Celiaquia y estreñimiento

Comenta en «¿Qué le pasa a mi cuerpo si soy celíaco y como gluten?»

Casi 500.000 españoles, el 1% de la población, son celíacos y, de ellos, al menos un 75% está todavía sin diagnosticar, según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE). Si hablamos de personas sensibles al gluten, la cifra se eleva al 10% de los españoles.

La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten del trigo, el centeno, la cebada y, probablemente, la avena, de base genética, que produce una inflamación de la mucosa del intestino delgado, lo que dificulta la absorción de macro y micronutrientes.

Aunque es fácil confundir los síntomas de la enfermedad celíaca con otros trastornos intestinales como, por ejemplo, el síndrome del intestino irritable o la intolerancia a la lactosa, los síntomas más frecuentes son diarrea, dolor abdominal, abotargamiento, pérdida de peso o alteraciones del carácter (irritabilidad, apatía, introversión, tristeza). Sin embargo, tanto en el niño como en el adulto, los síntomas pueden ser atípicos o estar ausentes, dificultando el diagnóstico.

Principales trastornos

La ingestión de pequeñas cantidades de gluten, de una manera continuada, puede causar trastornos importantes y no deseables. Las personas con enfermedad celíaca corren el riesgo de sufrir desnutrición y pueden desarrollar anemia (disminución de la cantidad de glóbulos rojos debido a la falta de hierro) u osteoporosis (huesos quebradizos por la falta de calcio).

La incapacidad del cuerpo para absorber nutrientes también puede significar que las personas jóvenes con enfermedad celíaca podrían no crecer completamente hasta su altura potencial. Además, los afectados pueden tener más propensión a padecer otras enfermedades como, por ejemplo, la enfermedad tiroidea, diabetes, lupus y ciertos tipos de cáncer.

Diagnóstico de la celiaquía

Como la enfermedad celíaca se parece a otras afecciones digestivas, solo un médico puede determinar con seguridad si una persona la padece. De haber sospechas, probablemente el facultativo indicará la realización de un examen de sangre como primer paso para el diagnóstico de la enfermedad. No obstante, para un diagnóstico de certeza es imprescindible realizar una biopsia intestinal, que se realiza mediante una gastroscopia (se introduce un escopio por la boca, normalmente bajo sedación) y consiste en la extracción de una muestra de tejido del intestino delgado superior con el fin de ver si está o no dañado. Una prueba para la que es necesario no haber retirado el gluten de la dieta.

Tratamiento

El único tratamiento de la enfermedad celíaca es la dieta estricta sin gluten durante toda la vida, lo que permite la reparación del revestimiento intestinal. De hecho, a muchas personas les cambia su día a día a medida que el organismo se recupera, pudiendo llevar una vida totalmente normal.

El celíaco debe basar su dieta en alimentos naturales: legumbres, carnes, pescados, huevos, frutas, verduras, hortalizas y cereales sin gluten (arroz y maíz), según la FAPE. Deben evitarse, en la medida de lo posible, los alimentos elaborados y/o envasados, ya que en estos es más difícil garantizar la ausencia de gluten.

Afortunadamente, convivir con la enfermedad es hoy más llevadero que hace unos años. La proliferación de productos libres de gluten en las estanterías de las tiendas y supermercados, así como en la oferta de bares y restaurantes, hacen que actualmente sea más fácil no comer gluten y evitar así dañar nuestra salud.

El autodiagnóstico es, de hecho, el primer error que cometemos cuando decidimos eliminar el gluten de la dieta sin prescripción médica. “La comunidad médica descarta utilizar el término intolerante, que se presta a confusión, y prefiere hablar de sensibilidad al gluten no celiaca (SGNC). Esta se diagnostica por descarte de celiaquía o alergia al trigo, ya que al ser una afección muy reciente todavía no existen marcadores, de manera que el diagnostico debe ser realizado siempre por un profesional de la medicina”, explica Nuria Pablos, autora junto a Elisa Mora de Sin gluten y sin riesgos (Zenith, 2019), un libro que desmonta los mitos y verdades sobre la celiaquía escrito a cuatro manos por dos celíacas (Pablos, consultora y formadora experta en educación emocional, y Mora, doctora en Biología).

Lejos de resultar beneficiosas para la población sin enfermedad celíaca, las dietas sin gluten parecen aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2

Las autoras se muestran contundentes: “tal vez comes sin gluten porque te lo ha recomendado un amigo, tu osteópata, tu sofrólogo o tu coach”, lo que supone un error, ya que “no existe ninguna evidencia científica de que comer sin gluten sea más sano, ni de que adelgace o mejore el rendimiento deportivo, aunque es cierto que cuando eliminamos el gluten y empezamos una nueva dieta solemos tener nuevos planteamientos de salud, incorporamos alimentos frescos o comemos menos fuera, lo que lleva a una posible mejora en la salud”. Sin embargo, sentencian, “el problema no reside en el gluten”.

