten (mg)
Galletas (tipo «María») Una galleta (6g) 400
Tarritos de fruta con galleta Un tarrito (130g) 600
Cereales infantiles (5 cereales) Un cacito (4g)b 160-220c
Cereales bajos en gluten Un cacito (4g)b 8

a

Peso del producto en gramos.

b

Un cacito raso de los utilizados para dosificar las fórmulas lácteas equivale aproximadamente a 4g de cereales.

c

La cantidad de gluten varía según las distintas marcas comerciales de los cereales.

No existen razones nutricionales que justifiquen el consumo de un cereal concreto. Generalmente, se recomienda iniciar la AC con cereales sin gluten por tener menor capacidad antigénica. El consumo de un cereal u otro viene determinado por razones culturales: en Europa y los países occidentales se consume preferentemente trigo, en América, maíz, y en los países orientales, arroz.

Recomendaciones del Comité de Nutrición de la European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition

En 1982 el CN-ESPGHAN1, siguiendo unas recomendaciones de 1969, hizo la siguiente advertencia general: «el gluten no debería ser introducido en la dieta de los lactantes antes de los 4 meses de edad e incluso podía ser aconsejable posponerlo hasta los 6 meses». Estas recomendaciones estaban basadas en que posiblemente la sensibilización al gluten podía ser inducida más fácilmente en el lactante pequeño, especialmente en los alimentados artificialmente.

Estas normas estuvieron vigentes hasta el año 2008, en que el CN-ESPGHAN2 las actualizó basándose en:

  • Una revisión sistemática y metaanálisis que mostraba que el riesgo de desarrollar EC se reducía significativamente en los lactantes que recibían lactancia materna (LM) en el momento de la introducción del gluten comparados con los que no recibían LM, y que la mayor duración de la LM se asociaba con menor riesgo de EC. Sin embargo, no quedaba demostrado si la LM proporcionaba una protección permanente frente a la EC o solo retrasaba la edad de aparición26.

  • La llamada «epidemia sueca» de EC: entre los años 1984 y 1996 se detectó un brusco incremento en la incidencia de EC en niños<2 años coincidiendo con cambios en la introducción del gluten: a partir de los 6 meses e introducción súbita de grandes cantidades de trigo. Así, a los 6-8 meses de edad, el consumo de trigo aumentó de 10 a 26g/día (equivalente a un incremento de 0,9 a 2,7g de gluten/día). A finales de los noventa, tras adelantar de nuevo la introducción del gluten al cuarto mes y reducir≥30% el consumo de trigo, se observó una caída significativa del número de casos de EC en este grupo de edad27.

  • Un estudio prospectivo (Norris et al.) que demostró, en niños con un familiar de primer grado con DM 1 o con HLA de riesgo (DR3 o DR4), que la introducción muy precoz de gluten (<3 meses), o tardía (>7 meses), incrementaba el riesgo de EC28.

Con base en estos estudios el CN-ESPGHAN aconsejó: «es prudente evitar la introducción precoz (<4 meses) y tardía (>7 meses) del gluten, e introducirlo gradualmente mientras el lactante recibe LM, ya que así se puede reducir el riesgo de EC, DM 1 y alergia al gluten»2. Esta recomendación fue corroborada por la European Food Safety Authority6 y por una revisión sistemática sobre alimentación del lactante y prevención de EC3, si bien se precisaba que eran necesarios más estudios para clarificar cuestiones aún no resueltas. De hecho, el Comité de Nutrición y el de Toxicología del Reino Unido29 puntualizaron que no había suficiente evidencia científica para hacer recomendaciones específicas sobre la introducción del gluten en la alimentación del lactante; efectivamente, estudios suecos recientes demuestran que a pesar de no haber cambiado las últimas normas de introducción del gluten, el número de casos de EC volvió a aumentar a finales de los noventa, observándose desde entonces, y hasta el momento actual, una incidencia acumulada semejante a la de los años ochenta, años de la epidemia30,31.

En resumen, las actuales recomendaciones del CN-ESPGHAN referidas a cuándo –de los 4 a los 7 meses–, cómo –incremento progresivo partiendo de pequeñas cantidades– y en qué circunstancias –mientras el lactante recibe LM– se debe introducir el gluten parece que no serían suficientes para la prevención primaria de la EC.

Introducción del gluten y riesgo de enfermedad celiaca

La hipótesis de una ventana entre los 4 y los 7 meses durante la cual la introducción de pequeñas cantidades de gluten mientras el niño aún recibe LM podría proteger del desarrollo de EC a los niños de riesgo3,27,30–33 ha sido abordada recientemente por 2 estudios publicados en The New England Journal of Medicine4,5. Además, un editorial incluido en la misma edición destaca la relevancia de los hallazgos reportados34.

En el estudio PreventCD (www.preventcd.com), prospectivo, se seleccionaron bebés con riesgo de EC (familiar de primer grado con EC y al menos un HLA de riesgo: DQ2 y/o DQ8)4. Estos fueron separados, de forma aleatoria (a ciegas), en 2 grupos, recibiendo, a partir de las 16 semanas de vida, diariamente durante 8 semanas o 200mg de gluten (conteniendo 100mg de gluten inmunogénico), grupo 1, o placebo (2g de lactosa), grupo 2, recomendándose la LM durante todo este periodo. A partir de las 24 semanas se aumentaba la cantidad de gluten utilizando productos habituales en la alimentación infantil (cereales o galletas), siguiendo un protocolo preestablecido: entre los 6-7 meses, 250mg de gluten al día; entre los 7-8 meses, 500mg; a los 8-9 meses, 1.000mg, a los 9-10 meses, 1.500mg, y consumo libre a partir de los 11 meses. Novecientos noventa y cuatro niños cumplieron este protocolo, que incluía seguimiento clínico: signos o síntomas indicativos de EC35, detección de anticuerpos antitransglutaminasa, control del crecimiento y de la dieta (LM y consumo de gluten). Cuando todos los niños alcanzaron los 3 años se abrieron los códigos, analizando los 2 grupos por separado. La frecuencia de EC en la cohorte a los 3 años (incidencia acumulada) fue del 5,2%, no observándose diferencias entre el grupo 1 y el grupo 2. Tampoco se encontró relación entre el desarrollo de EC y la duración de la LM (exclusiva o mixta) ni con el mantenimiento de la LM durante la introducción del gluten. Sin embargo, sí se vio que los lactantes DQ2 homocigotos (DR3-DQ2/DR3-DQ2 o DR3-DQ2/DR7-DQ2) tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar EC antes de los 3 años que los lactantes con haplotipos de menos riesgo.

