Bulo whatsapp 2017

¿En qué podemos ayudarte?

  1. Aprende a identificar los mensajes reenviados

    La etiqueta «Reenviado» te ayuda a identificar si los mensajes que recibes los crearon tus amigos o familiares, o los creó alguien más. Cuando un mensaje se reenvía de usuario a usuario más de cinco veces, esto se indica con un ícono de una flecha doble . Asegurate de corroborar los hechos si no sabés quién es el autor del mensaje original. Para obtener más información sobre los mensajes reenviados, por favor, lee estos artículos.

  2. Ojo con las fotos y los archivos multimedia

    Los archivos de imagen, video y audio pueden ser editados para intentar engañarte. Corrobora los hechos de una historia a través de sitios de noticias confiables. Cuando una historia se publica a través de diversos sitios confiables, hay más probabilidades de que sea cierta.

  3. Presta atención a los mensajes que luzcan diferente

    Muchos de los mensajes y enlaces a sitios web que contienen bulos o noticias falsas suelen tener errores ortográficos. Presta atención a señales como esta al corroborar la información. Para obtener más información sobre mensajes falsos, lee este artículo.

  4. Mantén al margen tus propios prejuicios

    Adopta una postura crítica incluso ante información que confirme tus creencias preestablecidas y corrobora los hechos antes de compartir dicha información. Con frecuencia, las noticias que parecen inverosímiles suelen ser falsas.

  5. Las noticias falsas suelen viralizarse

    El hecho de que un mensaje se comparta muchas veces no lo hace cierto. No reenvíes un mensaje solo porque el remitente te lo pida. Si identificas algo que es falso, avísale a la persona que compartió la información contigo y anímala a que verifique la información antes de compartirla. Si constantemente recibes noticias falsas en un grupo o de un contacto, repórtalos. Para obtener más información sobre cómo reportar un grupo o a un contacto, por favor, lee este artículo.

  6. Corroborá la información con otras fuentes

    Si tienes dudas sobre la veracidad de un mensaje, haz una búsqueda en Internet de los hechos y corrobora la información en sitios de noticias confiables para identificar la fuente de la historia. Si todavía tenés dudas, tratá de informarte más consultando a personas confiables o a profesionales de la información.

Importante: Si crees que una persona se encuentra en peligro físico o emocional, por favor, contacta a tus autoridades locales. Las autoridades están equipadas para brindar asistencia en estos casos.

Empieza la fiesta de la democracia, tachán, tachán: cuatro meses de precampañas y campañas en las que Twitter, Facebook y WhatsApp serán el vehículo principal de la propaganda política y el foro de debates encendidos que amenazarán nuestra tarifa de datos, la longevidad de nuestras baterías, la paz familiar y amical, pero sobre todo serán un tablero en el que compitan hechos, opiniones, arengas, proclamas e invenciones descaradas que pondrá a prueba nuestra competencia digital y nuestra paciencia. Y algo sabemos de antemano, atención, spoiler: la gente mayor es la más intoxicada y la que más intoxica.

Eso hemos aprendido de las últimas elecciones en EEUU, pero sobre todo de las de Brasil, que hicieron presidente al ultra Jair Bolsonaro. Porque hoy ya sabemos que las posibilidades de que prenda la infección de la falacia son directamente proporcionales, por una parte, a la edad del usuario y, por otra, a la impermeabilidad del foro digital. Dicho de otro modo: los mayores son menos duchos en la verificación de los contenidos que difunden, y las redes cerradas, como los grupos de WhatsApp, son un humedal cenagoso donde engaños y embustes medran en un pegajoso ambiente de invernadero.