De hecho, según un estudio de la Universidad de Harvard las dietas sin gluten, lejos de resultar beneficiosas para la población sin enfermedad celíaca, parecen aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Otra investigación elaborada a cuatro manos por las universidades de Columbia y Harvard sobre más de 100.000 personas durante 26 años señala que “la restricción de gluten no tiene ningún beneficio, al menos en términos de salud del corazón, para las personas sin celiaquía; de hecho, puede causarles algún daño si siguen una dieta baja en gluten, particularmente pobre en cereales integrales, ya que los granos integrales parecen tener un efecto protector contra las enfermedades cardiacas”, señala el estudio.

Por otra parte, otra investigación elaborada por la Universidad de Herdforshire (Reino Unido), que analizó 1.700 productos de distintos grandes almacenes, concluyó que, en líneas generales, los alimentos sin gluten tienden a ser nutricionalmente peores que el resto al contener más sales, azúcares y grasas saturadas. “La gente compra galletas sin gluten pensando que está llevando una dieta más sana sin saber que tienen más grasas y azúcares añadidos”, explica la coach nutricional Susana León, quien asegura que muchas personas que creen padecer sensibilidad al gluten “lo que no toleran en realidad son las harinas excesivamente refinadas, las grasas, o incluso otros productos como la mantequilla, presentes sin ir más lejos en buena parte de las baguettes que consumimos”.

Los alimentos sin gluten tienden a ser nutricionalmente peores que el resto al contener más sales, azúcares y grasas saturadas

Las autoras de Sin gluten y sin riesgos coinciden con esta apreciación. “El gluten se utiliza en la industria alimentaria porque aporta textura a los alimentos, al ser el responsable de la elasticidad de las grasas. Para conseguir esta textura sin emplear gluten se recurre a un procesado excesivo que puede comportar la adición de grasas, azúcares y conservantes, cosa que puede provocar que la dieta sin gluten, si no va acompañada de un cambio de hábitos, nos haga engordar, ya que las versiones gluten free de determinados productos son mucho más calóricas”, explica Mora, quien se pregunta “por qué la gente se sacrifica tanto cuando no tiene ninguna necesidad de hacer una dieta tan restrictiva”.

El gluten es, según recoge la Federación de Asociaciones de Celíacos de España, “una proteína amorfa que se encuentra combinada con el almidón en muchos cereales comunes en la dieta occidental, entre ellos el trigo, la cebada, la avena y el centeno”. Pese a que durante mucho tiempo se ha creído que son las glianinas presentes en el gluten las que pueden causar tanto celiaquía como sensibilidad al trigo no celíaca, una reciente investigación realizada por la Universidad de Oslo y publicada en Gastroenterology apuntó, en febrero de 2018, que los causantes de esta sensibilidad podrían ser los fructanos, una familia de polisacáridos y oligosacáridos formados exclusivamente por unidades de D-fructosa presente en algunos alimentos, desde el ajo a la alcachofa, el puerro y algunos cereales como el trigo y el centeno.

En este sentido, para la coach experta en hábitos saludables Natàlia Calvet, “las dietas occidentales se han basado tradicionalmente en un consumo excesivo de cereales, y por lo tanto de gluten, y eso es un error. De hecho, los cereales no son imprescindibles para la salud, y sí lo son las verduras, frutas y hortalizas que deberían constituir la base de la alimentación mientras que los tubérculos y cereales deberían ser guarniciones”, de modo que sí tendría sentido una reducción del consumo del gluten presente en los cereales en favor de otros alimentos procedentes del huerto. Eso sí, “siempre que reducir el consumo de cereales suponga aumentar el consumo de frutas, verduras y hortalizas, y no la sustitución por sus versiones sin gluten”.

Con el autodiagnóstico podemos estar obviando la presencia de enfermedades con una sintomatología parecida, como el síndrome del intestino irritable

Tanto Mora como Pablos consideran, por su parte, que es importante dejar claro algo que, con la repentina moda de las dietas sin gluten y la tendencia al autodiagnóstico, muchos parecen haber olvidado. “La enfermedad celiaca no es una intolerancia: es una enfermedad autoinmune que no tiene cura. No hay grados ni diferentes niveles de sensibilidad, y la ingesta de gluten es muy peligrosa cuando se es celíaco, ya que tiene consecuencias muy graves para la salud”. Según las autoras, retirar el gluten sin prescripción médica puede tener graves consecuencias en este sentido. “Esta repentina moda de que el gluten es dañino hace que la celiaquía sea muy difícil de diagnosticar en asintomáticos. Al eliminar el gluten de la dieta, las pruebas salen bien, de manera que existen muchos celiacos no diagnosticados que pueden tener problemas de salud a largo plazo derivados de esta condición, desde problemas de fertilidad a osteoporosis”. Otro problema del autodiagnóstico es que podemos estar obviando la presencia de enfermedades con una sintomatología parecida, como el síndrome del intestino irritable.

