A rio revuelto

Significado de A río revuelto ganancia de pescadores

Qué es A río revuelto ganancia de pescadores:

“A río revuelto, ganancia de pescadores” es un refrán popular que se refiere a aquellas personas que suelen sacar provecho de las situaciones de caos o desorden. Como tal, es un dicho de origen español, muy extendido en España y América.

El refrán, en este sentido, hace referencia a una situación real: cuando las aguas de un río se encuentran revueltas es cuando más pesca se puede sacar. Así, traza un paralelismo con los momentos de confusión, cambios o desavenencias, de los cuales hay personas que tienden a aprovecharse.

La frase puede interpretarse, por un lado, como una advertencia sobre las personas oportunistas que sacan beneficios de los males ajenos. Desde otro ángulo más positivo, el refrán también puede verse como un dicho que muestra que en toda situación adversa siempre existe alguna oportunidad de provecho.

Por ejemplo, una ciudad queda aislada por un derrumbe y durante semanas ninguna mercancía nueva llega para abastecer los supermercados. Algunos, adelantándose a los hechos, compran una gran cantidad de mercancías y la reservan. A la vuelta de un tiempo, los productos comienzan a escasear en el comercio, y aquellos que compraron y almacenaron mercancía al principio del asunto, la ponen a la venta al triple del precio original, sacando beneficios económicos enormes de esta situación. Son pescadores en río revuelto.

De este refrán, también nace la expresión “pescar en agua turbia”, que se refiere a que es el momento propicio para para hacer o ejecutar algo.

Existen algunas variantes de este dicho, como “a río vuelto, ganancia de pescador”, “a río revuelto, provecho de pescadores” o “en río revuelto, pesca abundante”.

En inglés, el refrán tiene una sentencia parecida que reza: “It’s good fishing in troubled waters”, que puede traducirse literalmente como “está bien pescar en aguas revueltas”. Como se ve, su versión inglesa es más positiva con respecto a las oportunidades que aparecen en los momentos de caos y confusión.

Pescar es una actividad tan vieja como la relación del ser humano con los ríos, lagos y mares. Atrapar peces para comer ha sido desde tiempos inmemoriales un asunto de subsistencia para la mayoría de la gente que habita cerca de ellos. Por supuesto, en algún momento la pesca se convirtió también en actividad de ocio e, incluso, deporte. Arrojar el anzuelo cargado con buena carnada desde la orilla y esperar pacientemente sentir el tirón en la caña es una imagen que se repite una y otra vez en cada orilla donde la tierra pierde su forma y desciende y se corta dando paso a las aguas. La imagen idealizada de ese grupo de pescadores arrastrando sus redes o de esas pescadoras metidas en el agua hasta la cintura con sus cestas son imágenes conspicuas que construyen una mirada romántica de la relación entre el ser humano y el agua. Pero la realidad es muy otra. Sobre todo en el noroeste mexicano.

Relaciones abre su volumen 39 justo con el tema complejo de la pesquería, la política pesquera, el desarrollo socioeconómico y su impacto en el medio ambiente teniendo como marco los litorales del noroeste mexicano. No es un tema sencillo como tampoco lo es su abordaje. Por ello, nuestra sección temática resulta tan rica en términos no sólo de análisis de una realidad actual sino como propuesta metodológica interdisciplinaria. Relaciones, diálogo entre cada uno de los artículos que la componen pero, también, diálogo al interior de cada uno de los trabajos aquí reunidos por Nemer Narchi con la colaboración de Micheline Cariño. Se trata de un diálogo entre antropología e historia, pero también entre ecología y política, entre biología y sociología. Porque no solamente se trata de entender una situación compleja donde están imbricadas diversas realidades que van desde la vida misma de las comunidades de pescadores, que no han tenido otra opción de subsistencia que el mar en el contexto de litorales donde priva un ecosistema desértico, hasta las políticas públicas y la acción del capital que inciden en el desarrollo y la conservación del entorno.

Para abrir boca, el texto de Micheline Cariño y Mario Monteforte nos pone de lleno en un problema muy particular que, al paso de la lectura, comprenderemos como ejemplar. La pesca de ostras perleras ha experimentado cambios radicales si vemos esta actividad en la larga duración. No nos habíamos dado cuenta de que su explotación es un fenómeno equiparable al de la explotación minera que tantos debates ha levantado en los años recientes pues afecta, de manera global, las relaciones entre seres humanos y medio ambiente. Aquí, el equilibrio entre una mirada histórica y una mirada desde las ciencias biológicas nos da la clave. Lo mismo sucede con el texto dedicado a la pesca del abulón y erizo de Álvarez, Delgado, Espejel y Seingier, en el que nos percatamos de las posibilidades alternativas de organización social que permiten un manejo sostenible del medio ambiente. El trabajo de Torre y Fernández hace eco al analizar los modos de organización de la sociedad en diálogo con las políticas, haciendo énfasis en el problema del medio ambiente. Lo mismo sucede con los trabajos de Cisneros-Montemayor y Cisneros-Mata; y el de Jiménez, López-Sagástegui, Cota y Mascareñas. Cierra la sección un excelente trabajo sobre el horizonte que nos depara, en general a la sociedad y a la economía ante el desarrollo: el ocaso de la abundancia, de Narchi, Domínguez y Rodríguez.