Por otra parte, a los 3 años la frecuencia de EC en niñas doblaba la frecuencia en niños: 7,2 frente a 3,4%. Así mismo, se detectó una mayor incidencia acumulada estadísticamente significativa de EC en las niñas que introdujeron el gluten a las16 semanas comparada con la de aquellas que lo introdujeron a las 24, diferencia no observada en los niños.

Los autores concluyen que «la introducción de pequeñas cantidades de gluten entre las 16 y las 24 semanas de vida no redujo el riesgo de EC».

En la misma edición de The New England Journal of Medicine se publica el estudio multicéntrico CELIPREV, en el que recién nacidos con riesgo de EC (al menos un familiar de primer grado con EC) fueron seleccionados y aleatorizados: un grupo inició la ingesta de gluten a los 6 meses (pasta, sémola y galletas), grupo 1, y el otro, a partir de los 12, grupo 25. La cantidad de gluten ingerida por los lactantes fue libre. Durante el primer año de vida se recopiló información sobre infecciones intestinales y la dieta (contenido de gluten diario), y a los 15 meses se realizó el genotipado HLA (excluyéndose los DQ2-DQ8 negativos), determinándose anticuerpos antigliadina y antitransglutaminasa a los 2, 3, 5, 8 y 10 años en los 553 niños finalmente incluidos. A los 2 años, los niños del grupo 1 habían desarrollado la EC en un porcentaje significativamente más alto (12 vs. 5%) que los del grupo 2. A los 5 y los 10 años las diferencias entre los 2 grupos no fueron estadísticamente significativas. A los 10 años, el 25,8% de los niños homocigotos DQ2/DQ2 habían desarrollado EC frente al 15,8% de los que poseían fenotipos de menor riesgo. La LM no se asoció con el desarrollo de EC. Aunque los autores plantean que retrasar el inicio de la EC podría tener algún beneficio, no hay evidencia para apoyar esta premisa.

Los autores concluyen que «ni la introducción tardía de gluten ni la LM modificaron el riesgo de EC entre los niños de riesgo, aunque la introducción tardía del gluten se asoció con un retraso en la aparición de la enfermedad».

Conclusiones de ambos estudios

  • La edad de introducción del gluten no modifica el riesgo de desarrollar la EC, por lo que ninguno de los 2 estudios apoya la hipótesis de una ventana de edad que propicie el desarrollo de tolerancia al gluten. La introducción a partir de los 12 meses podría retrasar el inicio de la EC.

  • El fenotipo genético es el factor más determinante de riesgo de desarrollar EC en edades tempranas, especialmente para los homocigotos DQ2/DQ2.

  • La LM no protege frente al desarrollo de EC.

Conclusiones generales

La introducción de la AC a partir de los 4 meses de edad no se relaciona con el desarrollo de alergia alimentaria ni de DM 1, aunque si es hiperproteica puede favorecer el desarrollo de obesidad.

La introducción de los cereales se justifica por sus propiedades nutricionales, basándose la elección del cereal en las costumbres de la población.

No hay evidencias de que sean necesarias recomendaciones diferentes o específicas para la introducción de la AC en los lactantes con riesgo de alergia o de EC.

La duración de la LM exclusiva y el momento de la introducción de la AC no se relacionan con la aparición ni de EC ni de alergia alimentaria.

La introducción de pequeñas cantidades de gluten en edades tempranas no reduce el riesgo de EC en niños con riesgo genético. Retrasar la introducción del gluten tampoco modifica el riesgo de EC en lactantes con predisposición genética, aunque la introducción tardía podría retrasar la edad de aparición de la enfermedad.

Ante la falta de estudios recientes, se acepta el mayor riesgo de autoinmunidad asociado a la introducción del gluten antes de los 4 meses de edad en población con predisposición genética. Por otra parte, los datos del estudio PreventCD en niñas de alto riesgo genético para la EC recomiendan cautela con la introducción del gluten en esta subpoblación antes de los 6 meses de edad.

A día de hoy, no existe ninguna recomendación de sociedades científicas sobre la cantidad concreta de gluten a introducir. En Suecia los lactantes consumían en los años anteriores a la epidemia 0,9g de gluten/día, durante la epidemia, 2,5-2,7g/día, y aproximadamente 2g/día en los años posteriores. En países con menor prevalencia de EC como Dinamarca, en esa época (1987) el consumo era aproximadamente de 0,2g/día a los 6-8 meses, y de 1,8g a los 9-12 meses. No obstante, estos datos son una estimación basada en las ventas de cereales infantiles en los años correspondientes y en las recomendaciones nutricionales de la época, y no en encuestas dietéticas de consumo real. Por otra parte, el estudio PreventCD demuestra que el consumo de solo 200mg de gluten puede inducir respuesta inmunológica.

Tampoco se ha observado que la introducción del gluten mientras se mantiene la LM proteja del desarrollo de EC.

Una variedad más amplia de alimentos en la diversificación en el primer año de vida puede tener un efecto protector en el desarrollo de enfermedades alérgicas.

En resumen, si bien los estudios recientemente publicados no apoyan las recomendaciones actuales del CN-ESPGHAN en cuanto a la introducción del gluten en la dieta del lactante, tampoco las invalidan. Tampoco aportan evidencias que permitan establecer nuevas recomendaciones. Desconocemos la edad idónea de introducción del gluten en la alimentación del lactante y la forma más adecuada de administrarlo tanto en población general como en población de riesgo.

Recomendaciones del grupo de expertos

Aunque en el momento actual no hay suficiente evidencia científica, basándose en los conocimientos actuales (estudios de requerimientos de nutrientes y estudios de impacto de alimentación temprana y prevención de enfermedades) el grupo de expertos llegó a un consenso sobre los siguientes aspectos, tanto para población general como para población de riesgo:

  • 1.

    La LM es siempre recomendable, independientemente de su efecto sobre el desarrollo de EC.

  • 2.

    Se recomienda introducir la AC preferentemente mientras se mantiene la LM.

  • 3.

    Se desaconseja la introducción del gluten antes de los 4 meses de edad.

  • 4.

    Se recomienda introducir el gluten en torno a los 6 meses de edad:

    • a.

      Parece una opción razonable su introducción entre los 5-6 meses.

    • b.

      Si por cualquier motivo se inicia la alimentación complementaria de forma precoz, eventualmente podría considerarse introducirlo a partir de los 4 meses, aunque a esa edad se podrían utilizar otros cereales, como maíz o arroz, no relacionados con la EC.

    • c.