La enfermedad celíaca tiene, de hecho, una base genética: “un 30% de la población tiene estos genes pero solo un 1% la desarrolla, no está claro si se debe a un factor ambiental. Pese a que antes se consideraba una enfermedad únicamente infantil, ahora se está diagnosticando en personas que están entre los 40 y 60 años, lo que demuestra que puede desarrollarse a cualquier edad”, señala Pablos. Por este motivo, pese a que son muchas las personas que eliminan el gluten porque creen que este gesto les ayudará a perder peso y deshincharse, lo cierto es que muchos celíacos o personas con sensibilidad al gluten no celiaca ganan peso cuando se diagnostica la enfermedad, ya que al eliminar el gluten su cuerpo absorbe mejor los nutrientes. “Solo hay una fórmula para mantener el peso y no pasa por abandonar el gluten, sino por seguir una dieta basada en el consumo de fruta y verdura, realizar ejercicio físico regular, y evitar la ingesta de ultraprocesados”, explica León.

Especialistas en Celiaquía

  • ¿Se puede ser celíaco siendo DQ2 y DQ8 negativo teniendo la serología positiva?
  • Hola, tengo tiroiditis autoinmune, hace 6 meses me realizaron una biopsia gastrica y dio negativo en cuanto a celiaquia se refiere, en enero me diagnosticaron anemia poniendome un tratamiento de hierro oral pero mi anemia no ha mejorado.¿Es posible que haya desarrollado celiaquia?
  • Me gustaría saber si un estudio genético de celiaquía está bien realizado, sólo incluyendo DQ2 y DQ8. Según tengo entendido, hay más genes implicados. Lo pregunto porque de ser así, tal vez debería repetirlo, ya que en mi caso sólo me estudiaron DQ2 y DQ8 Gracias!
  • Mi hija es Celiaca. Estaba tomando la píldora Ovoplex pero ya no la hay en farmacias no la sirven. Lleva desde mes octubre tomando Microgidon pero octubre la pasó y ayer y hoy que ha vuelto a tomar segunda caja, tiene ganas de vomitar. Porqué puede ser?
  • Es posible ser celíaco si los anticuerpos son negativos, tengo una hija celiaca y mi padre celíaco y tiene colitis ulcerosa y a mi me han sacado intolerancia a la fructosa y inflamación intestinal por una prueba de heces.
  • Buenos días. ¿Es cierto que la única causa de un hallazgo de infiltrado inflamatorio (sin linfocitosis ni hiperplasia) en la biopsia de duodeno es la celiaquía?
  • Puede una sensibilidad al gluten no celiaca ocasionar reflujo laringofaringeo? Y en ese caso, cuanto tiempo con DSG hace falta para que remita la sintomatología? Es necesario que la dieta sea estricta?
  • Está relacionada la enfermedad de Gilbert con la celiaquía?
  • Soy celiaca y tomo anticonceptivos orales. Puede haber disminución de su absorción por el hecho de ser celiaca? Es seguro que los siga usando como método anticonceptivo?
  • Buenos días, mi hija es celiaca, le han recetado AERIUS, entiendo que lo han tenido en cuenta porque lo comenté, pero para confirmar, ¿puede tomar este medicamento?

Los síntomas de la celiaquía: digestivos y extradigestivos

Síntomas de la celiaquía en adultos

En la edad adulta el diagnóstico se vuelve aún más complicado debido a la gran variedad de síntomas de la celiaquía, que además son difusos y pueden apuntar a muchas otras patologías, explicando así el enorme infradiagnóstico de la enfermedad celiaca.

Algunos de los síntomas comunes que pueden aparecer en edad adulta, también aparecen en otras etapas de la vida, como son las digestiones pesadas con hinchazón, las diarreas con episodios de estreñimiento, la anemia ferropénica… Pero volviendo a la idea de enfermedad camaleónica, como explicamos en la guía 0 Gluten, nos encontramos con que la celiaquía puede afectar a cualquier órgano y ocasionar daños mucho más allá del aparato digestivo.

  • Y es que la celiaquía tiene manifestaciones cutáneas que van desde una posible psoriasis a la conocida dermatitis herpetiforme, pasando por cabello y uñas débiles, entre otros muchos.
  • Los síntomas ginecológicos también son muy importantes: abortos de repetición asociados a la celiaquía, infertilidad tanto masculina como femenina, reglas irregulares, aparición temprana de la menopausia, etc.
  • Trastornos neurológicos. El denominado «Neurogluten» estudia la relación del consumo de gluten con ciertas enfermedades neurológicas que van desde ataxia por gluten.
  • Problemas en huesos y articulaciones como osteoporosis, también pueden estar relacionados con una celiaquía sin diagnosticar.
  • La celiaquía es una enfermedad autoinmune y por eso puede guardar relación con otras muchas enfermedades autoinmunes como la diabetes Tipo I, la hepatitis autoinmune, el hipotiroidismo de Hashimoto, y un largo etc. Muchas veces aparecen antes estas enfermedades autoinmunes y después se descubre que hay una celiaquía que probablemente haya sido la que ha dado lugar a las otras enfermedades denominadas asociadas.

Ante cualquier sospecha de celiaquía, es fundamental acudir a nuestro médico , y más si tenemos algún familiar celiaco. El diagnóstico precoz es fundamental para evitar que aparezcan alguna de las enfermedades asociadas a la celiaquía como las ya mencionadas.