La sección documento está a cargo de Medina, quien nos presenta un croquis muy temprano de la catedral de Mérida localizado en un pleito sobre sepulturas.

La sección general está compuesta por cuatro trabajos que nos llevan al pasado. García y Trejo abordan las interrelaciones entre los grupos indígenas sonorenses y el gobierno a mitad del siglo XIX y los problemas de intermediación. Jullian se enfoca al desarrollo de una comunidad de personas con otras capacidades en un contexto local: los sordos en Morelia. Echeverría nos regresa, con una etnohistoria fina, al pensamiento nahua de finales del siglo XV. Finalmente, Punzo analiza la iconografía de los grabados rupestres de Valle de Guadiana.

A partir de enero de este año se suma al equipo editorial el Dr. Nemer E. Narchi como secretario de redacción. Tenemos la seguridad de que su experiencia editorial y perfil interdisciplinario será de mucho apoyo a la revista.

Víctor Gayol

A río revuelto, ganancia de pescadores

Los medios tiene la intención de atosigarnos con tanta información sobre la corrupción para, por un lado, hacernos sentir parte del mal y forzarnos a formar fila entre los buenos o los malos; y por otro lado, señalar su neutralidad frente a la problemática de la corrupción entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Los medios de comunicación, aceptando el apelativo de “cuarto poder”, juegan su propio partido, alejados en muchos casos de sus principios y propósitos originales: informar, educar, transmitir, entretener, formar, opinar, enseñar.

En tanto los profesionales debemos estar siempre comprometidos con la verdad, la justicia social, el respeto a los derechos humanos y la paz social, resulta oportuno recordar algunos artículos del Código de Ética de la Federación de Periodistas del Perú, para entender o juzgar el accionar de los medios de comunicación:

2) Ajustarse a la más rigurosa veracidad en el trabajo, ser honestos y fieles cumplidores de la difusión de la verdad: brindar una información completa que permita al pueblo orientarse correctamente sobre el acontecer económico, social, político, científico, cultural y deportivo.

14) El periodista tiene el deber de proceder en todos sus actos con honor, velando por la dignidad de su profesión… Está obligado a ser leal y consecuente con los principios y aspiraciones de su pueblo, de la comunidad y de la familia.

La pregunta que surge es si en verdad la información nos está llegando con la “limpieza” que amerita tratar un tema de suma importancia para la colectividad y el país. O se viene manipulándola con fines nada santos, ligados a intereses de sectores o grupos comprometidos con la corrupción que tanto detestamos.

Una mirada a tres fragmentos de opiniones de comunicadores o periodistas puede servirnos de ejercicio para tener una idea aproximada a lo señalado:

“El sistema judicial ha sido acorralado con unas interceptaciones telefónicas, su objetivo: manipularlo en casos de interés político y justificar su intervención a través de las reformas constitucionales impuestas al Congreso y por un seudo referéndum a una población engañada por la prensa comprada, lo que les permitirá nombrar jueces y fiscales pro dictadura”(1).

“…Así las cosas, queda claro que la izquierda está buscando aprovechar la actual turbulencia política para tratar de propinarle golpes a un viejo enemigo y, al mismo tiempo, buscar una nueva configuración parlamentaria y competir por el sillón de Pizarro”(2).

Cuando Martín Vizcarra declara que el Estado que él conduce no se dedica a la persecución política, hay que creerle. ¿Pero es esa la única fuente posible para este tipo de persecución? Quizás el contexto del pedido de asilo de García no es el mejor momento para hacerlo, pero el concepto mismo toleraría ser repensado a la luz de la baja calidad de la democracia peruana” (3).

Ciertamente que la crisis tiñe a todos y en este caso concreto, esperamos equivocarnos al afirmar que el periodismo y con ellos, los medios de comunicación, por su importante influencia que tienen en la sociedad, en la opinión pública y en los gobiernos —salvo honrosas excepciones— estén o se hayan convertido en un sistema donde la desinformación esté orientada a la obtención de beneficios por encima del cumplimiento del bien social.

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