      En caso de retraso en la introducción de la AC podría demorarse la inclusión del gluten sin que ello suponga un riesgo adicional para el paciente con respecto al posible desarrollo de EC.

  • 5.

    Introducir el gluten en pequeñas cantidades: puede iniciarse con 1-2 cacitos de cereales o una galleta al día, o cantidades equivalentes de gluten (tabla 3).

  • 6.

    Una vez introducido, aumentar su consumo de forma gradual en función de las necesidades nutricionales (aporte calórico) y la tolerancia del lactante.

Financiación

Este trabajo no ha sido financiado.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de intereses.

Lista de cereales sin gluten y con gluten

– Para empezar, bastarán un par de cucharaditas de cereales con gluten añadidas al biberón de leche de continuación. Después de los primeros ensayos, debes aumentar gradualmente la cantidad, introduciendo la sémola y también la pasta, siempre eligiendo la de pequeño formato.

– Con el añadido de los cereales con gluten, la papilla se hace más sustanciosa y se enriquece con almidón y proteínas: es probable, precisamente por esta razón, que consiga satisfacer por entero el aporte nutritivo de la comida y que el niño ya no pida el complemento de leche.

Seguidamente, te ofrecemos un listado de cereales sin gluten y otro de cereales sin gluten, en que también te explicamos los propiedades de cada uno de ellos y los tiempos de introducción de cada uno. Haciendo clic en el banner que encontrarás al final del artículo, te la puedes imprimir.

Cereales sin gluten

ARROZ. Es el cereal que proporciona más almidón y en la forma más fácilmente digerible. Se puede ofrecer al bebé en forma de harinas, sémolas, copos o incluso de leche de arroz
¿CUÁNDO INTRODUCIRLO? Se puede ofrecer prácticamente desde el principio del destete, a los 4-6 meses. Puede administrarse a niños celíacos. ……….

MAÍZ. El maíz es muy rico en hidratos, además de contener potasio, betacaroteno, magnesio y vitaminas del grupo B.
¿CUÁNDO INTRODUCIRLO? El maíz se puede ofrecer al niño prácticamente desde el principio del destete, a los 4-6 meses, en forma de harinas y sémolas. Puede administrase a los niños celíacos.

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MIJO. Un cereal de grano muy pequeño y con un sabor suave y neutro, lo que hace que sea bien aceptado por los niños. Es uno de los cereales que más hierro y magnesio aporta. Contiene vitaminas del grupo B.
¿CUÁNDO INTRODUCIRLO? El mijo es un cereal apto para las primeras papillas infantiles, ya que no contiene gluten.

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SORGO. El sorgo es un cereal muy similar al maíz, tanto en apariencia como en propiedades nutricionales. Contiene vitaminas del tipo E y B, minerales, como fósforo, hierro y calcio, y fibra.
¿CUÁNDO INTRODUCIRLO?
No contiene gluten, por lo que se puede ofrecer al niño al principio del destete.

Cereales con gluten

TRIGO. Muy proteico: aporta energía de larga duración. El salvado es rico en fibra no digerible, que previene el estreñimiento. Es rico en minerales y en vitaminas del grupo B.
¿CUÁNDO INTRODUCIRLO? El trigo se puede dar al niño en forma de papillas de harina, copos, sémola, galletas o pan a partir de los seis meses.

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CEBADA. Tiene un poder nutritivo y una composición química muy parecidos a los del trigo, y es muy fácil de digerir. Es rica en vitaminas del grupo PP, E y B (como el ácido fólico).
¿CUÁNDO INTRODUCIRLA? Se puede ofrecer al niño a partir de los seis meses en forma de papillas de harina, copos, pan de cereales, etc.

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ESPELTA. Los nutrientes de este cereal son muy fáciles de asimilar por parte del organismo, ya que no ha sufrido tantas variaciones como el trigo.genera un menor riesgo de alergias y posee una alta digestibilidad.
¿CUÁNDO INTRODUCIRLA? La espelta contiene gluten, por lo que su consumo se recomienda a partir de los seis meses.

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AVENA. Es el cereal más calórico y energético, por lo que es ideal para los meses fríos y para los niños más moviditos. Aporta una gran cantidad de vitamina B y minerales, como magnesio, fósforo y calcio, y es rica en fibra.
¿CUÁNDO INTRODUCIRLA? La avena es un cereal que contiene gluten, por lo que se debe introducir en la dieta del niño a partir de los seis meses.

¿Cuándo empezar a dar cereales al bebé?

Esta es la gran pregunta que se hacen las madres entre los 4 y los 6 meses de vida del bebé. Durante esta etapa los padres podrán notar como su bebé ya no se siente satisfecho solo con la leche materna, pedirá de comer mucho más rápido de lo normal y se despertará más veces durante la noche.

Es en estos momentos cuando los padres se plantean si ya es el momento de introducir nuevos alimentos, como los cereales, en la dieta del bebé. Lo ideal, antes que nada, es preguntar al pediatra antes de introducir cualquier otro tipo de alimento diferente a la leche materna o de fórmula.

Sabemos que para los padres sentir que estamos alimentando de una manera adecuada a sus bebés es muy importante, ya que estas buenas pautas derivarán en una buena salud para sus hijos. Por eso te dejamos unas recomendaciones sobre la introducción de los cereales en la dieta de los bebés.

¿Cuándo empezar a dar cereales a mi bebé?

Según los pediatras, lo ideal es el que el bebé tome solo leche materna hasta los 6 meses. Pero algunos pediatras pueden que recomienden introducir los cereales a partir de los 4 meses de vida.

Algunos pediatras recomiendan empezar con los cereales a los 4 meses, pero depende de cada bebéo

La razón de esta diferencia se debe a múltiples factores. Por un lado, es importante conocer la evolución del bebé, tanto en el peso como en la talla. Si nos encontramos con un bebé que durante los primeros meses de vida ha doblado su peso, es posible que durante el cuarto mes ya necesite más cantidad de alimento para sentirse saciado. Esto provoca que la leche no sea suficiente para su desarrollo y se necesite incluir otros alimentos en la dieta para cubrir todas las necesidades alimentarias del bebé.

Por otro lado, nos podemos encontrar con médicos que ante este mismo problema, prefieran introducir otros alimentos al bebé, en lugar de los cereales. En este caso, los pediatras recomendarían la introducción de algunas frutas u otro grupo de alimentos alternándose. Todo depende de las necesidades del bebé y de las recomendaciones del pediatra.

¿Cómo saber si mi bebé está preparado para tomar cereales?