Los grupos de WhatsApp son un humedal donde los embustes medran en un ambiente de invernadero

La percepción política es territorio turbio. No depende solo de en qué meandro se echa la caña, sino de cómo se cocina lo que se pesca y de cómo se digiere lo que se cocina. Están ustedes rodeados de analistas que les dicen que vivimos en la “Era de las Fake News”, es decir, la edad de oro de las noticias falsas. Como si la mentira periodística se hubiera inventado ayer –“estos jovencitos y sus aparatos, ya sabía yo que solo podían traer disgustos”– y como si la revolución digital hubiera provisto autopistas para acelerar la invasión de los tanques de la mendacidad. Y no, en absoluto. Las autopistas son blancos fáciles para la aviación, que puede acribillar blindados a placer.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. (Leo Correa / AP)

Lo vemos en las redes sociales abiertas, como Twitter, donde las falacias gobiernan ufanas apenas unos minutos antes de caer víctimas de la lluvia de artillería de los desmentidos acreditados. La mentira, como el plagio, lo tiene peor que nunca en la era digital, donde no cuenta con bosques brumosos en los que guarecerse de miradas indiscretas hasta alcanzar sus objetivos. Dicho de otro modo, la Era de las fake news es un caso de fake news. Y un reclamo para vender libros apocalípticos. Que tengamos la impresión contraria es un mero efecto del sesgo del superviviente.

La era de las fake news es un caso de fake news y un reclamo para vender libros apocalípticos

Para ilustrar en qué consiste el sesgo del superviviente se usa a menudo la parábola de los cazabombarderos de la II Guerra Mundial. Cuenta esta alegoría –falsa o cierta es lo de menos, pues es elocuente al caso– que los ingenieros aliados estudiaron en detalle dónde recibían más impactos los aviones que incursionaban en los cielos enemigos con objeto de reforzar su resistencia al fuego antiaéreo. En lugar de robustecer las zonas del fuselaje más castigadas, blindaban el resto del avión. La explicación es sencilla: los datos sobre impactos se tomaban obviamente de aviones que volvían, es decir, que no caían en combate. De aviones que habían resistido el fuego enemigo, no de los que habían sido derribados. Si tantos aparatos concentraban el fuego en esas zonas y aún así regresaban con bien a la base, cabía suponer que los que no volvían eran los que recibían los impactos en el resto de las áreas. O viceversa, si quieren: que los que no volvían quizá tuvieran impactos en las áreas que en los supervivientes estaban intactas. En la más cauta de las interpretaciones, al menos cabía colegir que la muestra de impactos tenía un sesgo: el de los supervivientes.

Este sesgo aplica a muchos casos que nos rodean, por ejemplo, en la creciente incidencia de enfermedades relacionadas con la edad avanzada y cuya presencia era mucho menor cuando la esperanza de vida era más corta. Como todo sesgo, sirve para poner los datos disponibles en entredicho porque supone que una parte de las evidencias están invisibilizadas: sean los impactos de los aviones caídos o la frecuencia de enfermedades de la ancianidad en épocas en las que muy pocos humanos la alcanzaban. Y opera para las falsedades e infundios de la era digital, pues en la analógica medraban bajo los árboles, indetectables, y hoy avanzan a la vista de la aviación, atravesando las grandes autopistas. No hay más tanques pero se ven muchos más tanques.

En la era analógica, las mentiras prosperaban indetectables, como ilustra ‘El protocolo de los sabios de Sion’

Sobre la condición endémica que antaño tenían las mentiras, baste recordar el caso de Los protocolos de los sabios de Sion a cuya génesis dedicó Umberto Eco (1932-2016) la novela El cementerio de Praga. Se publicaron por primera vez en la Rusia zarista, en 1903, bajo la pretensión de que eran una transcripción de los diálogos de viejos sabios judíos, donde revelaban su plan de dominación mundial, una conspiración planetaria e inveterada para someter a todas las naciones. Por supuesto eran una falacia antisemita para justificar la persecución de los hebreos y los pogromos. Sin embargo, la supuesta conspiración judeomasónica que desvelaban no solo justificó las razias antisemitas rusas de entonces, sino que Los protocolos… reapareció como documento veraz en la Alemania nazi y la conjura que denunciaba aún era argumento recurrente del gobierno franquista español (entre otros) hasta los años setenta. Más de siete décadas, la vida entera de un humano, sin que los intentos por desmentir ese burdo infundio prosperasen. Ese es el mundo del que venimos.