En caso de confirmarse el diagnóstico a través de las correspondientes pruebas de diagnóstico, deberemos comenzar a realizar una dieta sin gluten estricta y de por vida teniendo en cuenta la importancia de no transgredir nunca la dieta y de basarla en alimentos sin gluten que de manera natural no contengan esta proteína.

Las consecuencias de saltarse la dieta sin gluten, como explica la guía 0 Gluten, pueden ser graves en el largo plazo, llegando incluso a ocasionar un linfoma intestinal asociado a la celiaquía.

LORENA PÉREZ

Soy periodista, asturiana (de Cangas del Narcea concretamente) y celiaca diagnosticada desde los 14 años. Desde 2011 me dedico al mundo de la información y la comunicación en salud y desde 2015 empleo gran parte de mi día a día en Celicidad. Soy la encargada de seleccionar y trabajar los contenidos y las estrategias de comunicación y ayudo a contrastar los datos de los restaurantes que forman parte de nuestra web y nuestra App d​e restaurantes Sin Gluten. Además, formo parte del equipo de la red Cangas Sin Gluten, primer destino sin gluten de España, en Cangas del Narcea. Sí, es mi pueblo. Todo lo que sea aportar mi granito de arena para hacernos las cosas más fáciles, como celiacos, merece la pena. Y el mejor sitio para empezar a demostrarlo es, sin duda, la tierra en la que nací y me crie.

Además he escrito ya unas cuantas guías digitales para Celicidad. Las que más éxito están teniendo son: Aprender a cocinar sin gluten, 0 Gluten y 20 años cocinando sin gluten. Las recetas de Celicidad

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Dentro de las diferentes intolerancias alimentarias que se conocen hasta el momento, la celiaquía destaca por ser una de las más comunes y una de las que más tiende a afectar a un número de personas bastante amplio (junto con la propia intolerancia a la lactosa).

En lo que se refiere a la celiaquía, consiste en una enfermedad intestinal, la cual afecta a individuos genéticamente predispuestos, cuando ingieren alimentos que contienen gluten, una proteína que forma parte de la harina de los cereales, como pueden ser la cebada, el trigo, la avena y el centeno.

Cuando el gluten entra en contacto con la mucosa intestinal tiende a producir una serie de reacciones inflamatorias de base inmunológica, que puede causar daños graves en el intestino delgado.

Lo normal es que la celiaquía no sea diagnosticada hasta edades avanzadas, puesto que en muchísimos casos la celiaquía tiende a cursar como una enfermedad sin síntomas (esto es, asintomática). No obstante, es cierto que cada vez tiende a ser mayor el número de bebés y niños celiacos.

Teniendo en cuenta que la dieta sin gluten no contiene cereales con esta proteína, los cuales son especialmente ricos en fibra, suele ser muy habitual que la persona celiaca sufra de estreñimiento.

¿Por qué aparece el estreñimiento en los celíacos?

Una de las principales causas de aparición del estreñimiento en los celíacos es la eliminación de productos elaborados a partir de cereales con gluten, los cuales destacan precisamente por ser ricos en fibra: desde harinas hasta pan, pasando por los cereales para el desayuno o las galletas.

Por ello, como la dieta sin gluten es normalmente baja en fibra vegetal, esto causa una alteración del ritmo intestinal, de forma que la persona celiaca puede presentar una tendencia al estreñimiento.

Existen determinadas pautas, consejos y trucos que pueden ayudar a la hora de evitar el estreñimiento en personas con celiaquía.

Cómo evitar el estreñimiento en celíacos

  • Come verduras y frutas cada día: cuando una persona no puede consumir fibra a través de alimentos con gluten, la mejor forma de aportarla a nuestro organismo es a partir de las verduras y frutas. Por tanto, la clave está en introducir en nuestra dieta de 2 a 3 verduras y frutas cada día. Destacan por ejemplo las espinacas, acelgas, tomates, guisantes o judías verdes, y frutas como la manzana, pera, plátanos o albaricoques.
  • Come legumbres 3 veces por semana: aportan fibra natural para nuestro organismo, destacando legumbres como los garbanzos, lentejas, alubias o la soja.
  • Come cereales integrales: no te olvides de añadir a tu dieta semanal tanto el arroz integral como alimentos integrales sin gluten.
  • Bebe líquido en abundancia: es otra de las mejores opciones para prevenir y evitar el estreñimiento. ¿Lo mejor? Beber de 1,5 a 2 litros de agua cada día.
  • Practica ejercicio físico: ¿sabías que el ejercicio físico es uno de los mejores hábitos que ayudan a prevenir el estreñimiento? Sobretodo si es practicado por la mañana, ya que es útil para activar el movimiento intestinal.

Imagen | Andrea_Nguyen

Este artículo se publica solo con fines informativos. No puede ni debe sustituir la consulta a un Nutricionista. Le aconsejamos consultar a su Nutricionista de confianza.

Productos

Los celíacos presentan ciertos problemas en la dieta, ya que deben de eliminar el gluten y eso provoca que dejen de consumir algunos productos elaborados a partir de cereales con esta proteína, que son ricos en fibra, como el pan, harinas, galletas ocerealespara el desayuno.