Como hemos dicho al principio, los bebés que hayan cumplido los 4 meses de vida podrán empezar a quedarse con hambre al terminar sus tomas de leche y puede que se despierten con más frecuencia durante la noche para comer. Además, comprobaremos que durante esta etapa los bebés están más espabilados y curiosos, podrán mantenerse sentados con la cabeza erguida e intentarán coger cosas con las manos.

Aunque creamos que a esta edad todavía es muy pequeño para poder tomar otros alimentos, debemos saber que el sistema digestivo de los bebés se va desarrollando con facilidad, por lo que permite que se introduzcan otros alimentos además de la leche. La idea de que los bebés no tomen otros alimentos hasta determinados momentos de su vida es para prevenir riesgos en el sistema digestivo y reacciones alérgicas a largo plazo.

Pero siguiendo las directrices de nuestro pediatra, el bebé estará sano y bien alimentado.

Primero, hay que ofrecerles cereales sin gluten

Es importante saber que cuando comencemos a dar cereales a los bebés estos deben ser sin gluten. Una vez que estemos seguros de que los toleran podremos comenzar a introducir los cereales con gluten (trigo, cebada, centeno y avena). Los cereales sin gluten están compuestos de arroz, maíz, soja o tapioca.

Comienza dándole los cereales en biberón La razón por la que se deben introducir antes los cereales sin gluten son por su facilidad en el proceso digestivo, además de método de prevención ante la celiaquía. Comprobaremos en la primera toma cómo el bebé se quedará saciado enseguida.

Lo más recomendado es ir introduciendo estos cereales poco a poco, con un espacio de entre una y dos semanas entre cada tipo de alimento. Es decir, podemos comenzar por introducir uno o dos cacitos de cereal en la cena e ir aumentando poco a poco hasta conseguir una papilla espesa.

Luego, podremos pasar a los cereales con gluten.

Cómo preparar el biberón con cereales

Como hemos dicho, lo mejor es introducirles los cereales poco a poco para que el estómago se acostumbre a este nuevo alimento. De esta manera, lo mejor es dárselos en el biberón para que les resulte más fácil tolerarlo. Comenzar directamente con una papilla en cuchara puede ser muy complicado para un bebé tan pequeño.

Para realizar esta papilla sin que queden grumos, lo mejor es realizarla con leche de fórmula templada o leche materna extraída (o incluso con agua templada) para introducir luego los cereales en el biberón. Estos cereales están preparados para disolverse de una manera muy fácil, así que con agitarlos un poco en el mismo biberón será más que suficiente.

Mi bebé sufre de estreñimiento al introducir los cereales sin gluten

Esto es algo que ocurre normalmente, debido a que estos cereales están compuestos en su mayor parte por arroz, que suelen provocar estreñimiento. Ante esto, se han elaborado cereales sin gluten ricos en fibra que pueden ser muy útiles en estas ocasiones en las que nuestro bebé no hace sus necesidades con regularidad.

Si esto le ocurre al bebé lo mejor es ir al pediatra para que nos recomiende introducir frutas ricas en fibra. Hay que evitar frutas como la manzana, el plátano que también producen estreñimiento o frutas como las fresas, por el riesgo de alergias.

Una vez que estemos seguros de que toleran los cereales sin gluten podremos introducir el gluten en su dieta. También es importante señalar que a partir de los seis meses los bebés pueden comer casi de todo, por lo que podemos comenzar no solo a darle papillas de cereales con gluten sino que podemos también darle cereales de otra manera. Si nuestro bebé acepta bien el pan, las galletas y los cereales sin ningún atragantamiento y tolera bien su textura podemos hacer uso de estos alimentos mucho más sanos que las papillas de cereales. O incluso hacerles la papilla nosotros mismos.

Lo importante es introducir los alimentos poco a poco, para que se vayan acostumbrando a los nuevos sabores. Deja a tu bebé experimentar con la comida y que tenga su propia percepción del gusto de los alimentos.

¿Cuándo introducir los cereales en la dieta del bebé?

La maternidad es una experiencia hermosa y a la vez intimidante. Las incógnitas están a la orden del díay la madre se pregunta si el niño está durmiendo bien, cómo cuidar de su salud, lo cual incluye, saber cuándo introducir los cereales en la dieta del bebé, entre muchas otras cosas más.

La alimentación del bebé siempre será un tema muy delicado, en especial para una madre primeriza. Tanto la comida sólida como los cereales, los zumos, las sopas y las cremas son alimentos ricos en vitaminas y nutrientes necesarios para el crecimiento del bebé.

¿Cuándo es el momento propicio para empezar a dárselos? ¿Existe alguna manera especial para prepararlos? ¿Cómo introducir los cereales en la dieta del bebé?

La recomendación general indica que el bebé se debe alimentar solo de leche materna hasta los 6 meses de vida. Esta es la que aporta todos los nutrientes que el infante necesita.

Más adelante, se pueden ofrecer otro tipo de alimentos e incrementar así la variedad de sabores y texturas en su dieta diaria. Para esto, el cereal es una excelente opción.

Los cereales en la dieta del bebé

Los cereales son un alimento básico, rico en fibra y carbohidratos.Estos nutrientes ayudan al desarrollo y buen funcionamiento del cuerpo del bebé. Para aprovechar sus beneficios, es recomendable saber de qué manera ofrecérselos a los pequeños.

¿Cómo y cuándo dar cereales a los bebés?

Cuando el bebé tiene 8 o 9 meses y se puede sentar solo, es el momento de darle su espacio para comer cereal como quiera.Por supuesto, siempre bajo la supervisión de un adulto.

En ese momento, el experimentará el comer con la mano; sentirá así la textura del cereal en ellas, y luego en la boca. Además, con cada día que pasa, el bebé se acostumbrará mejor a la textura y a la variedad de sabores.

Siempre se debe recordar que esta experiencia debe ser disfrutable para el bebé. Asimismo, otro aspecto a considerar es que su organismo acepte los cereales; debemos estar muy pendientes de cualquier reacción alérgica.

Para facilitar la ingesta de cereales, una buena opción es dárselos como una papilla; para prepararlos, podemos mezclar el cereal con leche materna.Para comerlos, la cucharilla es el utensilio indicado. En este paso, hay que armarse de paciencia; una cucharada al día es un gran avance.

Cereales con y sin gluten

Es necesario conocer los componentes de los cereales que se le dan al infante. Existe hoy una gran variedad, que incluye los que tienen gluten y los que no.

Es importante tener en cuenta que no todos los niños toleran el gluten. Esta intolerancia, también conocida como enfermedad celíaca, hace que el intestino sufra una reacción inmunológica inflamatoriaal probar alimentos que lo contengan.