El escritor y filósofo italiano Umberto Eco. (Àlex Garcia)

Aunque Twitter tiene, como Facebook, un código de uso y suspende cuentas cuando entiende que se han infringido las normas –una política de contenidos en cuyos criterios muchos han visto un sesgo político reaccionario–, lo cierto es que en la red del pajarito es donde el problema con la intoxicación informativa es menor, dado que son los propios usuarios los que contrastan las informaciones y las desmienten rápidamente, amén de que operan de forma eficaz servicios de contraste (fact-check) como los españoles Newtral o Maldita.es, que someten a revisión las informaciones que corren por las redes y denuncian los bulos. Es más, Twitter no solo actúa contra las mentiras difundidas en la propia red, sino como mecanismo de verificación de las informaciones que difunden los medios de comunicación digitales y audiovisuales, y de invenciones que circulan por otros canales. Visto de ese modo, Twitter no solo no es un espacio digital fecundo a la mentira sino que acaso se esté convirtiendo en su mayor enemigo.

Twitter se ha convertido en el mayor enemigo de la mentira digital por la velocidad de los desmentidos

El caso de Facebook es muy otro. Primero, porque no es una red abierta, sino que cada usuario puede elegir quién accede a los contenidos que difunde. Segundo, porque su debate no es un intercambio horizontal sino vertical: la información difundida en un muro ocupa una oposición jerárquica respecto a los comentarios de otros participantes, al revés de lo que ocurre en Twitter, donde la conversación es igualitaria y la única jerarquía es el número de seguidores. Y en tercer lugar, porque los datos que facilitamos a través de Facebook, y que son utilizados para dirigir la publicidad que recibimos, pueden usarse y se usan con intenciones políticas. La empresa Cambridge Analytica fue suspendida por Facebook después de probarse que empleó datos de los usuarios para mejor difundir bulos y propaganda de la campaña presidencial: Cambridge Analytica se había hecho con una base de datos de Facebook en 2014 con supuestos fines académicos, y la empleó en 2016 para orientar mensajes políticos en favor de Donald Trump a público susceptible de ser influenciado en su voto. Esta técnica se empleó de nuevo en idéntico sentido en el referéndum británico del Brexit, como narra la espeluznante película Brexit: The Uncivil War (2019), de James Graham.

Facebook está preocupado, y según publicó esta semana El Confidencial , ha organizado reuniones discretas con los responsables de comunicación y redes de los principales partidos para pedirles juego limpio. Pero la ronda no ha concluido en nada: ni Facebook ha anunciado mecanismos para controlar la difusión de información tendenciosa durante las campañas que nos vienen, ni los responsables de los partidos han alcanzado ningún compromiso claro.

La nueva Ley Orgánica de Protección de Datos, publicada el pasado 5 de diciembre en el BOE, incorpora un polémico artículo que permite a los partidos recabar datos de ideología política de los usuarios de redes y vehicular hacia ellos propaganda política no solicitada, incluso de forma directa a sus cuentas de WhatsApp y sin conocimiento previo. Es decir, legaliza comportamientos como los de Cambridge Analytica. Algunos ciudadanos ya han denunciado la recepción de propaganda no demandada. Incluso en menores. El Defensor del Pueblo ha interpuesto un recurso ante el Constitucional. Con la anterior ley, este comportamiento era ilegal: solo se podía añadir a un ciudadano a un grupo de difusión de WhatsApp si lo había pedido explícitamente.

¿Pero por qué ese menudeo, esa mensajería al por menor, dirigiéndose a cuentas individuales de WhatsApp en lugar de emplear redes de difusión en principio más amplias como las que ofrece Facebook o Twitter? Pues precisamente porque las redes de mensajería personal son impermeables al contraste de los mensajes que difunde. Un grupo familiar, un grupo de amigos, o un grupo de padres, en WhatsApp, solo está sometido al contraste de sus miembros. Y muy pocos, sobre todo si no son nativos digitales, someten la información que reciben a un contraste abierto, un proceso por lo demás tan fácil como buscar esa misma información en Google. WhatsApp es el vivero de las mentiras. La impregnación es tal que una y otra vez reaparecen en este servicio de mensajes digitales infundios y bulos que hace años desaparecieron de las redes abiertas, ya sean falsas advertencias policiales sobre estafas o los muy habituales bulos políticos sobre inmigración y servicios sociales.