Por este motivo, la dieta sin gluten es normalmente baja en fibra vegetal, por lo que con cierta frecuencia, comporta una alteración del ritmo intestinal con tendencia al estreñimiento.

Según cuenta Nutrición.pro, para evitar el estreñimiento en los pacientes celíacos es recomendable tomar de 2 a 3 raciones de fruta al día crudas y a ser posible con piel; siendo especialmente beneficiosos los kiwis a primera hora de la mañana, ya que además de ser ricos en vitamina C, constituyen un excelente antioxidante.

El portal especializado en nutrición aconseja incluir en la dieta de 2 a 3 raciones de verduras y hortalizas al día, que suelen ser ricas en fibra; así como unos 200 gramos del producto crudo, como guisantes, espinacas, cardos, acelgas, judías verdes y tomates, por citar algunos.

También son beneficiosas las legumbres 3 veces por semana, como lentejas, soja, alubias o garbanzos; y los cereales, como el sorgo, el maíz, el trigo sarraceno, la quinoa y el amaranto, aunque no deben de olvidarse los cereales integrales, como el arroz integral, las galletas integrales sin gluten.

Es necesario beber abundantes líquidos -entre 1,5-2 litros diarios de agua-, comer despacio y masticar bien los alimentos y llevar un horario regular de comidas, para habituarse a acudir al baño de manera adecuada, sin olvidar la realización de ejercicio físico.

Realizando estos hábitos de manera regular y llevando una dieta sana y equilibrada y rica en fibra, se evitará el uso continuado de laxantes, que no deben de tomarse a no ser que hayan sido prescritos por el médico.

Blog

Qué dicen las heces de tu salud

26 diciembre, 2016

La forma, textura, color y olor de las heces, junto a la frecuencia de las deposiciones, te pueden ayudar a descubrir si padeces algún problema de salud. Conoce los diferentes tipos de heces y qué indica cada uno de ellos.

La Escala de heces de Bristol, clasifica las deposiciones en siete tipos diferentes, de acuerdo a su forma y consistencia.

Los seres humanos expulsamos una media de entre y cuatro y cinco toneladas de heces a lo largo de nuestra vida. La frecuencia del vaciado intestinal varía de unas personas a otras, y se considera normal defecar entre tres veces al día y tres a la semana. Sin embargo, si se produce una variación repentina en los movimientos intestinales es conveniente consultar al médico, porque existen muchos factores que pueden alterar este hábito, desde un cambio en la dieta o en los patrones de sueño, a un viaje, la práctica de ejercicio, el embarazo, el consumo de ciertos medicamentos, o una situación de estrés, pero también la presencia de diversas enfermedades.

La forma, textura y color de las heces –y no solo la frecuencia de las deposiciones, o un brusco cambio en los patrones defecatorios– pueden ayudarnos a descubrir si padecemos algún problema de salud, o si la dieta que llevamos es inadecuada, o sufrimos una alergia o intolerancia alimentaria. De hecho, para comprobar qué deposiciones se encuentran en el rango de lo normal, y cuáles pueden indicar una anomalía en el tránsito intestinal, o incluso la presencia de una enfermedad, existe una tabla, denominada Escala de heces de Bristol, que las clasifica en siete tipos diferentes, de acuerdo a su forma y consistencia.

La materia fecal contiene un 75% de agua, aproximadamente, y el resto de su contenido consiste en fibra, células, bacterias –vivas y muertas–, y moco. La escala de Bristol describe siete tipos diferentes de heces:

La escala Bristol


Tipo 1
Trozos duros y difíciles de expulsar, con forma similar a una nuez.


Tipo 2
Los excrementos adoptan la forma de una salchicha, pero no es lisa, sino que presenta bultos.

Tipo 3
También con forma de salchicha, pero en este caso tiene surcos en la superficie.

Tipo 4
La forma y textura ideales: con aspecto de salchicha, blanda y suave.

Tipo 5
Pedazos blandos y con bordes definidos, fáciles de excretar, pero que en el caso de sentir la necesidad urgente de ir al baño pueden indicar la presencia de una diarrea suave, que normalmente desaparece espontáneamente en un par de días.

Tipo 6
Trocitos blandos cuyos bordes se deshacen, y que cuando se excretan dos o más veces al día son signo de diarrea y pueden causar deshidratación.

Tipo 7
Heces totalmente líquidas. En este caso se trata de diarrea, cuya causa debe ser identificada y tratada si persiste, al igual que la posible deshidratación.

Los tipos 3, 4 y 5, representan la forma y textura que deben tener las heces habitualmente. Si son de tipo 1 o 2, suelen indicar estreñimiento, y es necesario consultar con el médico para averiguar sus posibles causas, que son muy variables, desde una carencia de fibra alimentaria o de agua en la dieta, hasta sedentarismo o trastornos de tiroides. Las causas de la diarrea (tipos 6 y 7) también pueden ser muy diversas, desde un virus de la gripe que afecte al estómago, hasta una intolerancia a la lactosa, o una enfermedad como el síndrome de intestino irritable.