La celiaquía tiene un porcentaje de incidencia de 1 entre 1.000 niños y suele heredarse. Sin embargo, la pueden presentar aún no teniendo antecedentes familiares.

Consejos para darle cereales a los bebés

Siguiendo algunas pautas, la ingesta de nuevos alimentos como los cereales será más fácil y tolerable. Estos son consejos prácticos para llevar esta nueva etapa del pequeño sin problemas:

Antes de los 6 meses, nada de gluten

El propósito es evitar cualquier tipo de reacción alérgica. Sí se le pueden ofrecer cereales como el arroz o el maíz, pero a esta edad debemos dejar a un lado el trigo y sus derivados. Estos se le podrán suministrar cuando el niño este un poco más grande.

Al introducirlo, se puede comenzar con una pequeña dosis de cereal con gluten en el biberón con leche. Si la reacción es buena, es recomendable incrementar poco a poco la cantidad, siempre atentos a cualquier reacción contraproducente.

Las papillas de cereal con gluten

Saliendo ya del biberón, las papillas se ponen más sustanciosas y ricas en almidón y proteínas. El bebé se satisface por completo con este nuevo aporte nutritivo; es muy probable que se llene y no demande más alimentos.

En lo que refiere a estas comidas, es importante no añadir azúcar, cacao, miel, sal ni otras sustancias. Mientras más natural, mejor.

El trigo y la cebada

El trigo aporta energía, previene el estreñimiento, es rico en minerales y vitaminas del grupo B. Se le puede dar como papilla o galletitas muy suaves. Todo esto, como dijimos antes, a partir de los 6 meses de edad.

Por otro lado, la cebada es muy fácil de digerir. Es rica en vitaminas del grupo PP, E y B (ácido fólico). Al igual que el trigo, se le puede ofrecer al niño como papilla, pan de cereal o copos.

En conclusión, los cereales constituyen una parte esencial para la alimentación del bebé. El proceso de introducción es lento, pero trae buenos resultados.

A partir de los cuatro meses de edad de tu bebé, si es necesario, puedes hacer la introducción de los cereales sin gluten en su dieta.

Los cereales sin gluten son el arroz, el maíz y la tapioca.

Se puede empezar añadiendo de dos a cuatro medidas de cereales sin gluten en un biberón de leche, para mejorar la aceptación del nuevo sabor. Se pueden introducir los diversos cereales juntos o por separado.

Recuerda utilizar una tetina de “mis primeros alimentos” con un agujero mayor. A los pocos días se puede preparar, siendo opcional, una pequeña papilla volcando en un plato hondo el biberón de leche e ir añadiendo cereales sin gluten hasta conseguir una textura cremosa y, si no es bien aceptada, se puede ir espesando paulatinamente a gusto del bebé.

En general, se recomienda una única papilla de cereales al día, que puede ser al mediodía o a la hora de la cena , en aquellos casos en que todavía no alarguen la noche suficientemente. El resto de tomas serán biberones de leche.

La papilla se ofrecerá con cuchara. Espera a que el bebé abra la boca, ponle la cuchara en la lengua y deja caer poca cantidad, tolerando un intervalo de tiempo suficiente para que note el nuevo sabor, la nueva consistencia, el peso, la palatabilidad y que pueda tragársela. Puedes darle otra cucharada hasta que ya no quiera más. Si la aceptación es buena, deberás preparar mayor cantidad, según las necesidades. No debes añadir azúcar ni miel.

Te recomendamos no utilizar papillas lacteadas. Los cereales integrales se deben utilizar con moderación, ya que pueden interferir en la correcta absorción del hierro y el calcio.

En todos los casos, pero muy especialmente en los bebés en que se mantenga la lactancia materna, introducir una única cucharada de cereal con gluten (trigo, cebada, centeno y avena) a partir del quinto mes de vida.

Los cereales con gluten que contienen frutos secos, cacao y miel no debes introducirle hasta que el pediatra lo autorice.

La dieta del bebé es una de las preocupaciones más importantes de los padres. Una vez que llega el momento del destete y abandonar poco a poco la lactancia materna, también aparece la duda de qué tipo de alimentos dar y con qué frecuencia.

Los cereales son uno de los primeros grupos de alimentos que se da al bebé, debido a su riqueza nutritiva en hidratos de carbono, vitaminas, minerales y fibra, esenciales para el crecimiento y desarrollo del pequeño.

Cuándo y cómo introducir los cereales en la dieta

Según el Instituto Nacional de Pediatría de México (INP), los cereales deben introducirse en la dieta del bebé a partir del sexto o séptimo mes de vida, junto a otros dos grupos alimenticios, las verduras y las frutas.

Respecto a las cantidades y a la frecuencia, los expertos recomiendan empezar el primer mes con una o dos cucharadas una o dos veces al día, y a ser posible por la mañana para desarrollar el hábito del desayuno.

A partir del octavo mes se aumentará la cantidad de cerelaes que tome el bebé y ya, cuando cumpla un año, podrá tomar un cuarto de taza al día. No se debe olvidar que a está edad aún continúa la lactancia o la leche de fórmula. Por ese motivo, lo mejor es comenzar mezclando los cereales con la leche y darlos en el biberón, y más adelante se podrán dar en papilla.

Los cereales recomendados para el bebé

Siempre que se introduce un nuevo alimento en la dieta del bebé, los expertos del INP recomiendan darlo de forma única durante tres días para comprobar la tolerancia del pequeño.

Los primeros cereales no deben contener gluten, por ejemplo arroz o maíz. A partir del octavo o noveno mes ya puede darse también los que tienen gluten, como trigo, avena, cebada y centeno.

Mucho más que comer bien

Seguro que alguien te ha contado su experiencia o te ha transmitido la recomendación del pediatra de su bebé, sin embargo, es importante que sepas que cada bebé tiene unas necesidades concretas en función de su evolución, peso y talla.

Por eso, en lo que a la alimentación se refiere, sigue siempre las recomendaciones de tu pediatra, ya que te dará los consejos y las indicaciones precisas según la demanda que tenga tu peque.

Tu bebé crecerá muy deprisa y cuando os queráis dar cuenta ya será el momento de introducir cereales en su alimentación. Este cambio se suele dar entre los cuatro y los seis meses de edad, porque será cuando su sistema digestivo esté preparado para comenzar la alimentación complementaria.

La ESPAGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) define la alimentación complementaria como un proceso por el cual se ofrecen alimentos sólidos o líquidos distintos de la leche materna o de una fórmula infantil como complemento y no como sustitución de esta.1

Los cereales contribuyen al aporte energético, son fuente de proteínas, minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales e hidratos de carbono de absorción lenta, por lo que permite espaciar más las tomas.