En las aplicaciones de mensajería reaparecen bulos que hace años desaparecieron de las redes abiertas

La edad media es más alta entre quienes solo usan WhatsApp y Facebook respecto a los que emplean además Instagram o Twitter. Los estudios practicados revelan que ese supuesto temor al uso que los más jóvenes hacen del ágora digital, en realidad deberíamos dirigirlo a los más mayores, porque los nativos digitales son mucho más duchos en detectar bulos y mucho más escépticos con lo que reciben que sus mayores. No solo hay una razón de competencia tecnológica, también de solidificación de las ideas: los adultos son más propensos a incurrir en el sesgo de confirmación, es decir, considerar solo aquellos contenidos que ratifican lo que ya piensan, ideas que han ido conformando y afianzando durante años, y por tanto los más reacios a cambiar de parecer. Dicho de otro modo, son menos propensos a verificar mínimamente cualquier mensaje, por inverosímil que sea, que confirme un prejuicio.

Los mayores son más propensos al sesgo de confirmación y a creer bulos que confirmen lo que ya piensan

Con 200 millones de usuarios, India es el país con más clientes de WhatsApp. Las elecciones estatales de Karnataka, en mayo del año pasado, fueron rebautizadas como “las primeras elecciones de WhatsApp” y en ellas se experimentó por primera vez la difusión de mensajes políticos mediante esta aplicación de mensajería instantánea. Por supuesto, también se detectaron innumerables embustes. Ante las inminentes elecciones nacionales de 2019, se prevé un aluvión de desinformación en este canal. La propia compañía propietaria de la aplicación ha lanzado una campaña pidiendo a sus usuarios que difundan “alegría y no rumores”, e incluso ha modificado los menús de uso para que el reenvío de mensajes sea menos automático, pero nadie da un duro por que estas medidas vayan a mitigar lo que viene.En un ambiente de inflamación nacionalista por el enconamiento del endémico conflicto con Pakistán, las mentiras corren como la pólvora, y ya se han registrado varias decenas de asesinatos relacionadas con la difusión de bulos sobre el secuestro de niños.

En Brasil, donde 120 millones de personas usan WhatsApp, la sorpresa con que se encontraron los científicos sociales fue que las noticias falsas eran desmentidas una y otra vez en redes abiertas, pero eso no limitaba su vida ni alcance en las redes privadas o cerradas. Los infundios eran tan de trazo grueso que cuesta creer que tuvieran eco, pero lo tuvieron: desde falsas agresiones de seguidores de Lula da Silva a votantes de Bolsonaro, hasta conjuras comunistas y/o homosexuales para violar a niños en masa. Al lado de estas informaciones, El protocolo de los sabios de Sion resulta casi verosímil.

En España, los bulos son similares, y el anticatalanismo, la xenofobia y el machismo son los principales materiales que vuelan por estas redes. Aunque no hay trabajos de campo amplios por la condición casi clandestina e indetectable de las informaciones que se mueven por WhatsApp, algunos consultores, como Juan Ferrer, de Consensualia, han hecho microestudios en grupos reducidos con conclusiones preocupantes: “WhatsApp es un canal sin control de contenidos (como hasta hace poco Facebook o Twitter) lo que lo convierte en un terreno abonado para las fake news. (…) Fortalece el efecto burbuja instalando microclimas de opinión. El acceso al contenido vía conocido hace que haya un cuestionamiento laxo sobre la verosimilitud”.

“WhatsApp fortalece el efecto burbuja instalando microclimas de opinión”, sostiene el analista Juan Ferrer

A pesar de lo limitado de las muestras disponibles, lo cierto es que hay una coincidencia con lo que nos han enseñado las campañas de Brasil, India o Estados Unidos: “Los mensajes críticos a temas afines al progresismo van socavando las opiniones favorables e introduciendo los enfoques reaccionarios. Trabajan sobre la relativización del tema consiguiendo desplazamientos sutiles “estoy a favor de los refugiados pero no podemos acoger a toda Africa”. En la mayoría de las ocasiones se basan en informaciones erróneas o directamente falsas”, explica Ferrer.