¿Son preocupantes el color y olor de tus heces?

Otras características de las heces en las que también debemos fijarnos son su color y su olor. Así, aunque todos sabemos que es normal que los excrementos huelan mal, si son realmente hediondos podría tratarse de un signo de algún problema de salud como celiaquía, trastorno de malabsorción, pancreatitis crónica, o enfermedad de Crohn, entre otros muchos. Por ello, si desprenden un olor muy desagradable, no de forma puntual, sino habitualmente, también es necesario consultarlo con el médico.

Con respecto al color de las deposiciones, depende de los alimentos que ingerimos y de la cantidad de bilis que contienen, lo que significa que el color de las heces debería revelar una combinación de los colores de la comida y de la bilis. Te explicamos qué puede significar cada una de las tonalidades más comunes:

  • MARRÓN. Las diversas tonalidades de marrón por lo general se consideran saludables, e indican que la dieta que consume el individuo es equilibrada.
  • VERDE. Un elevado consumo de verduras de hoja verde, como las espinacas, puede teñir las heces de este color; sin embargo, también puede significar que los alimentos atraviesan rápidamente el intestino grueso, lo que impide que la bilis se descomponga completamente, por lo que si la situación se prolonga, debes comentárselo a tu médico.
  • ROJO. Puede deberse a la ingesta de alimentos, medicamentos, o colorantes alimentarios de ese color, en cuyo caso deberían volver a su tono normal al dejar de consumirlos. Si se trata de un color rojo brillante, podría ser un signo de sangrado intestinal, o la presencia de sangre procedente de una herida o hemorroides, y también es motivo de consulta médica.
  • AMARILLENTO. Puede deberse a varias causas, una de ellas es la giardiasis, una infección provocada por un parásito denominado Giardia, que está presente de forma natural en el intestino, pero si aumenta su concentración por algún motivo puede causar diarrea de este color. Si además de amarillentas las heces tienen una apariencia grasienta y un olor desagradable, puede tratarse de malabsorción o enfermedad celíaca.
  • CLARAS. Si las heces son muy claras podría deberse a una deficiencia de bilis, e indicar problemas de salud importantes como una obstrucción biliar, hepatitis, cirrosis, trastornos del páncreas…
  • NEGRAS. Los suplementos de hierro oscurecen el tono de las heces, pero si no se están tomando, el color negro puede indicar desde un exceso de bilis hasta un sangrado en el tracto gastrointestinal superior, como el estómago.

Ver noticia en webconsultas.com

La mayoría de los enfermos con SII no consultan al médico y un porcentaje importante de los que sí acuden presentan síntomas extraintestinales asociados (25%) y una elevada comorbilidad de enfermedades psicológicas y psiquiátricas, enfermedades digestivas, síndromes de dolor funcional y otras enfermedades somáticas (intestinales y extraintestinales).

Los pacientes con SII padecen una marcada reducción de la calidad de vida por la falta de tratamientos eficaces. El coste sanitario y la repercusión social del SII han aumentado progresivamente en las dos últimas décadas.

La característica principal del SII es la existencia de dolor/malestar abdominal crónico o recurrente asociado con cambios en la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones. Con frecuencia, el dolor es difuso y cambiante, puntiforme, de intensidad variable, a veces agravado por la ingesta y suele localizarse en el hemiabdomen inferior.

Dos tercios de los pacientes tienen otras manifestaciones digestivas como dispepsia, pirosis, náuseas, distensión abdominal o irritabilidad rectal. Hasta el 75% aquejan astenia, adinamia o postración, cefalea e insomnio. En las mujeres la menstruación exacerba el dolor abdominal y la flatulencia.

Ante un paciente con criterios de SII y sin síntomas de alarma, el diagnóstico debe establecerse con las mínimas exploraciones complementarias posibles.

El SII empeora con preocupaciones, estrés, alimentos con lactosa, fructosa, mucha fibra y grasas, con alcohol, café, té, tabaco, chocolate y bebidas gaseosas.

Por ello el tratamiento del SII está orientado al alivio de los síntomas gastrointestinales y a menudo requiere un abordaje integral y el empleo de medidas complementarias que incluyen terapias farmacológicas y otras no farmacológicas.

Desafortunadamente, la mayoría de las variadas opciones terapéuticas disponibles no parecen ser eficaces para inducir la remisión clínica prolongada y para modificar la historia natural del SII. Consecuentemente, la insatisfacción terapéutica determina una reducción notable de la calidad de vida de los pacientes y genera cada vez gastos directos e indirectos más elevados.

Considerando la heterogeneidad de los síntomas del SII, el tratamiento ha de ser individualizado, dependiendo de los síntomas principales de cada paciente.