Durante el primer año los cereales para bebés se ofrecerán al lactante añadidos a la fórmula láctea que esté tomando.

Algunos pediatras recomiendan comenzar a introducir cereales sin gluten, es decir arroz, maíz o soja. Y una vez estemos seguros de que los toleran, introducir cereales con gluten (trigo, cebada, centeno, avena). De esta manera, se evitan posibles reacciones severas a edades tempranas .

El comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) indica que se puede empezar a introducir la alimentación complementaria a partir de los cuatro meses. Pero como decíamos antes, hay que valorar cada caso con la ayuda de un experto en nutrición infantil.2

Según el gusto de tu peque, puedes dárselos con cuchara o con el biberón, esto dependerá de la facilidad con la que los coma, porque algunos bebés notarán mucha diferencia al pasar a la cuchara y puede que los rechacen.

¿Qué cambios experimenta el bebé al comenzar a tomar cereales?

Es posible que no haga sus necesidades con la misma regularidad que cuando solo tomaba leche materna o de fórmula, pero existen cereales ricos en fibra y proteínas que pueden ayudar a sus problemas de estreñimiento.

Es algo nuevo que descubrirán por primera vez, por lo que puede que sea una transición lenta, ya que necesitará tiempo para acostumbrarse. También notarás que se saciará más rápido y que se reducirá el número de tomas. Tu bebé tendrá la energía adecuada para realizar todas las actividades del día.

El cambio de textura y de sabor facilitará la aceptación del resto de alimentos que llegarán en un futuro muy cercano y podrá ser su primera experiencia con la cuchara.

Para preparar los cereales se recomienda seguir las indicaciones de tu pediatra y también puedes consultar la tabla de dosificación que aparece en la caja y nunca añadir sal ni azúcar.

Este es un momento para poner en práctica los buenos hábitos, ya que una buena alimentación marcará su salud mañana.

Fuentes:
  1. AEPED. Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre la alimentación complementaria. Noviembre 2018.
  2. Complementary Feeding: A Position Paper by the European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition (ESPGHAN) Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition: January 2017 – Volume 64 – Issue 1 – p 119–132 https://journals.lww.com/jpgn/FullText/2017/01000/Complementary_Feeding___A_Position_Paper_by_the.21.aspx

Cuándo comenzar a darle cereales a tu bebé

Tu bebé va creciendo y sus necesidades nutricionales varían. Entre los cuatro y los seis meses su aparato digestivo ya está preparado para alimentarse de algo más que de leche. Comienza a darle cereales, en el biberón o en papilla le aportan proteínas, minerales, vitaminas y mucha energía.

Todo es empezar

Para que tu bebé crezca sano necesita una alimentación equilibrada. Entre el cuarto y sexto mes de vida, nunca más tarde del séptimo, debes comenzar a diversificar su dieta con alimentos sólidos. Hasta entonces la leche materna o la de fórmula aportaban todas las calorías y nutrientes que tu bebé necesitaba y que su cuerpo podía digerir, ya que su sistema digestivo no estaba preparado para los alimentos sólidos; esperar hasta que lo esté reduce el riesgo de una reacción alérgica y acorta el tiempo de transición entre alimentarlo tú con una cucharita y que coma él solito.

Los cereales acostumbran al bebé a sabores y texturas diferentes a la leche, lo que facilitará la aceptación de todos los demás alimentos en un futuro muy cercano. Deberás incluir los nuevos alimentos gradualmente para evitar problemas obesidad, hipertensión y alergias.

Según los consejos de tu pediatra, comienza por introducir los cereales, alimentos ricos en hidratos de carbono, que aportan a la dieta no sólo energía, sino también proteínas, minerales y vitaminas. Primero, elige cereales sin gluten y a partir de los nueve meses, ya podrás dárselos con gluten. Eso sí, deben ser de fácil digestión para tu bebé y tener nutrientes que complementen adecuadamente a la leche, con un contenido bajo de azúcares sencillos, para evitar la obesidad. Mejor, que prescindas de los cereales con miel, cacao, multifrutas…

Cereales en biberón

Según la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Española de Pediatría, la leche es fundamental en la alimentación del bebé durante sus primeros seis meses de vida, y hasta el año debe mantener al menos dos o tres tomas de leche al día. Para introducir los cereales, lo mejor es añadir en el biberón un cacito raso de cereales, eso sí, cuando lo indique el pediatra: suele ser en el primer biberón de la mañana o bien en el último del día, ya que así es posible que tu bebé se olvide de la toma de media noche: los cereales le saciarán más y podrá pasar más horas sin comer. Recuerda que al incluir los cereales necesitarás una tetina diferente para que la leche pueda pasar fácilmente.

Comienza introduciendo un cacito raso de cereales en el primer biberón de la mañana o en el último de la noche. Progresivamente, vete aumentando el número de cacitos.

Progresivamente, puedes ir aumentando la cantidad de cacitos y el número de biberones a los que se añaden, según los consejos del médico. Es recomendable comenzar ofreciendo cereales en biberón ya que con las papillas de cereales el bebé tiene que adaptarse a dos novedades: la cuchara y los cereales, y resulta mucho más apropiado hacer los cambios de uno en uno y poco a poco, para que los asimile con facilidad.

Cereales en papilla

Si prefieres darle papilla de cereales, ofrécele primero el pecho o el biberón y después una o dos cucharaditas de papilla de cereales, mezclados con una cantidad suficiente de leche de fórmula o leche materna para lograr una consistencia semilíquida. Utiliza una cucharita especial con punta blanda para evitar que se haga daño en las encías. Comienza colocándole sólo una pequeña cantidad de cereal en la punta de la cuchara. Hasta que se familiarice con su sabor y textura.

Para hacer papilla, mezcla los cereales con leche materna o de fórmula hasta conseguir una consistencia semilíquida.

Cuando empieces a variar la alimentación, notarás que tu bebé tiene cada vez mayor actividad y los cereales van a ir tomando poco a poco un lugar importante en su alimentación: forman parte de los glúcidos, muy importantes para la nutrición de los músculos.

El primer paso para la alimentación variada

¿Cómo sabrás que tu bebé ya está preparado para tomar algo más que alimentos líquidos? Si mantiene su cabeza en una posición firme y erguida, si es capaz de dejar de usar la lengua para empujar la comida fuera de su boca, y si puede sentarse en una posición erguida para tragar bien los alimentos. Además, el desarrollo de su boca y su lengua están sincronizados con el de su sistema digestivo.