Para la mentira aplica el mismo principio que para la violencia machista o las violaciones: no hay más casos que hace veinte años, hay más denuncias y por eso la estadística crece. Porque el mundo se ha transparentado, enseñando sus vergüenzas. En esos nuevos espacios abiertos, donde no hay fronda en la que ocultarse, los promotores de los infundios buscan matorrales por los que avanzar ocultos. Ese monte bajo son las redes privadas o semiprivadas. La alt-right ya ha elegido su campo de juego en todo el planeta. Estén atentos a su móvil. Y al de sus mayores.

La Guardia Civil alerta sobre el bulo del logo azul de WhatsApp

Cuidado si recibes este engañoso mensaje con instrucciones para evitar que te cobren por usar la aplicación

LAS PROVINCIASValencia Jueves, 21 noviembre 2019, 01:15

WhatsApp vuelve a protagonizar otro de los peligrosos bulos que circulan por las redes. Esta vez, la Guardia Civil ha alertado sobre el regreso de este engaño, que se presenta bajo una fórmula distinta pero recurrente.

Cuidado si has recibido un mensaje en tu smartphone, en el que se advierte de que la aplicación pasará a cobrar un coste de 0,01 euros por cada mensaje enviado. Además, el texto asegura que si reenvías el aviso a otros diez contactos el logo de la app se volverá azul en tu pantalla y podrás seguir utilizando WhatsApp de forma gratuita.

«El sábado WhatsApp será facturado. Si tienes al menos 10 contactos enviales este mensaje. Así verán que eres un asiduo utilizador y tu logo se volverá azul y quedará gratuito. Se ha hablado de ello hoy en la prensa. WhatsApp costará 0,01 euro por mensaje. Envía este mensaje a 10 personas. Cuando lo hagas la luz se volverá azul de lo contrario WhatsApp activará la facturación», dice el texto.

Puede que el mensaje incluso te sea familiar, ya que este engaño lleva circulando por la aplicación desde hace varios años. La Guardia Civil ha recordado a través de su Twitter que no hay que reenviar la cadena para evitar la difusión del bulo:

Guardia Civil 🇪🇸 (@guardiacivil) November 19, 2019

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| España

El pasado 4 de octubre, la ONG realizó un llamamiento para alcanzar el máximo número de visitas durante ese día, con el fin de lograr un premio económico de Fundación Telefónica que ayudase a mejorar la calidad de vida de los niños y jóvenes con cardiopatías congénitas. En esas 24 horas, se alcanzaron las 60.000 reproducciones que ascendieron a las 285.000 visitas en 72 horas, según destacan tanto la ONG como Fundación Telefónica en sus páginas web.

En el cuento ‘Pequeños Corazones Rotos’, de apenas dos minutos de duración –disponible en ‘http://www.youtube.com/watch?v=OM5e6G9KaAY’–, la actriz Ana Fernández hace un llamamiento «a ayudar haciendo que nos vean» por lo que pide compartir el vídeo para ayudar a sensibilizar sobre este problema, al tiempo que «da las gracias de corazón».

El objetivo marcado desde un inicio era el de superar las 4.000 visualizaciones de los seis vídeos que los voluntarios de Fundación Telefónica habían producido sobre otras seis ONG para dar a conocer su mensaje y sensibilizar a la sociedad, con motivo del Día Internacional del Voluntario Telefónica — el pasado 4 de octubre–.

Las ONG elegidas fueron Asturias Acoge (atención a inmigrantes), ELA Andalucía (ayuda a personas con esta enfermedad), Autismo Sevilla (atención a personas con TEA), Fundación Balia (atención a jóvenes y niños en riesgo de exclusión social), Disprat Lleure (atención a niños y jóvenes con discapacidad física y psíquica) y Fundación Menudos Corazones (apoyo a niños con cardiopatías congénitas).

Todos superaron ampliamente el reto de las 4.000 visitas, pero el de Menudos Corazones superó todas las expectativas y logró en 24 horas más de 60.000 visualizaciones, según indica Telefónica. La viralización del vídeo fue en aumento a medida que numerosas personalidades de la música, la política, la televisión o el deporte difundieron el enlace del ‘spot’ en sus redes sociales.

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