  • Medidas no farmacológicas: se recomienda evitar los alimentos antes mencionados, no fumar, llevar una vida relajada, respetar el horario de comidas y practicar ejercicio. La reeducación esfinteriana, las terapias psicológicas y las técnicas de relajación pueden ser útiles como adyuvantes de las terapias habituales.
  • Medidas farmacológicas: enfocadas a aliviar la sintomatología específica. El dolor abdominal con espasmolíticos, la diarrea con derivados opioides, como la loperamida y la codeína, resinas de intercambio, como la colestiramina o el colestipol. El estreñimiento con administración de fibra y laxantes. Los antiflatulentos, los procinéticos y los antiinflamatorios pueden jugar también su papel en el tratamiento sintomático. Los probióticos y antibióticos como la rifaximina también aparecen como terapias prometedoras para el manejo del SII.

Consejos

  • En los periodos sintomáticos del SII con dolor abdominal, diarrea, cefalea, insomnio y alteraciones emocionales, se desaconseja la conducción si los síntomas interfieren al volante.
  • En los viajes largos el paciente debe parar con frecuencia para descansar y relajarse, no debe comer conduciendo y debe respetar los horarios de comida y no tomar irritantes digestivos.
  • Con frecuencia estos pacientes abusan de laxantes, astringentes, espasmolíticos, y ansiolíticos o antidepresivos. Fármacos utilizados en el alivio de los síntomas del SII, pero se debe advertir de la somnolencia que producen algunos de estos medicamentos utilizados para disminuir la ansiedad que con frecuencia acompaña al cuadro clínico.
  • El café y las bebidas de cola que a menudo se toman para disminuir el sueño empeoran los síntomas del SII.

Enfermedad celiaca del adulto

La enfermedad celiaca (EC) es una intolerancia permanente al gluten del trigo, cebada y centeno en individuos predispuestos genéticamente, caracterizada por una reacción inflamatoria, de base inmune, que altera la mucosa del intestino delgado dificultando la absorción de macro y micronutrientes.

La prevalencia estimada en los europeos y sus descendientes es del 1%, siendo dos veces más frecuente en las mujeres. En España oscila entre 1/118 en la población infantil y 1/389 en la población adulta.

Los niños entre 9 y 24 meses presentan náuseas, vómitos, diarreas, distensión abdominal, pérdida de masa muscular y peso, fallo de crecimiento, laxitud e irritabilidad. Después de los tres años son frecuentes las deposiciones blandas, talla baja, anemias ferropénicas resistentes a tratamiento y alteraciones del carácter. En los adolescentes, en cambio, suele ser asintomática.

En adultos, la máxima incidencia se registra en mujeres entre 30 y 40 años de edad, aunque el 20% de los pacientes superan los 60 años en el momento del diagnóstico. Los síntomas más frecuentes son fatiga (82%), dolores abdominales (77%), meteorismo (73%) y anemias ferropénicas (63%). El estreñimiento está presente en el 10% de los casos, y frecuentemente son diagnosticados de síndrome de intestino irritable (30%). La dispepsia se presenta en el 1% de la población con biopsia positiva para la EC.

Existen manifestaciones extradigestivas que se derivan de los déficits de distintos nutrientes y vitaminas como la osteomalacia, osteopenia y osteoporosis son habituales (36%), incluso en ausencia de malabsorción, con el consiguiente incremento del riesgo de fracturas.

El tratamiento consiste en realizar una dieta estricta sin gluten de por vida, es decir, eliminar de la dieta aquellos alimentos que contengan trigo, centeno y cebada. En los primeros meses de tratamiento se recomienda evitar los productos lácteos, dado que suele coexistir una intolerancia secundaria a la lactosa, y además puede ser necesario añadir suplemento de hierro, calcio y vitaminas.

  • El conductor celiaco debe seguir una dieta estricta sin gluten para evitar la presencia de síntomas. Puede conducir si está asintomático.
  • El conductor debe ser consciente del efecto sedante que tienen algunos procinéticos y que pueden producirle sueño conduciendo, y si se encuentra muy molesto conduciendo, se recomienda que conduzca el acompañante, si es posible.
  • No es conveniente arriesgarse a tomar cualquier alimento en cafeterías o restaurantes de carretera, que pueden favorecer incómodos síntomas de dispepsia en el viaje, además de empeorar la enfermedad. Por ello en los viajes largos se aconseja llevar alimentos sin gluten, para consumir en las paradas que se realicen cada dos horas.
  • Los síntomas neurológicos que presentan algunos celiacos incapacitan la conducción.

Ocho señales que te indicarán si eres celíaco

La enfermedad celíaca afecta a un 1% de la población. GettyImages

Cómo descartar el celiaquismo:

  • Hacer un análisis serológico: la serología negativa anima a seguir analizando otros componentes para diagnosticar la enfermedad. De hecho, una proporción de pacientes con enfermedad celíaca, no expresan anticuerpos antitransglutaminasa en el suero.
  • Realizar un estudio genético: casi la totalidad de los pacientes celiacos son HLA-DQ2 o DQ8 positivos.
  • Un estudio genético negativo excluye casi totalmente la enfermedad celíaca, evitando con ello pruebas invasivas, incómodas y de mayor coste.

La enfermedad celíaca (o celiaquismo) es un padecimiento frecuente que afecta aproximadamente a una de cada cien personas, siendo más frecuente en las mujeres. Un porcentaje importante de pacientes (75%) están sin diagnosticar, de ahí la necesidad de llevar a cabo una búsqueda intencionada de síntomas o combinaciones sintomáticas que deberían suscitar la sospecha clínica.