Comienza a darle una comida sólida al día en el momento en que mejor te venga, pero nunca cuando tu niño esté cansado o de mal humor. Al principio no comerá mucho, necesita tiempo para acostumbrarse a esta nueva experiencia, muy pronto estará preparado para comer algunas cucharadas más de cereales al día y a medida que la cantidad que tome sea mayor, puedes espesar cada vez más el biberón o la papilla, y añadir una nueva comida sólida. Pero ten en cuenta que el apetito de tu bebé variará de una comida a otra y sobre todo que los alimentos sólidos no pueden reemplazar todas las sustancias nutritivas que la leche materna o de fórmula le ofrece durante el primer año de vida.

Resulta fundamental establecer buenos hábitos desde el principio: nunca le des de comer frente al televisor y siempre que puedas dale de comer en su trona o sentado sobre tus rodillas asegurándote de que está en una posición correcta para tragar. Evita darle alimentos que puede coger con los dedos mientras está moviéndose: podría atragantarse.

TODOS LOS CEREALES DE BEBÉ

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Cómo introducir los cereales en la alimentación del bebé

Una alimentación variada y equilibrada es fundamental para el desarrollo de todo recién nacido. Tu bebé, poco a poco, va creciendo y esto implica nuevas necesidades alimenticias. Incluir alimentos variados en la dieta de tu pequeño es fundamental. Presta especial atención y toma nota de una serie de consejos para empezar a dar cereales al bebé.

John-Alex

Seguro que te has empezado a preguntar cómo introducir los cereales en la alimentación del bebé. Esta es una duda común entre las madres primerizas. No obstante, vamos a empezar por el cuándo comenzar a dar cereales a tu pequeño.

Entre los cuatro y los seis meses de edad el sistema digestivo de tu pequeño ya está preparado para recibir más que leche materna. Este es un buen momento para empezar a introducir los cereales en la dieta de tu hijo. Los cereales son una buena manera de acostumbrar al pequeño a nuevos sabores y texturas.

Una de las cuestiones que más se pregunta a los pediatras en esta etapa es ¿cómo introducir cereales sin gluten en la dieta del bebé? Pues lo cierto es que tienes que empezar por dar a tu pequeño cereales sin gluten. Esto se debe a que su estómago aún no está acostumbrado a otros alimentos que no sean la leche materna. A partir de los nueve meses de edad el niño ya estará preparado para comer cereales con gluten en el caso de que no le produzcan alergia.

Para hacer las primeras papillas y comidas del bebé, no utilices cereales con miel, multifrutas, con chocolate, etc. En el mercado se pueden comprar cereales especiales para bebés. Ya vienen triturados y están enriquecidos con minerales, vitaminas y proteínas.

Evgeny Atamanenko ||

5 consejos básicos para dar cereales al bebé

En la alimentación de un bebé todo ha de ser muy gradual. Los cambios en su dieta nunca han de ser bruscos. Ten en cuenta que cada bebé tiene su propio ritmo de adaptación. Estos son algunos consejos para conseguir dar cereales al bebé:

  1. Comienza por dar un cacito raso de cereales en el biberón del desayuno a tu bebé. La leche sigue siendo un alimento importante para su crecimiento. Con el paso del tiempo ve aumentando la cantidad o el número de tomas. Por ejemplo, en el biberón de la noche.
  2. Otra opción es dar cereales en la papilla del bebé. Para que se acostumbre empieza mejor por darle el pecho o el biberón. Después, ya puedes ofrecerle unas cucharaditas de papilla con cereales. Empieza con una pequeña cantidad de papilla en la punta de la cuchara especial para que no se haga daño en las encías. La elaboración de esta papilla ha de tener siempre una consistencia semilíquida. Por lo tanto, procura que no te quede demasiado espesa.
  3. Nunca intentes dar de comer a tu hijo cuando esté nervioso o de mal humor. Este es uno de los errores que más se cometen al dar de comer al bebé, busca siempre un momento tranquilo en el que el pequeño esté dispuesto a colaborar en su alimentación.
  4. Asegúrate de que el bebé esté en una posición cómoda para comer. Esta puede ser sentado en su trona o sobre tu regazo, pero siempre con la espalda erguida para que pueda tragar correctamente. Evita que el pequeño coma con distracciones como, por ejemplo, frente al televisor, el teléfono móvil, etc.
  5. No guardes lo que sobre en la nevera. Los cereales con el paso del tiempo cambian de sabor y de textura. Esto no suele gustar a los bebés, por lo que podrías producir en el pequeño un rechazo hacia este alimento. Además, el alimento mal conservado podría contaminarse con gérmenes. Haz una papilla nueva cada vez que alimentes a tu hijo.

Si tienes cualquier duda ante pequeños inconvenientes a la hora de introducir los cereales en la dieta de tu bebé habla con tu pediatra.

  • ¿Te ha servido de ayuda?
  • Gómez Fernández-Vegue, Dra. Marta. Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatraía sobre alimentación complementaria.Comité de Lactancia Materna y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Fecha del documento: 9 de noviembre de 2018. Disponible en línea: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/recomendaciones_aep_sobre_alimentacio_n_complementaria_nov2018_v3_final.pdf
  • Introducing solid foods. Giving your baby a better start in lige. NHS. UNICEF United Kingdom. Julio de 2015. Disponible en línea: https://www.unicef.org.uk/babyfriendly/wp-content/uploads/sites/2/2008/02/Start4Life-Introducing-Solid-Foods-2015.pdf

Licenciada en Periodismo y Comunicación, llevo más de 3 años trabajando y redactando sobre temas de maternidad. Me considero una persona organizada, creativa, perfeccionista y amiga de las palabras, por lo que escribir es mi pasión y el mundo de la maternidad y la comunicación mi devoción.

A partir del medio año, podemos empezar a ofrecerle otros alimentos distintos para que, poco a poco, su dieta sea variada y se vaya igualando a la de un adulto.

¿Cuándo probar los cereales?

El orden en el que comiences a ofrecer sólidos nuevos a tu hijo no es importante. Lo aconsejable es hacerlo de manera paulatina, en pequeñas cantidades y distanciando su introducción entre sí unos días para observar posibles alergias o reacciones. Si nos guiamos por sus necesidades nutricionales deberíamos elegir la carne, rica en hierro, como primer alimento. Pero como tendrás varios meses para probar con uno y otro, tal vez los cereales, por su sabor o textura resulten los más cómodos para empezar.

Los cereales se distinguen entre los que contienen gluten y los que no. Un dato importante porque no todos los niños toleran el gluten. Si bien, entre los expertos aún existen discrepancias sobre la edad en la que un bebé puede comerlo. Aunque no se sabe a ciencia cierta qué es lo que puede originar alergias e intolerancias, se cree que una introducción precoz de ciertos alimentos en la dieta del pequeño puede influir en su aparición. Razón ésta por la que se aconseja (especialmente a aquellos niños que han comenzado a tomar cereales antes de los 6 meses o los que no toman leche materna) retrasar los cereales con gluten unos meses. ¿Cuántos? Tampoco hay acuerdo en esto y el baile de números es enorme según donde se consulte. Unos expertos dicen que conviene esperar a los 9 meses, otros que puede hacerse entre los seis y los ocho.

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La llegada de un bebé a la familia es siempre motivo de alegría en todas las culturas. Pero, cada una tiene sus propias celebraciones y sus ritos. ¿Quieres saber cuáles son, según las diferentes religiones?

La Asociación Española de Pediatría aconseja seguir las pautas que nos indique el pediatra del niño en cada caso. No obstante la edad recomendada por los expertos no debe tomarse como una fecha fija e inamovible. Es una media que puede variar en cada niño. Lo importante es que el bebé esté preparado para empezar a comer sólidos. Para ello debe:

Ser capaz de mantenerse sentado con ayuda o sin ella.

No tener el reflejo de extrusión (reflejo instintivo que le hace expulsar todo aquello que no sea leche)

Saber hacer pinza con los dedos

Mostrar interés por la comida (abre la boca, quiere cogerla, se lleva cosas a la boca…)

En cualquier caso la introducción de alimentos sólidos tiene que ser un proceso gradual. Por el momento, hasta el primer año, el niño no necesita más nutrientes que los que obtiene de la leche materna, si acaso el hierro cuyas reservas comienzan a agotarse a esta edad, y del que es deficitaria la leche, pero para ello lo mejor sería comer carne u otros alimentos más ricos en este mineral.

El objetivo de la alimentación complementaria antes del primer año, como decimos, es educativo. Los nuevos alimentos deben complementar, nunca sustituir la leche. Esta seguirá siendo el alimento principal hasta el año de vida.

Con la alimentación complementaria el bebé aprende a asimilar nuevos sabores, texturas, a usar cubiertos, a disfrutar de la comida…, por eso se trata de un proceso en el que no caben las prisas, las imposiciones, ni las cantidades. El bebé, a esta edad, no tiene por qué comer una porción concreta de fruta, ni otra tanta de verduras o cereales para asegurar su crecimiento, de eso ya se encarga la leche. Estos meses deben considerarse un periodo de aprendizaje, durante el cual el pequeño adquirirá habilidades, aprenderá a saborear, a masticar y a comer como un adulto. Y eso requiere su tiempo.

Los cereales son un alimento básico, especialmente en nuestra dieta. Son ricos en carbohidratos y fibra. Esenciales para el buen funcionamiento del organismo. Por lo que no deberían faltar en el menú del niño.

¿Cómo dárselos?

Puedes dárselos de varias maneras, no hay una única. Tu pediatra puede recomendarte una u otra, y tú puedes ver cuál os conviene más. Una forma de facilitar el inicio es haciéndolo mediante papillas, elaboradas con cereales hidrolizados que se mezclan con leche materna, agua, fruta, caldo o verduras. Si no le das leche de fórmula no tienes por qué usarla para hacer las papillas. Puedes probar dándole una cucharadita. Al principio no tiene por qué comer más, si ha tomado una cucharada ya es un éxito. Al día siguiente vuelve a intentarlo. Cada vez irá asimilando mejor esta nueva textura y su sabor. Lo que sí se aconseja es evitar el biberón para administrar los cereales. Si toma el pecho en exclusiva es absurdo que aprenda a beber de una tetina, porque nunca volverá a hacerlo. Si toma leche de fórmula en biberón lo ideal es que éste se destine solo a la leche, ya que pronto tendrá que dejarlo y aprender a beber en vaso y comer con cuchara, como los adultos.

Otra forma es esperar hasta que sea capaz de sentarse solo, morder con sus encías (aunque no tenga dientes) y de coger cosas con sus manitas. De este modo te puedes saltar el paso de las papillas. Esto suele suceder alrededor de los 7 u 8 meses. En este caso ofrécele los cereales en forma de pan (blandito), de trocitos de pasta, de galleta, de cereales de desayuno, de granos de maíz… Déjale a él coger la comida, manipularla y experimentar. Así además irá aprendiendo a comer solo.

Algunas recomendaciones

· No añadas azúcar, cacao, miel, sal ni otras sustancias a las papillas.

· La introducción de los cereales debe hacerse de forma gradual.

· Todos los cereales son válidos. Los alimentos compuestos de varios cereales tienen las mismas ventajas que los que contienen solo uno.

· El hierro de los cereales, de origen vegetal, es de menor absorción que el animal. Complementa los cereales con vitamina C para una mejor asimilación del hierro.

· No se aconseja darle otros alimentos junto a la leche para que duerma más o aguante más. Además de no ser cierto, esta práctica favorece la predisposición a la obesidad.

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Fecha de actualización: 28-06-2013

Redacción: Irene García

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Los biberones de cereales son una de las opciones más frecuentes en la alimentación del bebé, aunque no todos los pequeños los admiten. Si es el caso de tu hijo, no tienes por qué preocuparte. Según los expertos, no hay ningún motivo para inquietarse mientras el niño tome pecho.

¿Por qué? Porque los cereales no son más alimento que la leche materna. De hecho, la leche materna está considerada como el mejor alimento del mundo, el más completo y el más equilibrado, ya que tiene todas las vitaminas y todos los nutrientes que cualquier niño necesita para su correcto desarrollo y para crecer.

Si además te estás preguntando si los niños duermen más por comer cereales, la respuesta es no. Hace tiempo de hecho que quedó demostrado que los niños que se alimentan con cereales por la noche no duermen más que los que toman pecho. Y aunque así fuera, los expertos recomiendan no sacrificar la leche materna en beneficio de los cereales pensando que así los pequeños conciliarán más y mejor el sueño. ¡En absoluto!

Ahora bien, por mucho que se defienda la leche materna, a partir de una determinada edad, la dieta del niño tendrá que enriquecerse y, por tanto, habrá que ir introduciendo nuevos alimentos en ella a medida que crezca.

Es en ese momento cuando tendrás que tener muy presente que los bebés comen sin sal, así que aunque a ti te parezca que la comida está sosa no añadas sal a ninguna de las preparaciones que hagas.

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