Vivir sin gluten

Los celíacos son individuos genéticamente predispuestos a tener una intolerancia permanente al gluten del trigo, cebada, centeno y probablemente avena. Cuando esta intolerancia se presenta, se caracteriza por una reacción inflamatoria, de base inmune, en la mucosa del intestino delgado que dificulta la absorción de macro y micronutrientes.

Aunque, en ocasiones, los síntomas pueden ser atípicos o estar ausentes, los pacientes suelen sufrir pérdida de peso, pérdida de apetito, fatiga, náuseas, vómitos, diarrea, distensión abdominal, pérdida de masa muscular, retraso del crecimiento, alteraciones del carácter (irritabilidad, apatía, introversión, tristeza), dolores abdominales, meteorismo, anemia por déficit de hierro, todos ellos resistentes a tratamiento.

En cuanto al tratamiento, la Federación de Asociaciones de Celiacos de España recuerda que para controlar la enfermedad hay que hacer una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Esto conlleva una normalización clínica y funcional, así como la reparación de la lesión vellositaria.

El celíaco debe basar su dieta en alimentos naturales: legumbres, carnes, pescados, huevos, frutas, verduras, hortalizas y cereales sin gluten: arroz y maíz. Deben evitarse, en la medida de lo posible, los alimentos elaborados y/o envasados, ya que en estos es más difícil garantizar la ausencia de gluten.

Cuando la celiaquía se presenta, dificulta la absorción de macro y micronutrientes
La ingestión de pequeñas cantidades de gluten, de una manera continuada, ocasiona el deterioro de las vellosidades intestinales. Como consecuencia puede producirse un defecto de malabsorción de nutrientes (principios inmediatos, sales minerales y vitaminas) que conduce a diversos estados carenciales responsables de un amplio espectro de enfermedades.

Desde el punto de vista psicológico la persona celíaca no es diferente al resto de la población pero la información escasa, las dificultades para realizar correctamente la dieta o la falta de apoyo de la sociedad, pueden dar lugar a que algunos pacientes se sientan ansiosos y deprimidos.

Diagnóstico precoz de la celiaquía

Según la guía del Ministerio de Sanidad sobre el ‘Diagnóstico precoz de la enfermedad celíaca’, existen ocho señales que pueden ser de sumo interés para el diagnóstico precoz de la misma, que hemos recopilado aquí:

1. En el niño pequeño, los síntomas intestinales y el retraso de crecimiento, sobre todo si se acompañan de irritabilidad y anorexia, constituyen un cuadro clínico muy sugestivo de enfermedad celíaca.

2. En el niño mayor y en el adolescente, el hallazgo de un retraso de talla o de la pubertad, así como una ferropenia o una hipertransaminasemia sin otra justificación, obliga a descartar la existencia de enfermedad celíaca.

3. En los adultos, la presentación clásica de la enfermedad en forma de diarrea crónica con clínica de malabsorción es inusual, siendo más frecuente la presencia de síntomas poco específicos.

4. Hay que tener en cuenta que la probabilidad de padecer una celiaquía aumenta en determinados grupos de riesgo. Estos incluyen primordialmente a los familiares de primer grado, determinadas enfermedades autoinmunes (diabetes tipo I, hipotiroidismo, etc.) y algunas cromosomopatías como el síndrome de Down.

5. A menudo, el enfermo celíaco ha sido visitado por numerosos facultativos y sometido a diversas exploraciones complementarias, siendo etiquetado de un ‘trastorno funcional’. Los expertos aconsejan una atención especial para estos pacientes, en particular, si además refieren una historia de aftas bucales, astenia, irritabilidad o depresión.

6. La posibilidad de la enfermedad celíaca debe ser tenida en cuanta también en pacientes con saciedad precoz y dolor o ardor epigástrico (dispepsia dismotilidad o distrés postprandial, especialmente si asocian flatulencia, hinchazón y meteorismo). En estos casos, la sospecha de celiaquía en pacientes que sufren estos síntomas debe ser firmemente considerada cuando los síntomas son crónicos y recurrentes y no han respondido adecuadamente a un tratamiento empírico.

7. Los pacientes que padecen diarrea acuosa crónica e intermitente y que han sido catalogados de síndrome de intestino irritable (SII), deben ser revisados de forma minuciosa. La coexistencia de flatulencia o distensión abdominal, borborigmos y deposiciones mezcladas con abundante gas (‘explosivas’) obliga a considerar la posibilidad de una celiaquía, asimismo el estreñimiento crónico no es un síntoma excluyente de padecer la EC.

8. Además se debe valorar para un diagnóstico si las situaciones siguientes se producen sin explicación demostrable: las mujeres en edad fértil con ferropenia, infertilidad y abortos recurrentes; aquellos que presentan elevación de transaminasas; los que refieren una historia de fracturas ante traumatismos mínimos o una osteopenia/osteoporosis detectada antes de la menopausia o en un varón adulto joven.

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